El Correo de las Indias

Una vida interesante

Grupo Cooperativo de las Indias

Juan Urrutia

Juan Urrutia 2184 ~ 17/12/2014 ~ 0

El cine y la televisión españoles

pedro casablancAyer me quedé hasta la una de la madrugada mirando TVE para ver hasta el final la película sobre Prim que ha producido y dirigido Carlos Bardem. Si el espectador no sabe casi nada de la historia de España, la película no se lo aclarará todo, pero le dará una idea y, en el mejor de los casos, le llevará a tratar de aprender algo sobre una época que precede a la Primera República y luego a la Restauración. Pero no era esto lo que me retuvo con los ojos abiertos a pesar de la somnolencia ni tampoco la calidad de la película.

Me rondaban la cabeza ideas sobre el cine español y sobre el papel de la televisión en la vida social. Después de más de un año de escuchar quejas renovadas sobre el IVA cultural y la huida del público de las salas, en estos últimos días nos hemos enterado de que los resultados de audiencia y económicos del año que ahora acaba serán muy buenos. Me pregunto si no tendrá algo que ver el hecho de que TVE dedica fondos a producir películas. E incluso si es quizá posible que el cine español no sea tan malo como en general se proclama. Si será posible que los directores, actores y demás técnicos hayan encontrado una cierta carrera que pasa por el teatro y por la televisión.

Mi sensación es que la colaboración cine/televisión es buena para la cultura y me congratulo de que esa colaboración redunde en beneficios para el sector en general, lo que muy bien podría ser el caso ya que la televisión privada está ya dentro del negocio. Pero si este fuera el caso ¿no nos debíamos preguntar si no sería bueno privatizar la TVE? En mi opinión la televisión debería considerarse como un servicio público para cuya provisión parecería natural, aunque no necesario, la aportación de todos los ciudadanos. Lo que me parece curioso es que gente que opina esto, que se privatice TVE, suele al mismo tiempo oponerse a los nuevos negocios de consumo colaborativo ya sea en el transporte en ciudad (UBER) o en el arrendamiento de pisos turísticos (Airbnb).

Bueno, no lo sé todavía aunque tenga mi voto decidido: quiero una televisión pública y unos servicios provistos de forma compartida y privada cuando se trata de transporte o arrendamientos turísticos. Pero nada de esto es lo que me retuvo ayer ante la caja tonta. Tampoco la calidad de la película sobre Prim que me pareció escasa; sino lo divertido que me resultó reconocer las caras de actores (pocas actrices había) que me resultan familiares de esta serie que una cadena privada (Antena 3) emite ahora en un horario para viejos jubilados. Me refiero a Amar es para Siempre, continuación de Amar en Tiempos Revueltos (de producción pública). Reconocí a Luis Bermejo (Paco en la serie) apenas visible en la película como un sospechoso Gobernador y a Pedro Casablanch, el ayudante del regente Serrano que hasta hace como un mes era Damián Blasco en la serie.

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las Indias 1070 ~ 16/12/2014 ~ 0 3

Lecturas interesantes del 16/12/2014

    Bremen

  • Cómo Bremen se ha convertido en el paraíso del car-sharing
    El car-sharing in Bremen comenzó en los años 90 como un club privado, poco después se transformó en una empresa de tamaño medio. A finales de los 90, la ciudad se dio cuenta de su potencial e incluyó la opción de car-sharing en la tarjeta de transporte.

    Hoy ya son más de 10 mil usuarios, Bremen cuenta con 60 puntos de estacionamiento, incluyendo 14 que además cuentan con bicicletas. El servicio de car-sharing es ofrecido por tres operadores privados.

  • Volvo venderá sus vehículos por Internet
    El grupo ahora en manos del chino Geely pone en marcha una nueva estrategia de posicionamiento y venta online. El responsable comercial de la marca aseguró no obstante que se mantendrían los dos mil concesionarios en el mundo, la mitad de ellos en Europa.

    Los especialistas no tienen claro que los clientes de vehículos se sientan atraídos por la compra por Internet. El único fabricante que lo hace en estos momento es el estadounidense de coches eléctricos Tesla.

