El Correo de las Indias

Una vida interesante

Grupo Cooperativo de las Indias

Natalia Fernández

Natalia Fernández 466 ~ 2 de septiembre de 2014 ~ 0

Cuando reconstruir es una opción vital

Si los pantanos hablaran, nos transportarían a una España rural que en los años 50 decidió evacuar centenares de poblaciones para poner en marcha el «Plan Hidrográfico Nacional». Sobre aquellos pueblos inundados hay preciosos posts y fotografías, historias mágicas de repiqueteo de campanas en fechas señaladas y otras leyendas populares nacidas a partir de la nostalgia y la deificación pagana de la tierra.

Iglesia sumergida en el embalsePero la historia de hoy es sobre los que se salvaron en el último momento, aquellos que a pesar ser clasificados como inundables, no llegaron a ser alcanzados por la subida de aguas. Despojados de población, los matojos crecieron al ritmo de las grietas en los tejados y fachadas. En poco tiempo, esos pueblos pasaron a ser la imagen de la desolación. Cayeron en el olvido administrativo hasta que comenzaron a ser un problema. ¿Qué se podía hacer con todos esos sitios en ruinas, que podían suponer un peligro y hasta un coste para el Estado?

Calificados como dominio público, en los años 80 el gobierno comenzó a negociar la cesión de su uso durante un periodo limitado (sobre 50 años) a cambio de su rehabilitación y repoblación. En ese momento, organizaciones sindicales se hacen cargo de varias localidades, hoy convertidas en centros vacacionales, escuelas o centros de producción artesanal.

Modelos comunitarios para diferentes estilos de vida

Lakabe
En las proximidades del embalse de Gabriel y Galán, en Extremadura, se encuentra Granadilla. Por su patrimonio artístico, fueron los organismos públicos los encargados de su rehabilitación y modelo de revivificación. Se optó por su transformación en una escuela taller, en la que jóvenes de diferentes puntos de España aprendían un oficio y disfrutaban de una experiencia de contacto con la vida rural.

Una experiencia completamente diferente la encontramos en Navarra, en las cercanías del embalse de Usoz. Lakabe fue ocupado en la década de los 80 por un pequeño grupo de jóvenes que buscaban vivir en contacto con la tierra en un ambiente aislado y austero. A lo largo de este tiempo, la comunidad ha crecido hasta convertirse en uno de los principales referentes del movimiento ecoaldeas.

RuestaBajo un enfoque libertario, la CGT comienza la recuperación de Ruesta, en el corazón románico de Zaragoza, a la orilla del pantano de Yesa. Concebido como un espacio social creativo donde se celebraban conferencias, congresos de contenido social y artístico, hoy están en proceso de transformación hacia ecoaldea. Morillo de Tou, en el pirineo aragonés, en las inmediaciones del embalse de Mediano, fue rehabilitado con fines turísticos y rurales por CC.OO. Su modelo económico se basa en la oferta de servicios y actividades como centro de vacaciones de turismo activo.

Ligüerre de CincaMuy cerquita, se encuentra Ligüerre de Cinca, expropiado para construir el embalse de El Grado. El proyecto a cargo de UGT, comenzó bajo la fórmula cooperativa con menos de una docena de personas, cuyo fin era la reconstrucción del pueblo para su uso como centro vacacional. A día de hoy, han desarrollado una oferta sofisticada y de calidad, han recuperado los viñedos y cuentan con bodega propia, spa con enoterapia, hotel para eventos y paquetes personalizados, pudiendo llegar a albergar hasta a 800 personas en las épocas de vacaciones.

Construir la propia vida

Son aventuras comunitarias que han supuesto esfuerzo en común, duro trabajo hasta alcanzar un modelo económico sostenible y compromiso con el entorno. Cada uno de estos ejemplos ha consolidado una comunidad y ha construido diferentes modelos de vida para sus miembros.

Son ejemplos radicales de ese pensar la propia vida como una opción integral a la que podemos dar forma desde abajo con los nuestros, generando una economía compartida a base de hacer y vender cosas valiosas para los demás.

