El Correo de las Indias

Una vida interesante

Grupo Cooperativo de las Indias

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2130 ~ 26 de julio de 2014 ~ 0

Juan Crisóstomo

Teatro ArriagaHabían sido muchas las emociones de esa comida en la que mi padre y su abuelo se habían reconocido con algo más que con simpatía, con cierta complicidad difícil de entender, ya que la complicidad suele desarrollarse entre amigos de juventud unidos por infinidad de trastadas, y estas dos personas mayores no se trataron asiduamente durante la juventud, y lo que hicieron juntos no era una trastada sino más bien un acto de resistencia ejecutado con toda calma y poca fe por dos hombres que sabían que tenían que llevarlo a cabo sin preguntarse por las posibles consecuencias, por dos hombres hasta cierto punto ya muertos hace años. Necesitábamos Machalen y yo asimilar todo aquello que habíamos aprendido solo hace unas horas y de lo que nunca habíamos oído hablar. Quizá era justamente ese silencio el que más nos pesaba pues, aunque caminábamos en silencio, bien sabíamos cada uno lo que pensaba el otro. Todo podía haber sido distinto desde el mismo momento que nos conocimos allá en Salzburg y reconocimos nuestra extrañeza de no conocernos de vista viniendo como veníamos de la misma Ciudad. Si hubiéramos sabido lo que ahora sabíamos seguramente hubiéramos tratado de compensar los efectos de la guerra de los mayores y no hubiésemos establecido fronteras o, de haberlo hecho, las hubiéramos cruzado no solo con cariño sino también con algo de ira heroica.

-¿Es ya tarde?

Miré al reloj, pero inmediatamente caí en el sentido de su pregunta.

-No, querida, no es tarde. Tenemos toda la vida para reparar el dolor y esta noche no es la noche de la separación sino la noche del principio de un pacto secreto más firme que cualquiera de esos en los que la tragedia griega nos ha educado. Espero que no acabe en tragedia, pero ciertamente será peligroso pues nos toca nada menos que liberarnos con la verdad por delante.

-Pero ¿Cuál es la verdad Jon? ¿Quizá la que transmite la mansedumbre al menos aparente de tu padre o quizá la belicosidad que todavía deja traslucir el abuelo?

-Son dos movimientos musicales complementarios- dije sonriendo- Y de eso sabes tú mucho Machalen.

Continué:

-Siempre me has dicho que uno no puede vivir sin el otro…hasta cierto punto. La composición como un todo tiene que mostrar tanto uno como otro si lo que quiere mostrar es la belleza de la armonía. Sí, esa que estudiabas en el Conservatorio. Pero también me has dejado saber que para ti como directora es muy importante si la pieza de que se trate termina con la vibración hasta la extenuación de una cuerda de violín o con un golpe definitivo de un timbal, pues de eso depende el sentido de tu dirección.

-Bueno, tu siempre me entiendes como te da la gana; pero sí, más o menos has aprendido la lección, dijo sonriente.

-Pero ¿y qué?

- Pues está muy claro y aquí tengo que apelar a tu sentido de la composición. Tú y yo estamos obligados a repetir la historia cambiando los papeles. A ti te toca la ira asociada a los timbales y a mí la mansedumbre de una lira irlandesa. Juntos compondremos algo grande que, además, redimirá a nuestros mayores.

Me miró con tristeza y ralentizó un poco el paso ya cercanos al inicio de la subida al monte. Caminamos en silencio, pero se le notaba el esfuerzo por componer una frase que realmente dijera lo que ella sentía.

- Y para esta labor heroica que según tú nos espera es necesario que cada uno afine su instrumento y ambos ensayemos nuestro papel. Dime que esta labor no llevará toda nuestra vida y que un día podremos salir a escena a presentar nuestra obra conjunta. Dime, por favor, que yo no tengo derecho a perderme en el circuito musical europeo y que tú no te vas a perder en ese mar solo aparentemente tranquilo de los campus americanos. Dímelo antes de entrar en esta casa que nunca volveré a pisar.

Le dejé pasar mientras le decía que así era, que nuestros destinos estaban para siempre entrelazados y que no teníamos que vigilarnos mutuamente ni cada uno a sí mismo. Que hiciéramos lo que hiciéramos un día nos encontraríamos y sabríamos que había llegado el momento de dejar saltar por los aires toda nuestra potencia acumulada. Continué divagando, pues quería llegar con suavidad a decirle que esa noche, la víspera de su concierto, del homenaje a su abuelo del que disfrutaría mi padre y de nuestra partida en direcciones opuestas, debía ser una noche…..

- No se cómo decirlo…

- Me quieres decir que no haremos el amor, ¿no es eso?

Nos desvestimos en un respetuoso silencio y nos acostamos cada uno al lado de esa cama que fue de los padres de Machalen. Antes de apagar su luz preguntó quedo cómo se llamaba mi padre. Le dije que Rafael y ella apagó su lucecita. Antes de apagar la mía le pregunté cual era el nombre de su abuelo. Siguió un silencio que me hizo pensar que había caído en un sueño profundo que a mí me permitía distenderme. Apagué la lamparita de mi mesilla de noche y como desde muy lejos creí oír, o quizá solo soñé:

-Crisóstomo


arriagaLa recuerdo como una noche plácida y sin sobresaltos, justo lo contrario de lo que debía haber sido. Nos despertamos al mismo tiempo y solo cinco minutos antes de que sonara el despertador. Salté de la cama y me acicalé a toda prisa para dejarle a ella todo el tiempo que le hiciera falta para ponerse en su papel de mujer directora de orquesta, guapa y seria. No le llevó mucho tiempo y dos horas antes de que golpeara con la batuta el atril que sostiene la partitura reclamando silencio, su abuelo ya estaba en casa de su hija en su día y ahora de Machalen, y yo salía hacia casa de mis padres para organizar mi equipaje para mañana a primera hora, y para recoger a ambos para llevarlos en un taxi especial hasta el teatro que se había convertido en el propio de la Sinfónica al estar el Arriaga fuera de servicio digno.