  • Proyecto universitario adapta juguetes para niños con necesidades especiales
    El grupo de robótica de la Universidad del Miño (Portugal) un proyecto mediante el que realizan modificaciones electrónicas en juguetes para que puedan ser utilizados por niños con necesidades especiales. El programa comenzó en 2006 y cuenta con la colaboración de fabricantes de juguetes.
  • Una canción para Violeta Parra
    Volver a los 17 para no verle el hocico a los perros de la muerte
  • Pirate Bay: El Estado no puede hundir nuestra flota
    Si el Estado quiere jugar su versión de alto riesgo de «golpea al topo», no hay problema. Ya hace tiempo que conocemos los riesgos relevantes y que estamos preparándonos para devolver el fuego. Cuando el Estado no puede luchar bajo sus propias reglas y se ve obligado a regirse por las nuestras, es como un mal juego de «hundir la flota». Y el Estado no va hundir la nuestra en el futuro previsible.
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las Indias 1070 ~ 15/12/2014 ~ 0 2

Lecturas interesantes del 15/12/2014

  • El atronador ladrido del caniche y otras melodías del post-bipartidismo
    Para el próximo gobierno, la última palabra todavía la tendrá el PSOE; dados los recientes posicionamientos y encuestas, aquí apostamos por un Congreso fragmentado, exigencias mayúsculas e inaceptables de Pablemos a Guapemos, consiguiente Combo 2015 «por responsabilidad», PASOKización de los socialistas, una legislatura de completa rapiña, apaño/enjuague pastelero con CiU en Cataluña, la recuperación que pueda proporcionar la manguera del BCE si Merkel no la pisa demasiado, y mayoría absoluta de Podemos para 2019 a más tardar, con el PSOE convertido en mero partido regional andalucista y el PP perdiendo medio electorado a manos de VOX. Y recuerden: pase lo que pase, LPD lo vio venir.
  • El poder de Podemos
    No existe en Podemos un sistema que otorgue origen popular a su voto en el Europarlamento. De esta manera, la deliberación online está divorciada del testimonio político formal. Y esto es un talón de Aquiles, porque la clave en política no son las declamaciones, ni la poesía, ni las buenas palabras sino las garantías. Y, en este punto, Podemos no las da.
Juan Urrutia

Juan Urrutia 2184 ~ 15/12/2014 ~ 0

Sistema complejo

sistemas complejosJuan de Mercado, el 08 del 06 del 2012, y usando el conocido chiste de que «hay tres economistas, uno que sabe sumar y otro que no» escribe que, en ciertos temas, hay economistas que parecen no saber sumar. Aplica Mercado esta sencilla idea a varios temas entre ellos esa idea que hoy renace de repartir el trabajo reduciendo la jornada laboral. Ideas como esa, que a un lego le parecerían obvias no lo son tanto si caemos en la cuenta de que un sistema económico es siempre complejo. Esto es lo que decía al respecto:

Los sistemas económicos son complejos. En ellos, cada variable depende de los valores actuales y futuros de muchas otras, las cuales a su vez dependen de los valores actuales y futuros de las primeras. Es más, estas relaciones de dependencia son cambiantes en el tiempo, dado que las decisiones que toman los agentes económicos varían en función de sus expectativas sobre el comportamiento actual y futuro de otros agentes. Es por ello por lo que la evaluación de medidas de política económica requiere el uso de modelos económicos (que, necesariamente, han de ser dinámicos, es decir, han de tener en cuenta el futuro, de equilibrio general, es decir, han de tener en cuenta la determinación conjunta de todas las variables, además de lógicamente coherentes, es decir, adecuados a la cuestión que se quiere analizar).

La apelación a la complejidad de un sistema sin más me pone nervioso y me enfada.

Para empezar porque, si esto es así en un sistema específico cabría preguntarnos por qué no se aplica la teoría de sistemas complejos a fin de encontrar una respuesta. Un sistema complejo suele tener soluciones múltiples y cabría que, en ciertas condiciones, la reducción de jornada tuviera sentido más allá del mero reparto de una cantidad dada de trabajo medida en horas entre más trabajadores trabajando menos cada uno de ellos.

Pero hay otras razones para mi enfado. No se puede pues hablar de sistemas complejos sin plantearse cómo diferenciar entre teorías reflejadas en modelos complejos. ¿Podemos continuar con el falsacionismo popperiano? Según este criterio deberíamos mantener una teoría hasta que se haya probado falsa; pero lo que está ocurriendo alrededor, por ejemplo en Macro, es que se mantienen aunque estén muy cerca de que hayan sido probadas falsas y se mantienen porque el grupo social de quienes practican esta rama del saber es muy poderoso académicamente. Hay pues que abandonar el falsacionismo e inventarnos otra manera de palpar nuestro camino hacia la verdad. Sugiero que consideremos como criterio de verdad no la correspondencia entre la idea y la cosa, sino la idea que más ha costado parir, esa idea que se ha impuesto al grupo a pesar de la dinámica compleja de ese mismo grupo y que está por debajo del poder académico.