Un camino que vuelve a reclamar protagonismo tras siete largos años de crisis. A muchos les moverá la necesidad de encontrar alternativas, a otros una opción vital, una conversación en marcha, o ambas cosas. Tal vez solo sean experiencias marginales en una economía que está a otra. Tal vez sean los nuevos colonos de un campo cada vez más vacío e improductivo.

Pero lo que es cierto, es que aquella primera generación de pueblos recuperados, aquellas personas que hicieron de reconstruir su opción vital, nos muestran cómo pequeñas comunidades de personas decididas y comprometidas con un modo de vida, pueden tornar el abandono en vitalidad, las ruinas en hogares y la inactividad en riqueza compartida.

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las Indias 1003 ~ 1 de septiembre de 2014 ~ 0

Lecturas interesantes del 1 de septiembre de 2014

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2147 ~ 31 de agosto de 2014 ~ 0

Continúa el curso… de los acontecimientos

remolcador de alturaComo sabes muy bien, porque tienen lugar en tu casa, las meriendas intelectuales continúan y su preparación va encontrando su formato definitivo que, casi invariablemente, te cuento ahora, acaba como aquella primera vez, cuando después de cenar, Lourdes y yo tomamos un taxi para volver a su casa. Me temo de todas formas que tu intención, Esperanza, no se ha cumplido del todo. Son noches muy satisfactorias y también muy discretas porque los jueves Lourdes da libre al servicio hasta la mañana siguiente y el mismo taxi que nos llevó hasta su casa está en su puerta a una hora muy temprana para devolverme a la casa donde vivo en el centro con mis padres y ese niño que crece en un ambiente lleno de amor pero sin una madre y con un padre que no le dedica el tiempo que sería conveniente dedicarle. No me pesan las clases, pues el teatro que conllevan es justamente la razón de la elección de profesión que hice un día, como seguramente sospechas. Tampoco me llevan mucho tiempo las meriendas intelectuales ya regularizadas y, de hecho, es posible que dentro de poco tiempo surtan el efecto que la Universidad buscaba y podamos entronizar la primera cátedra subvencionada con una dotación que muy bien podría servir para atraer a la Ciudad, y concretamente, a la Facultad donde presto mis servicios, a alguien de cierta fama intelectual. Lo que me pesa, y mucho, es la mala conciencia que arrastro en relación a la educación de mi hijo y el poco tiempo que dedico a esa cuestión, como si pensara que un padre solo es necesario a una edad un tanto más avanzada. Y nada me extrañaría que mi propio padre no tenga para mucho tiempo, pues su Parkinson se agudiza y algunas de sus funciones vitales se resienten, lo que resta a mi madre capacidad de atención para cuidar de mi hijo.

Todo esto puede durar largo o precipitarse en lo inmediato y esto no puede ser predicho. Pero mientras tanto, me gustaría que tú y yo fuéramos capaces de hablar con franqueza. Tenemos que cerrar un círculo que comenzó a formarse hace ya bastantes años y que, con una interrupción muy larga, nos ha traído otra vez uno al lado del otro. Tu amiga Lourdes no va a arrancarme el deseo de que seas para mí algo más que la organizadora de unas meriendas intelectuales más o menos interesantes pero también tontamente rutinarias. Quiero cerrar esta gestalt y para ello tengo que hacerte el amor, pues nada menos íntimo calmará mis ansias, esas ansias que creo que están en el origen de esta manera mía de vivir, que empieza a resultar un poco excesivamente aleatoria para un hombre de mi edad. Ya sé que ni quieres ni puedes alejarte de tu familia, especialmente de tus hijos, pero no creo que tu marido te necesite tanto como sospecho que tú piensas. La división del trabajo que practicáis, con su correspondiente especialización, puede durar toda la vida, e incluso puede ser cierto que dentro de muchos años os felicitéis por haber elegido esa forma de vida. Pero ahora mismo pienso que tú necesitas algo que ni tu familia ni tus periódicas preocupaciones intelectuales complementadas con lecturas que me consta realizas, sean suficientes para que seas feliz, realmente feliz.