Mi padre vestía un traje azul con rayitas de esos que mi madre le obligaba a hacerse y que casi nunca se ponía y que, esta vez, no hubiera debido hacerlo porque en estas fechas hace mucho calor en la Ciudad. No sé por qué yo había llegado pensando que en un día como este quizá utilizara uno de aquellos sombreros de primer ministro inglés que reposaban hace años en el paragüero del hall, pero lo cierto era que sentado en su silla de ruedas y ya con perlitas de sudor en la calva daba vueltas en sus manos a una de sus boinas negras mientras esperaba a que mi madre decidiera… si gris o negro …si alto o bajo. Aviar mi equipaje no fue trabajoso y en poco tiempo estábamos los tres en el portal donde ya esperaba uno de esos taxis especialmente equipado para embarcar a gente en sillita de ruedas en el que llegamos al teatro casi al mismo tiempo que Machalen y el abuelo, quienes habían venido andando con el timbalista acarreando los trastos y el smoking de su nieta. Teníamos orden de acercarnos al teatro por la puerta de atrás por la que entraban los músicos a fin de poder utilizar el montacargas para poder subir a mi padre en su sillita de ruedas hasta el nivel de los palcos, en uno de los cuales el abuelo había ubicado a mi madre y a mi padre en su primera fila. Aunque quedaba tiempo, los dos músicos y yo bajamos unas escaleras hasta el nivel de la entrada principal por donde ya empezaba a llegar el público habitual de las temporadas de la Sinfónica y otra mucha gente que no parecía muy familiarizada con este ritual generalmente dominical. Nos desviamos por una puerta semisecreta hacia los camerinos. Ellos fueron cada un al suyo y yo me quedé remoloneando entre las bambalinas. Uno de los encargados del telón y seguramente para que no diera la lata con mis paseítos de intruso, me pasó un programa de mano en el que se leía no solo el nombre de el abuelo y el de Machalen sino también las piezas que componían el programa, sin olvidar a los solistas completamente desconocidos para mí. El concierto extraordinario estaba compuesto de dos piezas gordas, de Hyden y de Britten, separadas por un descanso, y seguramente seguidas, pensé yo, por algunas palabras de homenaje al abuelo y, seguí pensando, por una propina bien elegida.

Los músicos fueron entrando en el escenario que, con su enorme profundidad, dejaba espacio para una inmensa orquesta, y comenzó ese ruido de afinación de instrumentos que tanto me ha gustado siempre a mí. Como si fuera el jaleo de una vida cotidiana llena de malentendidos que, sin embargo, acaba por alcanzar un punto en el que parece que todos han llegado a encontrar un punto de coordinación completamente inesperado. Allí estaba el abuelo delante de los cuatro timbales, como un armador que vigila al capitán del buque mientras finge afinar su difícil instrumento acercado una u otra oreja al parce correspondiente y comprueba el efecto de cada martillete, como les ha llamado siempre él, en cada parte del parche de cada timbal. Sabe muy bien que las piezas elegidas en su honor son ricas en este sonido coordinador que emiten los timbales y sabe también que estos tambores están en su punto; pero cree que debe seguir el ritual de cualquier concierto sin traslucir su emoción por este homenaje que él considera como un desagravio de los vencedores que dejaron la Ciudad sin música sinfónica durante años y como un agradecimiento secreto de los que ese día no están ahí tanto por la música como por la celebración silenciosa de una victoria que de ninguna forma venga la derrota pero la hace, después de tantos años, un poco menos amarga.

Yo espero con impaciencia la salida de Machalen, pero todavía he de esperar un ratito a que salga el primer violinista y trate de empastar a su manera, que yo supongo negociada con la directora de orquesta, el sonido de todos los instrumentos. Se sienta y entonces entra ella con un paso casi marcial con el que nunca le había visto caminar y toma posesión de su podio como si fuera el piloto del barco que va a levar anclas. Ajusta el atril, ya perfectamente ajustado, como si fuera necesario ponerlo a su altura, examina la partitura como para asegurarse de que no le falta ninguna hoja, y hace sonar la batuta contra el atril mientras levanta la mirada y la pasea majestuosamente por toda la orquesta, incluidos los timbales.

Yo sé que es su primer concierto y lo importante que es para ella que esta primera experiencia en su oficio ocurra en honor de ese abuelo semiconspirador. Pero su profesionalidad le hace parecer como una experimentada Venus caminando sobre las aguas. Hace descender la batuta y comienza a sonar la inconfundible música de Hyden. Desde mi posición discreta fuera de la vista de prácticamente todo el mundo, puedo sin embargo observar a mis padres en la primera fila de ese palco con el que el abuelo rinde su particular homenaje a otro conspirador anónimo para el mundo y que nunca pudo recibir ni el más somero gesto de agradecimiento hasta quizá hoy. Mi madre está como siempre, absorta en la música con balanceos de cabeza que varían con los movimientos de la sinfonía. El abuelo parece haber recuperado años y, con el rostro enrojecido aparentemente por el esfuerzo, parece estar disfrutando de algo más allá de esta música barroca de un alemán en el Reino Unido solo unos lustros después de una guerra entre los unos y los otros.