Ya comprendo que esta sugerencia no es muy seria, pero a mi edad uno empieza a creer al cuerpo, es decir a lo que se impone a su mente.

David de Ugarte

David de Ugarte 2841 ~ 15/12/2014 ~ 4 ~ 0 31

El nacimiento del kibbutz

mujeres marchando al trabajo en el kibbutz

Antes del kibbutz

realidad-fnjPalestina en 1905 está divida entre varias unidades administrativas menores del imperio otomano. Son inexistentes las comunicaciones e infraestructuras modernas, el atraso es brutal, el gobierno es todo lo corrupto que se puede imaginar y cada vez más campos son abandonados por la inseguridad o la dificultad para hacerlos mínimamente provechosos.

La población musulmana, de medio millón de personas, es mayoritaria. Solo 25.000 de más de un millón de refugiados judíos que han huido de las masacres desde el Este europeo hacia Occidente, se han asentado en la región.

Moshavot: Las ecoaldeas de la época

poster-fnjEl sueño sionista que alienta a la minoría que emigra a Palestina pasa por crear una nueva clase de labriegos y agricultores independientes. La fórmula, la moshava, se parece a la de las ecoaldeas actuales: una cooperativa que pone en trabajo las tierras, crea unas infraestructuras mínimas y después las lotea entre los socios que se transforman en propietarios individuales de una determinada parcela. Las moshavot son financiadas en su mayoría por la Asociación Colonizadora Judía (ACJ) (dedicada a crear granjas para los refugiados en Argentina, Canadá, Turquía y muchos otros lugares) y el Fondo Nacional Judío, fundado cuatro años antes. Pero estas organizaciones hasta 1920 solo comprarán tierras baldías o abandonadas por los latifundistas locales. El patrimonio comprado con estos fondos no es más que una colección de pedregales, pantanos y secarrales de difícil provecho. Las moshavot se sostienen gracias a continuas refinanciaciones del capital solidario internacional y para colmo, el tipo de cultivo posible -en su mayoría frutales y vides- exige la contratación de mano de obra -tanto judía como musulmana- en unas condiciones que escandalizan al pequeño movimiento de trabajadores judíos organizados.

La joven emigración socialista

comuna de haderaEste germinal movimiento obrero se verá reforzado por la llegada de una nueva oleada de emigrantes (la «segunda aliyah») que huían de los pogromos en Rusia y de la represión que siguió a la revolución de 1905. Los recién llegados unían convicciones socialistas al ideal sionista. Los más jóvenes se integran en las primeras «granjas preparatorias» de la ACJ. El objetivo de estas instalaciones es enseñarles los trabajos propios del jornalero y el peón de estancia al tiempo que se aclimatan a la región. Comparten casas y de forma espontánea ponen los ingresos en común. Les empiezan a llamar comunas. Emerge entre ellos un sentimiento de fraternidad azuzado por la dureza del trabajo y la vocación de convertirse en «conquistadores de tierra», es decir los que al limpiar pedregales y preparar las tierras para el cultivo, hacen posible su colonización posterior.

shohatPero son muy críticos. Les disgusta el carácter que están tomando los moshavot, su dependencia de la ayuda internacional, la vigilancia constante de los gestores… los roces con la administración del movimiento sionista y con los colonos se hacen cada vez más frecuentes. Una emigrada rusa, Manya Willshevitz, Shohat, propone que se les permita la autogestión, es decir, que se les considere una unidad autónoma de trabajo, la kvutza, a la que se contrate en bloque para desbrozar y preparar un territorio para su colonización como si fuera un proveedor externo. La idea de convertirlos en cooperativas de trabajo no era inocente. Shohat se había formado en el partido eserita, el heredero de la tradición campesina revolucionaria rusa, y pensaba que el futuro pasaba por crear colonias campesinas igualitarias… lo que en ese momento era poco menos que herético, tanto para los partidos obreros judíos -que pensaban que una colonización obrera generaría pequeños capitalistas rurales en vez de un proletariado agrario- como para el movimiento sionista -convencido de que el futuro pasaba por una amplia clase de labriegos independientes y no por experimentos socializantes.