Hagamos una prueba, una escapada discreta, y hablemos después. Doy por descontado que no tengo manera de arrastrarte conmigo y pienso que, aun si la tuviera, no debería hacerlo, pues tu marcha podría hacer mucho daño a mucha gente, incluida tu misma. No se te ve una cara radiante, pero sí lo suficientemente sonriente como para poder pensar que estás contenta. Pero yo no lo estoy por razones obvias que no tengo que explicarte. Quiero tener la oportunidad de poder comentar largo y tendido una vez satisfecho el deseo, cómo nos conocíamos, de qué manera yo te perseguí para coincidir contigo en el autobús cruzando yo la ría y cómo más adelante nos seguimos encontrando diariamente, tal como recuerda Lourdes. También sé que luego las circunstancias de mi vida me llevaron por caminos raros de los que no me arrepiento y de los que me gustaría hablarte, pues nadie que no seas tú me va a entender. Quiero que nos pongamos al día de nuestras andanzas durante esos años. Que me cuentes tus amoríos y si alguna vez te acordaste de mí. Y yo quiero contarte mi extraña relación con Machalen, de la que nunca te he hablado, y que creo no se va a romper nunca. Sí, esa directora de orquesta de nuestra Cuidad de la que quizá hayas oído hablar y con la que sigo teniendo una relación a distancia llena de pompas de jabón que nuestras cartas mantienen en el aire cualquiera que sean las circunstancias. Viví dos años con ella, dos años llenos de verdad y también de sexo, pero de un sexo distante, si esto tiene algún sentido y no es una mera frase vacía.

Entiendo que lo que te estoy proponiendo es hasta grosero y que entendería si me dieras un bofetón y me echaras de las meriendas intelectuales. Pero dime de verdad si crees que eso cerraría la herida o sería solo como taparla una con una simple tirita pensada para rasguños poco profundos. Entre tú y yo siempre ha existido el malentendido de la clase social. Yo soy para ti un poco fiable hombre de la margen izquierda, viajado, eso sí, pero de una clase que tuvo que dejar de veranear en la margen derecha y que, por razones que quizá te han hecho ver, no pertenece a ningún club de gente bien y, lo que es peor, que parece no querer pertenecer ni a esos clubes ni a nada. Pero si te explico mi caso estoy seguro que muchas de tus pretendidas convicciones se derrumbarán y tú y yo podemos por fin trabajar codo con codo para dejar que corra el aire y que no solo se olviden las diferencias, sino que se haga de ellas un caldo de cultivo de donde nazca una nueva cultura que cambie la Ciudad y permita que nuestros hijos sean libres y capaces de ser dueños de su destino. No importa lo que quieran ser profesionalmente, pueden ser estibadores de nuestro puerto, médicos, abogados, arquitectos, filósofos o incluso curas, pero tienen que ser ellos mismos y no lo que una sociedad amedrentada quiera para ellos. Su desarrollo personal no puede estar condicionado por los señores de la Ciudad de los que dependan, y para que esto sea posible es necesario que por la bocana del puerto sigan entrando, junto con la carga del hierro necesario, algunas ideas frescas, incluso si para que lleguen hay que salir a buscarlas a bordo de un remolcador de altura.

Déjame contarte por qué razón yo me tengo como uno de los patrones de esos remolcadores, un miembro de una sociedad secreta sin listas de entrada ni de salida que comparte con otros de esos patrones la misión por nadie encomendada de superar diferencias y de no permitir las condenas sociales que o bien hacen sufrir lo indecible o acaban formando personalidades rebeldes que, sin causa alguna, prefieren ir a la contra de todo. Todo esto es muy importante para mí y pienso que tú lo vas a entender a la primera, aunque no creo que no lo entiendas ya. Creo más bien que en tu vida has alcanzado un arreglo suficiente para ser razonablemente feliz. Pero mira a tu amiga Lourdes. Ella no es feliz a pesar de todas las cesiones que se obligó a hacer, su sonrisa es triste incluso en la cama. Y la razón de su tristeza no es ni de lejos la que ella se cuenta a sí misma. Se trata más bien de la imposibilidad de mirar de frente a estas cosas que te estoy contando. Los tres podríamos fundar nuestro seminario secreto y definir las materias a tratar de la manera que deseáramos. Piénsalo, Esperanza y el jueves hazme una seña. Y si te parece que ese día está lejos, déjate ver. Tú sabrás cómo. Yo, por mi parte, creo que tengo que estar en casa haciendo que mi padre me sienta cerca, pues pueden ser nuestras últimas miradas de cariño y complicidad. Quiero que sepa que de su silencio hizo surgir en mi la locuacidad que algunos me atribuyen.