Termina esta primera pieza del concierto y se encienden las luces. Yo acudo al palco y ayudo a mi padre a deslizarse hasta el cuarto de baño mientras mi madre se pierde en el foyer como esperando ser reconocida como esa señora del palco que parece ser la dueña del local. Allí observa cómo el abuelo está rodeado de gentes que ella no reconoce y se siente una vez más como una extraña en la Ciudad. Antes de que se escuche el timbre que anuncia la reanudación en cinco minutos está ya de vuelta en el palco en el que ya está instalado su marido que parece estar disfrutando de un concierto del que ha prescindido en los últimos años. Yo ya he vuelto a mi escondite cuando Machalen reaparece con una sonrisa imperceptible que yo creo poder interpretar como el bienestar de alguien que sabe estar haciendo algo bien. Un poco demasiado deprisa da pie al principio del primer movimiento de este «War Requiem» de Britten que llora la muerte sin pretender arreglar cuentas. Es una pieza larga y profunda y sospecho que poca gente, además de mi padre, podrá seguir las palabras no demasiado patrióticas de este hombre solo fiel a sí mismo. Pero lo que hoy importa es que el trabajo del timbalista acapara la atención de cualquier público. Es este trabajo el que es premiado con unos aplausos más bien tibios que esta Ciudad no está para modernidades.

timbalesSe recupera el silencio y Machalen se vuelve hacia el público con cara de compromiso pues tiene que decir algo en honor de D. Juan Crisóstomo, de cómo la Ciudad le debe en buena parte la conservación de la afición musical y de cómo -y aquí yo diría que la lágrima que asomó a su rostro no estaba ensayada- ella le debe simplemente todo. Respira y anuncia que, para terminar, la orquesta va a interpretar la Obertura de los Esclavos Felices de nuestro Mozart local. Me pareció que la audiencia respiraba aliviada pues, al menos una parte de ella, sabe bien que esta propina es apropiada pero sobre todo corta. Semibarroca, semiromántica, la obertura oscila entre la intimidad y lo profético, entre la épica y la lírica, como la ciudad misma. Un minuto antes de su final lírico, Arriaga dio su do de pecho en lo que concierne a lo épico y compuso lo que es de hecho un tour de force para el timbalista. El abuelo pareció rejuvenecer y cuando daba su último redoble en lugar de erguirse orgullosamente como diciendo «misión cumplida», se derrumbó sobre el segundo timbal de los cuatro que tenía delante de él. No podía estar afinando el instrumento pues su actuación había terminado.

¡Estaba muerto! Me adelanté y entré en el escenario. Machalen no pudo matizar los últimos acordes y nuestras miradas se cruzaron un segundo que bastó para que supiéramos que nuestro destino se acababa de escribir. Me encaramé hasta la posición de los timbales y desde allí miré al palco. Milagrosamente mi padre estaba de pie y aplaudía como un joven entusiasta ante la mirada atónita de mi madre.

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las Indias 983 ~ 25 de julio de 2014 ~ 1

Lecturas interesantes del 25 de julio de 2014

    Mantou

  • Bruce Sterling contra las Smart Cities
    ¿Qué pasa si los taxis son sustituidos por Uber? pregunta. ¿Tu ciudad se convierte en una commodity regida desde California? ¿Crees que los californianos dejarían que sus calles se gobernaran desde un cerebro en Barcelona? La recentralización oculta tras el buen rollo de las start ups de la sharing economy genera problemas geopolíticos y alimenta, según el autor, el tecnoimperialismo
  • El español ¿nueva falsa lengua franca?
    El idioma español continúa su imparable ascenso en el mundo y –según un estudio realizado por el Instituto Cervantes– es hablado o estudiado por unas 548 millones de personas en todo el planeta, entre las que 470 millones lo dominan plenamente, más de 50 millones lo habla con alguna limitación y cerca de 20 millones están en proceso de aprendizaje. Según el citado informe, la lengua de Cervantes reina detrás del mandarín y por primera vez, por delante del inglés, alcanzando así el rango de segunda lengua franca en el mundo: el 67% de la población mundial es ya hispanohablante.
  • España desconectada
    La reforma de la Ley de Propiedad Intelectual aprobada ayer en el Congreso, en una sesión extraordinaria en la Comisión de Cultura, penaliza el uso del enlace y compartir contenidos. Crea un derecho de cita irrenunciable sobre fragmentos no significativos de contenidos publicados en sitios de actualización periódica. Ni siquiera permite que tú decidas compartir tus contenidos de forma gratuita o mediante el uso de una licencia copyleft. No puedes renunciar a que una entidad privada, en este caso CEDRO, recaude una cantidad por ti que será repartida a los medios de AEDE. Como tú no estás en AEDE, ni puedes estar por no ser un periódico impreso de pago, estas empresas se reparten entre ellas el botín. Jaque Mate.
  • La leyenda del mantou o pan chino
    Elaborado a base de mezclar harina de trigo, agua y levadura para después cocer al vapor, el mantou, más que pan parece un bollo esponjoso sin relleno. Curiosamente el mantou se ha expandido a otras cocinas asiáticas pero sólo etimológicamente: en Japón (manjū) es un bollito relleno de pasta de judía roja; en Corea (mandu) es una empanadilla rellena de carne, tofu y jenjibre; y en los países de Asia Central, sobre todo en Turquía (mantı) también es una especie de empanadilla y su origen se remonta a los mongoles que trataron con armenios. Otros son el salapao de Tailandia, el siopao de Filipinas, ambos bollos rellenos de cerdo asado, y el cha siu bao de la cocina cantonesa, un baozi de cerdo asado a la barbacoa.
  • Terras Gauda: Primer aceite de Albariño
    Raro es el aprovechamiento por parte de las bodegas de los bagazos de la uva, especialmente las semillas, para la obtención de aceite alimenticio. La bodega Terras Gauda acaba de poner en marcha, en colaboración con la Misión Biológica en Galicia del CSIC, un proyecto de investigación encaminado a la obtención de aceite de semilla de uva. En paralelo, y también con el CSIC, desarrolla un segundo proyecto de I+D+I en el que se estudia la incidencia de las labores de aclareo y desnietado (eliminación de racimos de segunda brotación) en la viña sobre la concentración de compuestos biosaludables en la uva, la semilla y el vino.
  • Duolingo lanza su certificación para competir con TOEFL
    Duolingo, el servicio gratuita para aprender idiomas, lanza su programa de certificación de idiomas digital.
    Por el momento, el certificado está disponible de forma gratuita, pero la compañía planea empezar a cobrar $ 20 cuando más universidades y empresas lo acepten.
María Rodríguez