Pero para 1909 la situación de la colonización agraria es motivo de desespero para casi todos. Las condiciones de trabajo son durísimas, las condiciones higiénicas lamentables, las canalizaciones de agua precarias, los ataques de bandidos beduinos – que ya habían llevado al abandono de no pocos pueblos árabes- se cobran cada vez más víctimas judías, las enfermedades y la mala alimentación diezman a colonos y trabajadores. Cunde el desánimo y se multiplican las deserciones.

Degania

degania-primera-construccionUno de esos grupos de «conquistadores de la tierra» es la «comuna de Hadera». Les llaman así porque han hecho una huelga en una moshava de la ACJ con ese nombre. El administrador, Ruppin, les sugiere que dejen el asentamiento pero contemporiza ofreciéndoles trabajar como kvutza en un terreno llamado Um Juni, junto al mar de Galilea. Son apenas una docena de muchachos con una media de edad de 18 años. Piensan que no estarán a la altura -el lugar es especialmente difícil- y lo rechazan. Finalmente va otro grupo de seis personas. Cuando acaban su contrato, un año después, Ruppin vuelve a ofrecerles el trabajo. Las herramientas serán financiadas por la ACJ, tendrán que vivir de lo que obtengan de la tierra y pagar sus deudas con el excedente que se genere. Esta vez aceptan.

Degania base definitivaEs otoño de 1910. Aunque formalmente siguen siendo un «empleado colectivo» del movimiento sionista, el humor está cambiando. Se proponen demostrar que «un trabajador puede vivir de los frutos de sus propio trabajo». En agosto de 1911, cuando acaban la primera siega de granos, cambian el nombre de Um Juni. Ahora se llamarán Degania, flor de gramínea.

Degania primera casaCompran la primera vaca en las montañas del Golan. Miriam Baratz, que venía desde la época de la comuna dedicándose a la cocina y la limpieza, solicita trabajar haciéndose cargo de ella. Es una idea atrevida. Hasta entonces las mujeres no participan de los trabajos «productivos». Se rechaza. Miriam se hace amiga de una mujer musulmana de un pueblo cercano. Ella le enseña a ordeñar, hacer mantequilla y cuidar las vacas. Una noche ordeña y hace el trabajo antes de que se levante nadie del kibbutz. Cuando lo hacen la leche está ya hervida y lista para el desayuno. La asamblea de la kvutza, asume el error y declara el derecho al trabajo productivo de las mujeres.

Degania Miriam BaratzDeganiaEn 1912 mudan el asentamiento dentro de la propiedad, deciden renovar el contrato y convertirse en un asentamiento estable. El primer kibbutz empieza a tomar forma con la cosecha. La nueva instalación, que todavía se conserva, se estrena con la boda de Miriam y Yosef Baratz. Shmuel Dayan propone entonces que no haya más matrimonios durante al menos cinco años. Son extremadamente jóvenes y temen que la formación de parejas ponga en jaque lo más preciado que tienen: la vida comunitaria. Pero es el propio Shmuel el que rompe la norma antes de un año cuando se enamora de Dvora, una joven inmigrante recién llegada de Rusia.

Degania Dvora y Moshe DayanDegania Yosef y Miriam BaratzEn 1913 nace el primer niño del primer kibutz, Gideon Baratz y en 1915 el segundo, Moshe Dayan. El trabajo es durísimo y al principio apenas permite la subsistencia. Más de la mitad sufren ataques periódicos de malaria. La sensación de aislamiento es abrumadora, rara vez llega algún periódico y la vida cultural es casi inexistente. Los relatos y memorias de aquellos años son conmovedores, llenos de una energía y fraternidad intensas que se tornan dramáticas cuando en noviembre de 1913 muere uno de ellos en una incursión beduina.

comuneros de deganiaCon los niños surgen nuevas preguntas. ¿Qué hacer con ellos? ¿Son responsabilidad solo de sus padres? Miriam acude a ordeñar con su hijo a cuestas y canta feliz mientras el niño, con la cara llena de moscas, ve trabajar a su madre. El kibbutz discute si despedir al profesor de hebreo, el único lujo cultural que pueden permitirse, para contratar a una cuidadora. Estamos ya en 1916. Hace dos años que disfrutan ya de su primera máquina, una trilladora, y hay un pequeño excedente.

yosef bussel deganiaYosef Bussel hace la propuesta que dará forma definitiva al kibbutz: la responsabilidad colectiva sobre la crianza. Los niños y los gastos derivados de ellos serán gastos comunitarios, asumidos por el fondo general. Durante la jornada de trabajo de los adultos -de sol a sol- una o varias personas, como parte del turno de actividades rotatorias, cuidarán y educarán a los niños. Tras el trabajo y la cena de los mayores, los niños tendrán su tiempo separado con los padres. A diferencia de lo que será común en los demás kibbutz, en Degania, dormirán siempre con ellos en sus habitaciones.