las Indias

las Indias 1003 ~ 29 de agosto de 2014 ~ 0

Lecturas interesantes del 29 de agosto de 2014

  • Legalización de facto de la poligamia en Utah
    Una familia polígama hizo pública su poligamia en un reality show propio. Ante la investigación de la fiscalía denunciaron al estado de Utah y han ganado el juicio. La sentencia dice que solo puede haber una un matrimonio oficial pero que la prohibición de la cohabitación establecida en Utah es anticonstitucional por ir en contra de la Primera Enmienda.
  • El modelo Gastón Acurio: ¿de la gastronomía a la educación peruana?
    La autora pone como ejemplo como Gastón Acurio apostó por la estrategia de agrandar el mercado peruano de la gastronomía y se pregunta si para una ONG de educación es mejor que crezca el mercado en lugar de incrementar su market share.
Juan Urrutia

Juan Urrutia 2147 ~ 27 de agosto de 2014 ~ 0

La seña y su continuación

biarritz Tu marido presidía la reunión que se celebró en vuestra casa. Alrededor de la mesa del comedor de la que yo solo había tenido una visión fugaz en alguna de las merindas intelectuales cuando tú te levantabas, corrías una puerta y volvías con una cucharilla o cualquier otro detallito. Era una mesa muy sólida y muy grande alrededor de la cual se sentaban señores bastante mayores que yo, o eso me parecía. Por un lado, el Rector de la Universidad pública en la que yo trabajo junto con el Decano de mi Facultad y, por otro lado, estos conocidos o socios o lo que fueran de tu marido, bastante más mayores de lo que yo imaginaba. Y en una esquina estaba yo, el único no encorbatado. Cada uno de nosotros teníamos delante de nosotros una carpeta con nuestro nombre y un contenido supuse que homogéneo, en el que destacaban unos estatutos y un presupuesto además de un borrador de convenio, tres piezas relacionadas con la cátedra especial que algunos señores de la Ciudad, conocidos como empresarios, estaban dispuestos a dotar si ellos y la Universidad conseguían llegar a un acuerdo. Me resultó extraño que no estuvieras tú, aunque, después de pensarlo, creí darme cuenta de mi sesgo, pues relacionaba sin querer esa cátedra con los exquisitos tés que durante todo el curso se habían servido en vuestra casa una vez al mes. Una relación que de todos modos no hubiera resultado tan tonta, pues estaba claro, al menos para mi, que si tu marido era el líder de los señores que pondrían el dinero, debía ser por las muchas cosas que tú le habrías contado sobre esas meriendas por las que habían pasado desfilado como ponentes la flor y nata del claustro.

El Rector fue el primero en tomar la palabra para resaltar esa circunstancia tan poco habitual de la unión de la calidad de no pocos miembros del claustro y de su aparente disposición, poco corriente entre los catedráticos, a trabajar duro para colocar a esta Universidad entre las mejores de Europa. Y, como colofón de su intervención, nos remitió al borrador de estatutos en los que se ponían negro sobre blanco estas ideas en toda su generalidad. Alfonso, que resultó ser el nombre de tu marido, respondió elegantemente diciendo que los allí reunidos estaban dispuestos a firmar un convenio que diera vida a esos estatutos, pero poniendo un cierto énfasis en la parte empresarial de la colaboración. Decía estar seguro de que la Universidad contaba con personalidades de reconocido prestigio en otros campos más científicos que, aunque sin duda podían colaborar a elevar el prestigio de esta Universidad asociada a nuestra Ciudad a través de sus contactos en el circuito mundial, su movilización, pensaba él, debería recaer sobre todo sobre las espaldas del gobierno y no tanto sobre una simple asociación de empresarios. A instancias del Decano, yo traté de justificar la especialización en la que parecían querer incidir los empresarios allí reunidos.