María Rodríguez 595 ~ 25 de julio de 2014 ~ ~ 12 9

La psicodelia es para el verano

Jim MorrisonEn 1964, Jim Morrison se encontró en una playa californiana a Ray Manzarek y le leyó un poema. Estaba naciendo el grupo The Doors y nadie se estaba dando cuenta. En poco tiempo serían los mayores representantes de la psicodelia musical junto a Grateful Dead y Jefferson Airplane.

La psicodelia, que significa algo así como «manifestante del alma», es un tipo de expresión artística de las experiencias sinestésicas o de alteración de la realidad y los sentidos que se popularizaron en los 60 con la extensión del LSD. Esto, además, ocurría dentro de un movimiento más general conocido como «contracultura».

Pero ¿qué es la «contracultura»? Se supone que es la manifestación cultural de lo alternativo: de valores, tendencias y modos de vida contrarias a lo establecido. Si aceptamos que existen diferentes culturas, incluso dentro de lo que consideramos primer mundo, podemos decir también que existen diferentes «contraculturas», aunque haya una más «popular» que las otras.

DancersLa sensación es que la contracultura ha cambiado poco desde los 60 (y en los 60 ya conservaba cosas de la bohemia del XIX). Volviendo al ejemplo de los Doors, Ray Manzarek conocía a los otros dos integrantes del grupo (Krieger y Densmore) de unas clases de meditación, y el movimiento hippy consumidor de ácido lisérgico de esa misma época, promulgaba el amor universal, la paz mundial, el contacto con la naturaleza y la desinhibición, además de sus múltiples conexiones con religiones orientales, experiencias místicas o la lucha contra la opresión del «sistema».

Tanto parecido con la actualidad me hace sospechar que la supuesta contracultura de hoy es un poco timo. Si se supone que la cultura es algo dinámico, no puede ser que la expresión de la alteridad sea la misma que hace más de medio siglo.

hippie-shopSupongo que la contracultura se convirtió en cultura manteniendo una máscara de alteridad, es decir, pretendiendo seguir siendo alternativa pero buscando obtener un cargo con presupuesto público asignado. Desde el momento en el que los ayuntamientos subvencionan clases de meditación y grandes grupos editoriales venden contenidos sobre «vida natural», estas tendencias ni son alternativas ni son siquiera tendencias. Porque ser contracultural en realidad es difícil y sale caro, además de que hay que trabajar un montón para vivir de ello en el mercado.

Aún así la alteridad es una cosa natural, un movimiento reflejo a esa homogeinización que lleva a la extinción de cabeza. Eso no quiere decir que meditar, tomar peyote o practicar danzas circulares sea malo, solo quiere decir que no es rompedor, ni siquiera moderno, y toda sociedad necesita cosas rompedoras y modernas para poder presumir de tener una contracultura.

Esto me ha debido venir a la cabeza por el verano, Ibiza… quién sabe por donde ha ido la asociación en mi cabeza. Supongo que por aquello de que la psicodelia es para el verano y de pronto me ha parecido algo de lo más antic.

las Indias

las Indias 983 ~ 24 de julio de 2014 ~ 0

Lecturas interesantes del 24 de julio de 2014

    Cuánta tierra necesita un hombre

  • Interversity: ¿una universidad distribuida?
    Mientras la innovación (incremental) solo tiene lugar dentro de organizaciones, la innovación radical solo ocurre en ecosistemas. La Interversity utiliza arquitecturas de empresa para dar salida al mercado a los ecosistemas
  • La persecución a los paganos
    Una descripción rigurosa y amena de la persecución que los cristianos hicieron a los paganos en los años entre la legalización de su religión con Constantino hasta que el cristianismo se hizo oficial con Teodosio. Fueron apenas 70 años de ascenso meteórico que dejó infinidad de víctimas en el camino: los herejes, los paganos y sus dioses, pero también todo lo que se asociaba al paganismo, la filosofía, la academia, el saber mundano. Se trató de una guerra sin paliativos, una guerra violenta que dejó víctimas en ambos lados, y que hizo que los cristianos pasaran de ser perseguidos a perseguidores.
  • The American Way: The Lost Secret to American Prosperity and How to Get it Back
    Un librito de John Robb sobre los orígenes de la prosperidad estadounidense, su decandencia y la forma de redescubrirla en un mundo de pequeñas escalas óptimas y largos alcances
  • Ocho favores que tus clientes pueden hacerte
    Sabiendo que un cliente es mucho más que una venta, hallar una fuente estable, rentable y optimizada de clientes es una de las tareas primordiales a desarrollar, donde la clave no es ya sólo que un cliente sea rentable, sino que de manera continuada podamos seguir obteniendo nuevos al tiempo que fidelizamos a los actuales.
  • ¿Cuánta tierra necesita un hombre?
    ¿Cuánta tierra necesita un hombre? es el título de un cuento escrito en 1886 por León Tolstói, en el que un campesino, en su ansia por poseer más tierra, lo pierde todo. Con este título, el proyecto expositivo que desde Fundación Cristina Enea presentamos este verano de 2014, quiere abordar cuestiones presentes en la fábula del escritor ruso. Cuestiones que un siglo y medio más tarde siguen ocupando un lugar central en el debate ecologista, y en su búsqueda de una relación más equilibrada entre los seres humanos y la tierra.
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las Indias 983 ~ 23 de julio de 2014 ~ 0