Degania niñosLa plena igualdad, política y productiva de las mujeres, la aceptación de la pareja como una institución fundamental del kibbutz y la comunitarización de la crianza, fueron las tres decisiones que permitieron al kibbutz estabilizarse y consolidar un modelo que se definía por la comunitarización de la producción y el consumo y la permanencia en un lugar determinado. Las tierras seguían siendo «nacionales», lo que les permitió ser aceptados tanto por el movimiento obrero judío como por las agencias sionistas como parte del movimiento, y con el tiempo, como un modelo válido para el futuro de la colonización.

El debate sobre las escalas y el crecimiento

deganiaY es que la clave a las finales era la viabilidad económica, tanto más urgente durante los años de la primera guerra mundial en los que las donaciones y aportes financieros europeos y norteamericanos flaquearon. El kibbutz, a fuerza de voluntarismo y gracias al extra de eficiencia que permite compartirlo todo, había llegado mucho más lejos que la pequeña propiedad y en los años siguientes llegaría más lejos que los modelos cooperativos clásicos nacidos a partir de la moshava.

La primera expectativa era el crecimiento, «escalar» el kibbutz para dar cabida a la nueva oleada de refugiados y emigrantes. Pero en 1917 los deganianos albergaban serias dudas sobre la escalabilidad de su modelo y aun lo harían durante muchos años. El primer intento de crecimiento no había salido bien. De la docena inicial habían pasado a casi medio centenar de personas y no estaba resultando fácil. La brecha entre los fundadores y los recién llegados era grave. Los «jóvenes» se habían rebelado para exigir la plena membresía y en un principio los fundadores cedieron. Pero no por eso vino la estabilidad. Los deganianos originales sentían que el crecimiento rápido ponía en cuestión la naturaleza de lo que compartían con los demás. Y en 1917 hicieron un discurso que les haría perder protagonismo y prestigio: el kibbutz no era para cualquiera, aseguraron, la vida comunitaria exige una actitud que no puede darse por hecha en cada nueva persona que llega. Establecieron un riguroso sistema de selección, un largo periodo de prueba y un tamaño máximo de 10 familias.

Crecer y comprometerse

bote deganiaEso no quería decir que se desentendieran de los nuevos emigrantes. En primer lugar entendían la mejora de su modelo como un aporte y dedicaban tiempo y esfuerzo a formar a los que habrían de ser pioneros de otros «kibbutzim pequeños». Y, como comunidad, dedicaban horas a crear servicios públicos para los inmigrantes, como un orfanato para las víctimas de la guerra. No eran compromisos declarativos: en 1916 durante uno de esos viajes, cruzando el mar de Galilea en un bote con vela, una tormenta súbita sorprende a Bussel. Inmovilizado por un ataque de malaria no puede nadar y muere ahogado. Con él muere el propositor de las soluciones más imaginativas del modelo kibbutziano.

Cuadrilla del Gedud haciendo una carreteraPero las críticas al modelo del «pequeño kibbutz» no se hicieron esperar. Kinneret, en principio un intento de colonia que había fracasado y tomado a Degania como modelo, se decidió por ensayar el crecimiento rápido. El resultado fue una gran rotación de las personas en la kvutza y la imposibilidad de cuajar como comunidad. Entre una cosa y otra, la viabilidad económica se resintió duramente.

Algo parecido -aunque con contextos mucho más complicados que no vienen al caso aquí- ocurrió con el modelo del Gedud. El Gedud, en principio la organización nacional de los kvutzim, los grupos de trabajo, aspiraba a convertirse en una gran red de kibbutzim capaz de generar escalas financieras y una división del trabajo tal que le permitieran funcionar como una economía paralela y en el futuro «desenchufar» la economía kibbutziana del mundo capitalista.

laviParte de las críticas que habían estado en la base del modelo del Gedud, sí que tenían relevancia y acabaron aportando en su momento forma al kibbutz. Su autor, Shlomo Levkovitz, Lavi, comenzó criticando el «anti-intelectualismo» que los deganianos habían desarrollado en su rechazo a la inoperancia del sionismo de izquierdas europeo: «han hecho una revolución pero su pensamiento es tan pobre como antes». Los kibbutz del Gedud ensayarían una especie de blogs de la época: unos «diarios comunitarios» donde los miembros discutían y relataban su propia experiencia, sedimentando los aprendizajes, creando contextos comunes y el embrión de una cultura kibbutziana.