Déjame hacer en este punto como un pequeño paréntesis para explicarte que casi me entró la risa, pues mis palabras eran casi las contrarias a las que había utilizado en mis intervenciones en las meriendas intelectuales que tú organizas. Me largué un buen discurso sobre las enormes posibilidades que abría la consideración de la empresa y sus avatares multifacéticos en un mundo en el que las verdades económicas empezaban a flaquear. Estas verdades estaban asentadas sobre modelos matemáticos cuyos supuestos implícitos eran de una simplicidad alarmante. El mundo no es una máquina sencilla en la que los inputs entran por un lado y los outputs salen por otro. La empresa era, de hecho, un magnífico modelo para entender el mundo en su faceta económica. Un mundo con una enorme complejidad, de acuerdo con la cual predecir era prácticamente imposible y en medio de la cual un pequeño incidente en una planta de producción de automóviles en Detroit podría generar un verdadero revuelo en toda una economía nacional de otro país distinto a los EE.UU. de América. Era esa complejidad sobre la que había que trabajar para lograr acercarnos un poco a su descripción y a su utilización para tomar decisiones informadas por los Consejos y la alta dirección de las empresas. Y esta complejidad se daba precisamente en el seno de las empresas como las que allí, en la mesa de tu comedor, Esperanza, estaban representadas.

Teniendo en cuenta el origen de esos hombres que parecían dispuestos a dejar entrar el aire de la renovación intelectual, me extendí en la comparación entre la física teórica, tan llena de sorpresas intelectuales, y la ingeniería, sobre la que ellos seguramente sabían todo, dada su formación en la Escuela de Ingenieros de la Ciudad, sobre la que les interrogué aunque ya conocía las respuestas. Era justamente lo que ellos querían oír y algo muy contrario a mis verdaderas creencias, como tú sabes bien. Pero no me avergüenzo, pues he aprendido a tener todos mis mundos aislados entre sí, sin intentar una unificación cuya obsesión se debe únicamente a la religión en la que los habitantes de esta Ciudad hemos sido educados. El Decano me miraba asombrado, pero reprimió su comentario para dejar expresarse a esos amigos de tu marido que parecían bastante contentos y que pasaron a considerar el presupuesto que podrían dedicar a esta cátedra especial.

Habría que seguir hablando, dijeron, pues, a la luz de lo compartido hoy alrededor de esa mesa tan sólida, era muy posible que otros empresarios con las mismas preocupaciones que los allí presentes aceptaran cooperar en la financiación de la cátedra e incluso pudieran aportar sus ideas a la organización general de la operación. La reunión se acabó entre comentarios banales sobre la coyuntura económica y los universitarios nos despedimos pretextando, con una sonrisa que quería sembrar la duda, que teníamos que preparar las clases del día siguiente. Yo recogí la carpeta que llevaba mi nombre y la introduje en mi cartera de profesor mientras me despedía tibiamente de los capitanes de empresita. Volví al centro de la ciudad con el Decano que me dejó cerca de mi casa, no lejos de la suya.

La sorpresa del día estaba todavía por llegar, pues al sacar de la cartera la carpeta para depositarla en el fondo de algún cajón, volví a echar un vistazo a su contenido y me encontré con un sobre con la dirección en blanco en el que no había reparado durante la reunión. Te había pedido una seña pensando en algo como un guiño de ojo y he aquí que me sorprendías con toda una misiva en la que me emplazabas a acompañaros a Lourdes y a ti a Francia el próximo viernes a hacer las compras para el verano saliendo, el jueves por la tarde, un esquema que sabías cuadraba con mis obligaciones. No sé qué hago reproduciéndote lo que tú misma habías redactado, solo sé que aquello me satisfizo de una forma extraña, sea por su tono o sea por cierta ironía subyacente a un texto que parecía escrito a dos manos. Temí que todo fuera un juego, pero decidí correr riesgos y seguir las instrucciones, bien simples por cierto. El jueves a las cuatro de la tarde me recogerían en el parking de la estación llamada del norte sita en la llamada plaza circular.