Lecturas interesantes del 23 de julio de 2014

    kamperland_bie

  • El Congreso aprueba el Canon AEDE en su reforma de la Ley de Propiedad Intelectual
    La Comisión de Cultura ha aprobado la reforma a la Ley de Propiedad Intelectual, que incluye el controvertido canon AEDE, tras una sesión extraordinaria
  • Luz verde a la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual
    Entre los puntos que más discrepancias ha generado el texto del Ejecutivo se encuentra la compensación económica para editores de noticias por la explotación de sus contenidos en el ámbito de los agregadores de noticias en Internet, la conocida como ‘Tasa Google’. Desde el Gobierno y el PP se defiende que en el texto legal presentado se reconoce ya a los editores y a los autores de noticias (periodistas) a ser compensados por la explotación de sus contenidos en estos agregadores. El PSOE y otrso grupos de la oposición han pedido en sus enmiendas que se amplíe la ‘Tasa Google’ a periodistas y fotógrafos.
  • Cuál es el papel de los medios, AEDE y CEDRO en la 'tasa Google'
    Mientras desde 1990 la tendencia muestra claramente cómo lo impreso pierde influencia frente al consumo online, y la relevancia de los editores de AEDE en el tráfico web de España es muy bajo (ver gráficos abajo), el Gobierno introduce esta tasa que afectará a todos los agregadores de noticias, blogs y otros sitios web que enlacen, modificando incluso el derecho a cita.
  • Emerging Leader Labs
    En parte formación (aunque no pagas matrícula), en parte trabajo (solo que no trabajas para ti) y en parte incubadora de empresas sociales (solo que el foco está en «impacto social» más que en sostenibilidad económica). Buscan proyectos locos de software para impulsar cambios sociales de fondo.
  • LNKNG
    Un proyecto de eventos regulares sobre tendencias en Madrid, que estrena con cómo será comer en 2030.
  • NewB un banco cooperativo creado de abajo a arriba
    Con 47.436 socios y 2.699.380 de capital, NewB, una cooperativa de crédito nacida en Holanda que se extiende por Bélgica y Francia, empieza a tomar cuerpo. Su objetivo: volver a la banca tradicional e invertir en la economía local.
Alan Furth

Alan Furth 45 ~ 23 de julio de 2014 ~ ~ 20 7

Cultivando el jardín epicúreo con Hiram Crespo

jardinepicureohiramA raíz de la publicación de la traducción al inglés del post de David sobre el epicureísmo («Fraternidad, subversión, cerdos y espárragos»), nos contactó Hiram Crespo, con quien desde entonces mantenemos una enriquecedora conversación sobre el rol que el epicureísmo puede llegar a jugar para revivir la milenaria función terapéutica de la filosofía, rol que se hace cada vez más necesario en un mundo en descomposición acelerada.

Hiram es el fundador de la Sociedad de Amigos de Epicuro y acaba de publicar un libro que tuve el gusto de leer durante las últimas dos semanas.

El libro es una resumida pero muy completa introducción a los principios básicos y la práctica del epicureísmo. Pero también brinda una interesante interpretación de las enseñanzas de Epicuro desde el punto de vista de la psicología positiva, la neurociencia y otras disciplinas científicas que hoy en día corroboran gran parte del legado del maestro. Dada la prominencia de Epicuro como una de los primeros filósofos en defender la necesidad de estudiar las ciencias para liberarnos de nuestros miedos irracionales, este aspecto del libro es en sí mismo un homenaje a su memoria. Uno no puede evitar pensar que él mismo, de vivir hoy en día, habría ampliado el enfoque de sus enseñanzas para abordar estos temas.

El camino a la ataraxia

epicurusA lo largo del libro, Hiram va desglosando los elementos que Epicuro consideraba como indispensables para alcanzar la ataraxia, ese estado de imperturbabilidad y serenidad que permitiría a sus discípulos vivir una vida genuinamente placentera.

El camino a la ataraxia que el epicureísmo nos invita a recorrer es fundamentalmente minimalista: si bien no llama a renunciar a los placeres «cinéticos» -aquellos que disfrutamos como resultado de la consecución de un plan de acción más o menos estructurado, como jugar, practicar deportes, comer, beber o tener sexo-, los considera secundarios y potencialmente peligrosos por su capacidad de causar desasosiego, adicciones, y en general desviarnos del camino a la ataraxia, sobre todo al degenerar en la persecución de los aun más destructivos «deseos no naturales y no necesarios», como el ansia de poder, fama, gloria y otros delirios.