pioneros en ein harodLavi denunció la confusión entre la falta de espacio para la individualidad, producto necesario de la escasez extrema, con la vida comunitaria. Mayores espacios de libertad individual nacerían de una mayor productividad, aseguraba con razón. Y para alcanzarla proponía compaginar la producción agrícola con la industrial… pero para esto, con las tecnologías de la época, hacía falta crecer y crecer mucho. Lavi soñaba con un kibbutz, o una red de ellos, de 3000 miembros, así que criticaba ácidamente el rechazo a abrirse de Degania como un «miedo al exterior» sin entender sus fundamentos reales. Pero había puesto el dedo en la llaga de algo importantísimo. La obsesión sionista por lo agrario se justificaba por la necesidad de territorio para sostener el futuro estado judío, pero una economía que quisiera servir a una sociedad igualitaria con cierto bienestar no podía centrarse en el campo, sino allá donde se generase más valor, donde la abundancia pudiera al menos entreverse como horizonte.

Los costes del crecimiento rápido

kibbutz hiladoEn aquel momento, el camino era la industria. La cuestión es que con las tecnologías de la época, eso no era posible sin ir más allá de los tamaños en los que la vida comunitaria es viable. Así que Lavi y el Gedud incorporaron un discurso estructuralista que reducía la comunidad a fondos e instituciones comunes, negando las relaciones interpersonales como fundamento de la comunidad.

Al reducir el periodo de prueba a tres meses y aprobarse las admisiones por mayoría simple (frente a la unanimidad exigida por el modelo de «pequeño kibbutz»), la volatilidad y rotación aumentaron desmesuradamente. El Gedud sentía que al final se había convertido en una escuela que formaba gente para otras iniciativas sin conseguir crecer nunca. La inversión en formación rara vez se recuperaba y acabó exigiendo al movimiento sionista una suerte de compensaciones por ello. Para disgusto de los fundadores además, los miembros, emocionalmente doloridos por las constantes entradas y salidas acabaron generando un ideal de la «auténtica persona del Gedud» que en la práctica suponía endurecer los criterios de admisión.

Si la perspectiva de la abundancia había demostrado su necesidad, la importancia de los lazos interpersonales y la necesidad de construir realmente comunidad, no podían ser ignorados.

Las edades del kibbutz

asamblea kibutzLa síntesis de todos estos debates en la primera década del kibbutz vino impuesta por las necesidades económicas pero también por la experiencia de los crecimientos en falso.

Sin grandes teorizaciones, se rescataría del modelo de Degania, la centralidad de la experiencia comunitaria y -al menos en las primeras décadas- una conciencia clara de los límites de escala. Pero a esto se le añadiría la conciencia de la necesidad de espacios para la creación de cultura común y la búsqueda de las tecnologías y sectores productivos que generaran más y más valor a partir del trabajo y la producción comunitaria, que había defendido Lavi.

Entre Degania y la primera generación de kibbutz que se estabilizaron, la convergencia en el modo de vida y organización emergió con la práctica, igual que pasó con las formas de gobierno. En las primeras etapas de un kibbutz, no hay casi división del trabajo en la gestión y todas las decisiones se toman en «la mesa». Tanto es así que «mesa» se hace sinónimo de comunidad en los kibbutz jóvenes. Pero cuando el número de comuneros creció, la mesa ya no era operativa. Se pasa a un modelo de asamblea semanal con responsables de áreas concretas que cambian cada tres o seis meses. El trabajo de administrar, contabilizar y la voz de comando frente a una emergencia se unen a la lista de tareas -como las labores de «canguro» o la lechería- que los comuneros realizan por turnos. Todos hacen de todo, todos aprenden todo.