Como ya conoces el resto me limito a contar, más bien para mi mismo, los sentimientos de aquella escapada. La cena del jueves en el café de París de Biarritz fue rápida y muy divertida gracias al buen humor, raro en ella, de Lourdes. La noche muy larga y más que satisfactoria. Si recuerdas, yo llevaba conmigo mi cartera, pero su contenido no era el habitual, pues mis instrumentos de trabajo se habían quedado en el despacho de la Facultad y habían sido sustituidos por una muda, el neceser y un cuadernito de tapas blandas en el que yo suelo tomar breves notas sobre las características de la última pieza de mi colección y que luego son trasladas al cuaderno de tapas duras convenientemente enriquecidas de una forma que yo me atrevería a llamar poética. Espero que te agrade saber que ese cuaderno de tapas blandas que llevé conmigo permanece en blanco, pues no aproveché tu breve sueño para apuntar nada, ya que nada tenía que anotar. Habíamos bebido bastante, pero no fue eso, sino una especie de llegada a la meta lo que me hizo comportarme como un jovencito enamorado, musitando palabras de amor de estilo de escritor ruso romántico. Fuiste mi primer amor en la playa de aquellos veranos infantiles y a pesar de todas mis aventuras intelectuales y deserciones y desapariciones, nunca te había olvidado, y por lo que vi tú tampoco me habías olvidado a mi. Si no hubiera sido porque ambos no andábamos mal de experiencia amatoria, esa noche hubiera parecido una noche de bodas, en la que se mezclan las declaraciones con los jadeos y las sorpresas. Nada de esto hubo, pues tu cuerpo se acopló al mío, y el mío al tuyo, como si lleváramos años descubriendo recovecos de una cueva prehistórica. Nada memorable, me temo, excepto la fuerza extraordinaria con la que apretabas mi espalda, como si te agarraras a un bote salvavidas. Nos dormimos cuando comenzaba a amanecer, y cuando yo desperté ella ya no estaba allí. Supuse que Lourdes y ella habían acudido a las boutiques más chic para no dejar de examinar ninguna de las novedades y también, supongo, para comentar y chismorrear sobre esta escapada y sus resultados sin dejar que ningún pensamiento oscuro ensombreciera la alegría infantil que parecía embargar a los tres, pero sobre todo a las mujeres. Llegamos ya de noche a la Ciudad y fui depositado en el mismo lugar en el que había sido recogido el día anterior. Ni una palabra de amor y solo un mensaje escueto cuya única gracia, recuerdo haber pensado, era que quizá Lourdes no lo entendió: «observarás pronto otra seña y espero que te guste».

María Rodríguez

María Rodríguez 596 ~ 27 de agosto de 2014 ~ 4

Cuento de verano (I): Los peregrinos no mueren

peligro-peregrinosAl tercer día de golpes continuos en el patio de luces de su casa, Carmen García, traductora freelance, llamó a su tía para pedirle las llaves de su apartamento de la playa. Estaba solo a tres horas, y aunque a esa altura del año todavía estaría algo fresco, era el lugar ideal para terminar sus entregas a tiempo sin tener que soportar a la cuadrilla de obreros parlanchines que cuando soltaban el pico o el taladro hablaban a voz en grito a la altura de su ventana.

Por supuesto, le dijo su tía, podía disponer del apartamento toda la primavera, pues ella y su tío tenían un viaje del Imserso planeado y no llegarían al apartamento hasta el mes de junio. Esa noche ya estaba instalada en el apartamento de vacaciones de la playa de La Isla, en Colunga, donde ese mes de abril solo uno de los apartamentos aparte del suyo estaba ocupado, y sería raro incluso cruzarse con alguien en sus paseos por la playa o los acantilados. Imposible encontrar un lugar más tranquilo para trabajar.

Después de cenar salió a dar un pequeño paseo. Vio que eran más de las 11, pero se recordó que incluso estando casi vacío, La Isla era sin duda el pueblo más seguro de España… y tanto que lo era, pues delante de ella pasaron un coche de la policía local de Colunga seguido de un todoterreno de la Guardia Civil… quizás demasiado rápido para estar de patrulla.