Por el contrario, Epicuro considera fundamentales los placeres «catastemáticos» o estables, definidos como aquellos que nutren un estado de armonía interna a través de la ausencia de dolor de cuerpo y alma -un «alma» definida en sentido estrictamente naturalista como comprendida por el sistema nervioso y neurológico, así como todo a lo que hoy en día nos referimos como la psiquis de un individuo. Y para eliminar el dolor del alma, Epicuro proponía varios remedios fundamentales, entre los que destacan la reflexión filosófica y el cultivo de la amistad, de la verdadera comunidad.

La vida analizada

2005323540_c2c412f78d_mPara Epicuro, la reflexión filosófica tenía como objetivo fundamental el liberarnos de prejuicios y creencias irracionales que se convierten en fuente de ansiedad y miedos de todo tipo. Quizá el ejemplo más conocido sea su argumento contra el miedo a la muerte, pero la idea general consiste en que las pasiones irracionales -desde el apetito desmesurado por la comida y el sexo hasta la irascibilidad y la arrogancia desmesurada- en general se sustentan en creencias irracionales, y que si logramos dilucidar las contradicciones inherentes a esas creencias, nos liberaremos de la tiranía de las a pasiones a las que sirven de sustento.

Hiram también nos recuerda que gran parte de esta capacidad para analizar nuestras vidas tiene que ver con la simple -más no fácil- tarea de aprender a enfocar nuestra atención y dirigirla a tomar consciencia de nuestros hábitos y formas automáticas de conducta: la vida analizada no se basa necesariamente en un desarrollo avanzado de las facultades de reflexión más allá del control adecuado de la atención. Esto es tal vez una de las razones por las que movimientos contemporáneos como el minimalismo existencial se dedican en gran medida al cultivo de la atención plena en un mundo hiper-conectado y cada vez más lleno de distracciones banales. Pero si bien en la blogsfera del minimalismo existencial abundan las metáforas y los ejercicios de meditación inspirados en el budismo zen, el libro de Hiram nos recuerda que no es necesario ir más allá de nuestra propia y sumamente rica tradición de pensamiento occidental para encontrar inspiración en este sentido.

La atención es la herramienta que usan nuestras mentes para darnos un modelo de la realidad: si la usamos mal y dejamos que curse como un río donde quiera, nos perderemos en las rendijas de la inercia y el hábito. Al vivir de acuerdo a nuestra resolución firme de crear vidas placenteras y prestar atención, nos aseguramos de ser nosotros quienes dirigimos la barca y no los piratas de nuestras tendencias inconscientes.

La felicidad más pura requiere de atención total y es un modo de ser, no un modo de pensar o de buscar. En el momento que hacemos la observación de que estamos felices nos estamos distanciando… de nuestra experiencia por medio del acto mismo de observar, y si estábamos, por ejemplo, bailando y embelesados oyendo música… ahora la experiencia es menos extática. Se rompe la burbuja.

La teoría hedonista calculada y racional de la filosofía se opone con vehemencia al hedonismo de la gratificación instantánea que se practica hoy vulgarmente, la cual no es epicúrea en absoluto. Requiere de un proceso preliminar de introspección, de discernir entre los deseos necesarios e innecesarios.

La amistad

David nos recordaba en su post que sobre todas las cosas, lo que hizo verdaderamente subversivo al epicureísmo fue su fuerte noción de fraternidad comunitaria:

Como los mitraicos, a los que parece ser que influyeron aunque en menor medida que los estoicos, los epicúreos parecen intuir el número de Dunbar. No solo predican el apoliticismo, sino que dividen sus comunidades para no ser tantos que no pueda disfrutarse de una fraternidad que en la práctica parece ser tan importante como la libertad para la búsqueda de la felicidad.

El hecho de que Hiram esté abocado a hacer crecer la Sociedad de Amigos de Epicuro ya habla por sí mismo, pero además en su libro deja claro que no podría estar más de acuerdo con David en cuanto a la prominencia de la fraternidad como valor fundamental del epicureísmo:

Una cosa es leer y aprender estas enseñanzas de un libro, pero otra muy distinta es aprenderlas de amigos entrañables que nos quieren bien, que nos lo expresan y nos recuerdan que la muerte no es nada para nosotros. La sana amistad hace toda la diferencia. La experiencia de las enseñanzas de la filosofía era mucho más reconfortante cuando era adquirida en el contexto de la afiliación.

Es por esto que la terapia epicúrea solamente puede ser vivida de modo completo y conciso dentro de una comunidad de amigos de mentalidad afín, y el construir y nutrir una red de este tipo de amigos debe ser vista como uno de los más importantes proyectos a largo plazo de todo filósofo epicúreo.

La felicidad sintética

Una de las reflexiones que más me gustó del libro de Hiram fue la manera en la que rescata el concepto de la «felicidad sintética», tal como la plantea Daniel Gilbert en su libro «Tropezar con la felicidad», a la luz del epicureísmo.

En su libro, Gilbert demuestra con una cantidad enorme de evidencia empírica -experimental y de otra índole- que el ser humano posee una especie de sistema de inmunología psicológica que nos permite mantener un nivel de bienestar psíquico estable independientemente de las circunstancias externas. Por ejemplo, Gilbert alude a un estudio en el que se analiza data que mide los niveles de bienestar psicológico de personas que han ganado millones en la lotería y los compara con los de personas que han quedado parapléjicas.

Sorprendentemente, el estudio concluye que después de un año de ganar la lotería o de quedar parapléjicos, las diferencias en los niveles de bienestar de ambos grupos no son significativas. Por eso es que Gilbert nos dice que la felicidad es sintética: nuestra psique tiene la capacidad de manufacturarla independientemente de los acontecimientos externos, y la calidad de esa felicidad manufacturada es tan genuina como la que se obtiene cuando uno se tropieza con un acontecimiento afortunado en la vida. La felicidad no es algo que tenemos que esforzarnos por encontrar: es el estado natural de una psique verdaderamente sana.