Mucho más que un experimento

Jóvenes del kibbutz camino de recolectar tomatesLos creadores del kibbutz no estaban influidos por la historia de las comunidades igualitarias que les precedieron. Tampoco por la ideología. Eran jóvenes desarraigados, activistas y anti-intelectuales. Sus referencias -el nacionalismo sionista y un genérico socialismo- no les inclinaban al comunitarismo, más bien al contrario. El kibbutz fue una respuesta práctica, no la materialización de una ideología previa. Y tanto más lo fueron sus peculiaridades organizativas. A veces parece que cada nueva generación del movimiento comunitario tenga que aprender, con dolor, las mismas cosas: la centralidad de la comunidad, el mercado como fuente de soberanía, la necesidad de eliminar la generación artificial de escasez, los límites de escala, la imposibilidad de integración instantánea, la necesidad de deliberación permanente…

Por eso el kibbutz es mucho más que un experimento y su importancia excede con mucho los límites históricos y geográficos del estado de Israel. Los kibutznik no eran comunitaristas y de hecho tardaron muchos años en aceptar que el sistema de Degania era mucho más que un estadio transitorio. Reconocer que era la vida que querían para sí y para sus hijos significó dejar de pensar la comunidad como un medio más de la «causa mayor». Y no fue fácil. Al recuperar hoy su historia es fácil darse cuenta de que esa radical honestidad impregna todas sus evoluciones y debates, un legado que conforma el corazón de la experiencia comunitaria del siglo XX.

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las Indias 1070 ~ 12/12/2014 ~ 0 2

Lecturas interesantes del 12/12/2014

Qué es «las Indias»

Juan Urrutia2184 ~ 13/12/2014 ~ 0

Mis adminículos

bilbaobaldosaTengo un buen y querido amigo que dice a quien quiera oírle que me conoció con boina, paraguas y barba. Yo siempre aclaro que se confunde y que nunca he llevado esos tres adminículos juntos. Y es verdad, pero creo que también lo es, y debo confesarlo, que dependiendo del tiempo, a veces sí que llevo tres adminículos curiosos juntos, pues aunque la barba no duró mucho, la que siempre va conmigo es la gabardina, esa prenda que ya solo llevamos los muy mayores pero que, en mi caso, no deja obsoletos ni la boina ni el paraguas. Quizá esto es así pues hubo un tiempo, allí en mi infancia bilbaína, en el que sí que me protegía con boina, paraguas y gabardina en mi camino al colegio. Hacía frío, humedad y una fina lluvia que nunca cesaba de manera que, al acarreo de los libros escolares, debía añadir cada día esas tres defensas contra el mal tiempo. ¡Aquello era vida! Sobre todo por la tarde, después de comer en casa y de asistir a las clases hasta las siete de la tarde. Volver a casa era como una aventura de Salgari. Siempre lloviendo, casi siempre oscuro como una noche casi cerrada y con un frío que la gabardina no podía contrarrestar. Caminaba rápido, con ganas de protegerme, pero sobre todo de disfrutar de las sorpresas que me podrían estar esperando en casa una vez desembarazado del paraguas, la gabardina y la boina. Escribo esto cuando, por fin ha llegado a Madrid lo que la gente llama el mal tiempo, ese que yo asocio a la felicidad en mi Bilbao infantil con un clima que me llevaba allí, y hoy me lleva aquí, a caminar al ritmo exacto de lo que se llama vida, algo entre la nostalgia y el aburrimiento pero siempre presidido por esa todopoderosa esperanza exaltada de las sorpresas que me esperaban al llegar al calor del refugio, esperanza exaltada esta que, pase el tiempo que pase, nunca acaba por apagarse o serenarse.

RecetarioIdiomas

Diccionario de Go/Baduk/Weiqi

Cursos de Go Baduk Weiqi

Carolina Ruggero144 ~ 09/12/2014 ~ 1 3

Lugo de noche y con amigos

Aprovechamos un viaje de trabajo a Gijón para ir unos kilómetros más y visitar a nuestros amigos en Lugo. Aquí el escaso testimonio de un fabuloso paseo nocturno. El análisis comparativo sobre a qué se llama tapa, queda para otro relato.