Subió la pequeña cuesta por donde desaparecieron los coches, hacia el barrio de La Colonia, donde se encontró al pueblo entero, además de tres vehículos de la Guadia Civil, dos de la policía local, dos de la Judicial de Gijón y un coche fúnebre.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Carmen a una vecina
- Hola Carmencita, fía – respondió la vecina- ¿que haces aquí? ¿cómo está tu tía, la pobre?
- ¿Mi tía? Está mejor que yo. ¿Qué ha pasado?
- Una desgracia, fía, no nos dicen nada… pero han encontrado un muerto en las Colonias y parece que hay sangre
- Pero ¿quien es el muerto? ¿conocido?
- Por aquí hemos hecho todos recuento y no falta naide, así que del pueblu nun ye
- ¿Un veraneante? ¿en abril? ¿un abrileante?
- Quién sabe, fía
- Espera, conozco a ese de ahí, al Guardia Civil ¡Pacooo! – gritó Carmen agitando la mano en el aire

caminoEl agente miró hacia los gritos extrañado y se acercó con cara de sorpresa

- Carmen, cuanto tiempo, ¿que haces aquí en abril?
- Vine a buscar paz y tranquilidad
- ¡Que puntería!
- Ya te digo. Cuenta, ¿quien es el muerto?
- El fallecido
- ¿Quién es el fallecido?
- Como eres… no lo sabemos
- Pero no ha muerto de viejo, ¿verdad?
- Mmm
- Venga Paco, suéltalo
- No tiene buena pinta
- ¿Hay sangre?
- Hay
- ¿Mucha?
- No está mal
- Y el muerto…
- El fallecido
- ¿Cómo es? Aunque tapian las ventanas se siguen colando mendigos, adolescentes…
- No tiene pinta de mendigo
- ¿Ni de adolescente?
- No
- ¿De qué tiene pinta?
- Pues… de pelegrín
- ¿¿¿En serio???
- No lo cuentes por favor
- Vale, pero antes o después se sabrá
- Los jefes no quieren, en el Principau no va a gustar, es mala prensa para el Camín
- Me imagino, nunca había pasado algo así. En el camino del interior todavía, pero ¡en el de la costa!
- En el del interior tampoco, Carmen, esto es nuevo
- Cierto
- Los peregrinos… no mueren

Próximamente el capítulo 2: Les verdaes manquen

las Indias

las Indias 1003 ~ 26 de agosto de 2014 ~ 0

Lecturas interesantes del 26 de agosto de 2014

Qué es «las Indias»

David de Ugarte2804 ~ ~ 1 de septiembre de 2014 ~ 0

Apertium y el esperanto

apertiumSe celebró mucho en el mundo esperantista la incorporación del Esperanto al traductor automático de Google… que no funciona muy bien.

En cambio, se ha festejado poco el por lo general mucho más acertado Apertium, un programa libre que ofrece un servicio de traducción automática estupendo en su página. Por el momento, el servicio libre, sostenido por la Universidad de Alicante, ofrece traducciones bastante buenas de español a esperanto y de esperanto a inglés. Parece usar un diccionario bastante completo (aunque no tanto como el de Fernando de Diego) y está abierto a mejoras.

RecetarioIdiomas

Juan Urrutia2147 ~ 27 de agosto de 2014 ~ 0

Misión cumplida

mission-accomplished-reward
Es lo que, adelantándose a los acontecimientos, dijo Bush Jr. desde un portaviones al poco de comenzar la invasión de Irak que todavía hoy da guerra: «mission accomplished». Yo no me precipito si digo que yo he cumplido con mi misión, pues la novela está terminada, aunque, claro está, faltan detalles y rematarla puede llevar bastante tiempo. Pero este trabajo ya no lo haré en esta casa del municipio de Foixá en el Baix Empordà. He trabajado todos los días y mi ánimo se ha ido consolidando a partir del retorno de München, a donde viajamos ya hace cuatro semanas. Pero mañana volvemos a Madrid y habrá que retomar la vida excitante de una ciudad que no te permite concentrarte tanto como este campo que se conserva bello gracias a, o a pesar de, las subvenciones europeas.

Carolina Ruggero138 ~ 26 de agosto de 2014 ~ 0

El camino del mar

puerto fenicio

El concepto de comercio, rutas comerciales, internacionalización, optimización de espacio, logística, diseño, oferta conjunta de productos, complementariedad económica, navegación, nichos…

Esto y mucho más es lo que se puede aprender yendo de visita al Museo Nacional de Arqueología Subacuática situado en Cartagena.