La siguiente charla TED transmite una idea más clara de lo que Gilbert quiere transmitir en su libro e ilustra otros experimentos interesantes que soportan su teoría:

Una de las conclusiones fundamentales a las que Gilbert llega en su libro es que el hecho de que nos sorprenda que los parapléjicos son tan felices como los afortunados ganadores de una lotería millonaria, dice mucho acerca lo propensos que somos a un fuerte sesgo irracional que nos impide predecir los factores que contribuyen genuinamente a nuestra felicidad.

Como corolario de esa conclusión, cabría entonces preguntarnos sobre los factores socio-culturales que refuerzan ese sesgo irracional que, a la postre, nos impide ver lo que Epicuro tiene siglos diciéndonos que está delante de nuestras narices: que el bien es fácil de procurar y el mal es fácil de soportar.

Y resulta casi irresistiblemente evidente que entre los factores socioculturales que refuerzan ese sesgo están las escalas de producción artificialmente infladas predominantes en el capitalismo de amigotes. O como Gilbert lo plantea en su charla TED:

La felicidad natural es lo que obtenemos cuando logramos obtener lo que queremos, y la felicidad sintética es lo que manufacturamos cuando no obtenemos lo que queremos. Y en nuestra sociedad, tenemos un fuerte sesgo a creer que la felicidad sintética es de una calidad inferior. ¿Y por qué tenemos esa creencia? Bueno, es muy simple. ¿Qué tipo de motor económico podría funcionar si creyésemos que no obtener lo que queremos puede hacernos tan felices como obtenerlo?

Es una pregunta sumamente interesante. Y el tratar de responderla seguramente seguirá generando conversaciones que enriquecerán el debate de lo que significa vivir una vida interesante: una vida como la que Epicuro nos invita vivir.

Qué es «las Indias»

David de Ugarte2794 ~ 26 de julio de 2014 ~ 9

Bruce Sterling contra la recentralización disfrazada de «Sharing Economy» y «Smart city»

bruce_sterling¿Qué pasa si los taxis de las principales ciudades son sustituidos por Uber? ¿Si una parte central de tu sistema de transporte urbano depende de una app basada en California? ¿Crees que un ayuntamiento podría ganarle un pulso a una multinacional así con el tipo de batallas que libra contra los sindicalistas del taxi? ¿Qué pasa cuando tus calles y tus coches son commodities que se coordinan gracias a un software y un juego de reglas que no controlas? Y tal vez lo más clarificador: ¿De verdad crees que en California dejarían que su sistema de transporte tuviera su cerebro en Barcelona?

Todas estas preguntas hacen parte de las conclusiones que sacaba Bruce Sterling sobre las «Smart Cities». El discurso sobre la «Sharing Economy» ha desviado el debate e invisibilizado el proyecto de recentralización de la red y del poder de los gigantes de Internet. Pero sigue ahí. Y como nos recuerda el padre del ciberpunk, no solo tiene consecuencias políticas en la ciudad, sino globales, geopolíticas.

¿Y entonces Sterling apuesta por cerrar la puerta de la «Sharing Economy» o la «Smart City»? En absoluto. Solo nos recuerda que es un campo de batalla en el que los distintos sujetos han de reconocer qué estructuras de red, qué arquitecturas de poder son aquellas que dibujan un mundo donde tengan espacio. Y desde luego, en la recentralización, no hay espacio para la ciudadanía.

RecetarioIdiomas

David de Ugarte2794 ~ 25 de julio de 2014 ~ 4

John Robb y las culturas económicas de la prosperidad y la descomposición

john-robbJohn Robb acaba de publicar en Amazon «The American Way: The Lost Secret to American Prosperity and How to Get it Back». Se trata de un folleto breve con una idea sencilla pero potente: el fin de la cultura económica tradicional de la clase media fue la que abrió las puertas a la crisis, y para recuperar una sociedad sana, no solo económicamente, hay que recuperar esa cultura.

Al leerlo no puede evitar sentir que aun a pesar del foco constante en EEUU, las nuevas ideas de John eran parte de algunas de nuestras últimas conversaciones.

Como muchos otros, fui a la escuela pública para hacerme con una educación básica. Mientras estaba allí, hice unos cuantos deportes para aprender trabajo en equipo, fui a la iglesia para aprender fe, canté en el coro escolar para celebrar esa fe y me convertí en Scout para aprender a servir a los demás. En el camino, aprendí el valor del trabajo, primero haciendo trabajos sencillos como recoger nieve, segando jardines y recogiendo las hojas de mi casa y de muchos vecinos mayores que necesitaban ayuda. Más adelante añadí una larga ruta de reparto de periódicos y trabajé en la granja familiar en Vermont, ayudando cuanto podía a hacer balas de heno y palear estiércol.

Como muchos estadounidenses, di por garantizado lo que aprendí durante mi crianza. Más en concreto: no aprecié el valor de los aprendizajes culturales que gané de mis padres y de otras personas de mi comunidad mientras crecía. Lecciones sobre el valor de la independencia económica, los fundamentos morales de la confianza y el optimismo pragmático frente a la adversidad.

Como a otros muchos americanos, se me dijo que esos factores culturales no eran ya tan importantes, y que las credenciales académicas, los contratos, las hojas de cálculo, las dinámicas de mercado, el riesgo, las tasas de interés y retorno y los títulos en el trabajo, y las regulaciones y otras medidas nos permitían tomar mejores decisiones económicas que liosos factores culturales. Por supuesto, descubrí más tarde, en el mundo real, que esos métodos «científicos» y cuantificables no funcionaban tan bien como se nos prometía.