Las colecciones expuestas en el museo están constituidas principalmente por objetos procedentes de excavaciones arqueológicas subacuáticas desde el siglo VII a.E.C. al XIX d.E.C.
Especialmente significativas, tanto por su volumen como por su calidad, son las piezas de época fenicia, así como los conjuntos de procedencia romana.

El premio mayor se lo llevan los pecios fenicios de Mazarrón y de San Javier, y sus ánforas con recuerdos de pescado, platos, lucernas, cuencos, urnas, ungüentarios, peines, ámbar, marfiles y bronces…

Por su patrimonio y por sus estrategias didácticas para todo público es sin duda un lugar para visitar.

Juan Urrutia2147 ~ 23 de agosto de 2014 ~ 0

Una noche de perros… y ranas

cuidado-ranasParece que la borrasca se va alejando, pero ayer sufrimos una de esas que no se olvidan. Los rayos y los truenos fueron casi constantes y la luz eléctrica se iba y volvía sin ninguna prisa. Si una vez hace años nos quedamos encerrados fuera, ayer corríamos el peligro de no poder salir, pues la puerta para el coche funciona con electricidad únicamente. Creíamos que el tejado no tenía fisuras, pero comenzaron las goteras, y llenamos el piso de arriba con baldes como los que se veían en los años cincuenta en cualquier casa. Fue sin duda una tarde-noche de perros, y esta mañana en mi paseo matinal he visto muchos perros solos, como si hubieran salido huyendo de su encierro, a cazadores gritando por los cotos de caza sin duda llamando al perro extraviado, y a varios automovilistas dubitativos vagando a la búsqueda de sus mascotas, o decididos una vez recuperadas éstas. Pero la mayor muestra de la dureza de la borrasca han sido las ranas. En mi paseo he visto cuatro cadáveres de rana, cada una con manos y patas estiradas como si se hubieran ahogado en un medio que no es el suyo, algo solo explicable por la cantidad de agua que la tierra no podía absorber. Esto de la naturaleza es algo realmente cruel en lo que nos encontramos inmersos.

Juan Urrutia2147 ~ 17 de agosto de 2014 ~ 0

Un interludio económico

Recesión europea
En medio del esfuerzo por ir dando forma a la gran novela de Bilbao, título a penas pretencioso, y de terminar de ordenar las entradas que conforman la serie «Hacia un Nuevo Relato», que continúa y cierra, esperemos, Crónica de un Crisis, me permito una distracción para mencionar las últimas malas noticias de la economía europea y la vaciedad del lenguaje de nuestros políticos, forzado, claro está, por los datos aparecidos ayer día 14 y dados a conocer en los periódicos correspondientes a la Virgen de Agosto. Por una vez estoy contento de estar de acuerdo con el columnista del País José Carlos Díez , y recuerdo que su propuesta ya fue señalada en estas páginas al usar como pancarta: inflación y eurobonos.

Juan Urrutia2147 ~ 14 de agosto de 2014 ~ 0

Parecido razonable

Tip y coll

Como ayer por la noche alguien que sabe mirar el arte me dijo que cada vez me parezco más a Txillida, he cogido confianza en mi recuperada capacidad fisiognómica de la que hacía gala el otro día. Esta capacidad, más la inactividad física en el Ampurdán, me han llevado a descubrir otro parecido que me parece asombroso. Verán. Dedico bastante tiempo a la televisión y especialmente a «Amar es para Siempre», la saga de Antena 3, y ahí me he fijado en Antonio Garrido, intérprete del malo Augusto Lloveras. Su cara me recuerda a alguien, pero hasta ayer no he sabido exactamente a quién. Ayer, en efecto, me relajé por la noche con la repetición enésima de números maravillosos de Tip y Coll en el programa «Cómo nos reímos» y, en un momento dado, caí en la cuenta de que la cara de Coll en aquellos años en los que tendría la edad del Lloveras de la serie, es idéntica a la de este último.

Estadísticas del Correo de las Indias

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