Vi de primera mano el fallo que brotaba de desentendernos y pensar que los contratos detallados hasta la exageración, los incentivos y las multas podían ser un sustituto válido del comportamiento moral que construye la confianza. Experimenté, como vosotros, el peligro para el bienestar de mi familia que suponía depender de grandes empresas, del gobierno y de los banqueros, en vez de conseguir una verdadera independencia económica.

Empezamos a tomar decisiones mal cuando abandonamos la cultura económica tradicional. Una cultura hecha de moralejas, valores, virtudes, historias, experiencias y tradiciones que nos habían provisto de un sentido común económico que funcionó durante siglos. Y lo que es peor, lo remplazamos por leyes inteligentemente construidas, regulaciones, contratos y mecanismos de mercado que no funcionaban tan bien como nuestro sentido común tradicional. Por ejemplo, dimos por bueno que:

  • Endeudarse a largo plazo está bien [hipotecándose por décadas]
  • Los buenos contratos son mejores que la confianza
  • La seguridad consiste en depender para siempre de grandes empresas o del gobierno [trabajando para ellos como empleado o funcionario]
  • La protección legal y las salvaguardas regulatorias son más fiables que un comportamiento moral responsable
  • Una titulación universitaria es más valiosa que aprender algo

Todos tenemos nuestra particular memoria de la descomposición. Lo interesante es descubrir, a través de John Robb, que no estaba siendo tan diferente en EE.UU.

Juan Urrutia2130 ~ 17 de julio de 2014 ~ 0

Manifiestos

CALOR EN BILBAOLlega el calor y casi todo se hace espeso e imposible de digerir. Parece no haber nada con lo que distraer las calurosas noches de insomnio. Y, sin embargo, todavía puedo respirar un poco gracias a la estela de ese éxito de Podemos que milagrosamente me ha rejuvenecido aunque me temo que por la razón por la que es, en general, criticado: porque se supone que cuando tenga que bajar de las musas al teatro se acabará su posible relevancia; pero es que yo siempre he preferido las musas. En este tiempo de abanico aparecen, aparte susurros empresariales, tres manifiestos casi simultáneamente y los tres relacionados por la cercanía del comienzo del game of chicken entre Mas y Rajoy. El que se fotografía delante del congreso con Vargas Llosa en el centro se me antoja una simple defensa del statu quo. El de los intelectuales y artistas catalanes al que pone cara Isabel Coixet me parece que si bien no sobra, está muy cerca de ser prescindible en su federalismo para un mero lector de periódicos como yo. Y, finalmente, el que dicen promovido por Sartorius, que está más cerca de parecerse al manifiesto confederal que nunca aparecerá y que es el único que yo firmaría en el estado presente de mis convicciones políticas. Se parecería algo al último mencionado al menos en el sentido de que lo que predican para España lo entienden extendible a Europa. Ambos tienen en la cabeza lo que hace días llamaba, siguiendo a John Roemer, un equilibrio kantiano. Lo que quiero para mí, lo quiero para todos.

Mayra Rodríguez Singh95 ~ 14 de julio de 2014 ~ 4

Unuaj tagoj en Tuluzo

Dum julio ni laboros en Tuluzo por la plenumo de Eŭropa projekto. Nia unua laborsesio okazos merkrede sed ni jam de kelkaj tagoj estas en Tuluzo. Ni alvenis al Tuluzo pasintan ĵaŭdon kaj vendrede ni ĝuis nian partoprenon en la Tuluza monata manĝo-klaĉo. Bongustaj salatoj, fromaĝoj, salikokoj spicitaj per kareo kaj precipe interesaj konversacioj kiuj daŭre fruktodone ŝvebas en nia kapo. Dankon al ĉiuj pro la gastamo.

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Juan Urrutia2130 ~ 13 de julio de 2014 ~ 0

Le catorce juillet: ¡Vive la liberté!

351px-MarseillaisenoframeDos fechas hay en mi vida que no se me pasan nunca. La del dos de mayo de 1874, de la que he hablado aquí y aquí, y la del catorce juillet de 1789. Ambas están asociadas a dos himnos que en mi familia no se dejaban de cantar ningún año. El himno de los auxiliares, que volví a subir a este blog el dos de mayo pasado, y la Marsellesa. Los dos himnos son cantos de libertad, y he debido heredar de mi madre el gusto entusiasta por ese lema de la Revolución Francesa. Así que mañana lunes la Marsellesa no se me irá de la cabeza y espero que quizá este año haga el esfuerzo de aprender todas sus estrofas, incluso las más belicosas y violentas. Creo que he heredado el gusto por los gestos heroicos desgraciadamente asociados, directa o indirectamente, a la violencia. Un gasto indirecto en favor de la libertad así como un cántico a la ayuda mutua en su defensa es este otro que también solía recordar mi madre cuando se ponía épica. Casi al final de la primera guerra mundial, cuyo centenario de su inicio se ha conmemorado este año, los americanos decidieron intervenir y uno de sus primeros gestos de apoyo fue acercarse a la tumba de Lafayatte y en posición de firmes gritar “¡Lafayette, nous voici!”, aquí estamos, Lafayette, nos ayudaste a librarnos de la metrópoli en nuestra guerra de la independencia y henos aquí dispuestos a devolver el favor. Era el 4 de julio de 1917. Casi 150 años después de la declaración de Independencia que crea los Estados Unidos de América el 4 de julio de 1776, el ejército americano viene a ayudar a Francia, cuna de libertad, a mantenerla.

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