Lugo 1

Muralla de Lugo

Juan Urrutia2184 ~ 06/12/2014 ~ 0

Tximeleta y Wittgenstein

tximeletaSe ha roto la racha y por primera vez en mucho tiempo nuestra venida a Bilbao no ha traído el sol consigo. Hace un tiempo de perros y los yates del Abra apuntan su proa hacia el noroeste evidenciando el que denominamos viento gallego, el que, a diferencia del francés, trae el mal tiempo. Graniza y hace frío y me paseo por nuestra casa renovada tratando de encontrar el sitio adecuado para cada cuadro pues el cambio del entorno exige una renovación de lo que lo enmarca. Pero lo que da forma y sentido a un entorno no son solo los cuadros; también cuentan otros elementos. Como, por ejemplo, las mesitas bajas. La nueva del salón tiene forma de ala de mariposa y debe ser por eso que, tomando la parte por el todo, recibe el nombre comercial de tximeleta. Se me ha ocurrido que cuando llegue el momento de volver a LA para siempre puedo ocupar mis mañanas en escudriñar por donde sopla el viento y colocar la proa de esa mesa tan ligera en dirección al viento que toque. Una forma esta de no distinguir el interior del exterior añadiendo un intento más a esta tarea terca en la que estoy enganchado y que trata de escapar de la prisión del lenguaje siguiendo la estela de Wittgenstein. Quizá algún día pueda decir que yo hablo y que ya no es cierto que el lenguaje me habla. Pero quizá esta tarea pueda ir más allá de lo esperado e invertir los términos. Estoy dispuesto a sugerir en el Ayuntamiento que proporcione boyas adicionales de forma que todos los yates estén amarrados a dos boyas simultáneamente comprometiendo así la dirección de su proa. El viento habrá dejado de ser un fenómeno del exterior y se habrá convertido en una característica identitaria de mi casa cuya tximeleta habrá de ser consultada por los meteorólogos.

Juan Urrutia2184 ~ 03/12/2014 ~ 0

Adios al lenguaje

La última película de Jean-Luc Godard: un joven de 84 años que se da cuenta de lo que aquí hace tiempo llamé el fin de la heurística y de la concomitante obligación de subvertir el lenguaje para que no caigamos en el engaño de creer que las cosas tienen sentido porque podemos contar historias. En la discusión en la que me enzarcé en ése post Godard habría estado de mi parte y lo muestra ya desde el título de esta película, «Adiós al Lenguaje», de donde sale el título de este post.

A los dos días de disfrutar de la película de Godard escuché con relativa atención una conferencia de Fredric Jameson sobre la globalización y la representación en la que este señor tan serio nos venía a contar que la globalización en la que se habría desarrollado la postmodernidad en el campo cultural era muy difícil de representar en sí y que no daba origen a ninguna forma realmente novedosa de representación de uno u otro tipo que mereciera ser entendida como cultura. En la discusión del post citado hubiera estado en el otro bando junto con Vargas Llosa y tratando de relacionar el «High Frequency Trading» (aunque no pronunció estas palabras) con la falta de sentido de las producciones que pretenden ser cultura y no son sino mercancías en un mundo en el que el capitalismo ya no tiene alternativa. Ambos Godard y Jameson son o han sido marxistas y esta forma de ver el mundo les ha condicionado su discurso. Pero mientras uno ha renunciado a esa representación de las épocas históricas, el otro continúa buceando en esas aguas en busca del sentido de las formas de representación en el siglo XXI. A este crítico de la cultura se le entiende todo, es un profesor frankfurtiano y, por tanto, se entiende también cuando no acierta con su diagnóstico. Al primero, que es un artista, que ha renunciado a entender o a explicar, no se le entiende nada y por eso es mucho más didáctico pues nos enseña que «allá nosotros», una de las pocas cosas que hoy se pueden enseñar sin sentir el ridículo.

las Indias1070 ~ ~ 01/12/2014 ~ 0 7

Economía Directa en la UCM

publico ucmHoy nuestra compañera María Rodríguez estaba invitada a participar en una mesa redonda con dos ilustres: José Manuel Pérez Díaz-Pericles, de Ashoka, y Paloma Castellano de Wayra, sobre nuevas formas de emprendimiento. María se centró en explicar la Economía Directa desde las posibilidades que abre para los desarrolladores y desde nuestra propia experiencia con los proyectos que están en desarrollo en el El Arte de las Cosas. Muchísimas gracias a Sara y Samer por invitarnos un año más, a Pericles y a Paloma por el gran rato juntos y a todos los asistentes por la atención. Ojalá el año que viene podamos mostrar algún proyecto en marcha que empezó a cuajar hoy!
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David de Ugarte2841 ~ 01/12/2014 ~ 2 10

Go Seigen ha muerto hoy

go seigen cumple 99 años«Go Seigen», el «espíritu del Go», ha muerto hoy a los 100 años. Sus partidas, fundamentadas como experimentaciones filosóficas, nos hablan de la incansable búsqueda de sentido de quién fue un pacifista radical en un siglo de guerras, un apátrida a caballo de dos potencias enemigas. Go Seigen siguió jugando, enseñando y retándose a si mismo hasta el final y hasta el final abrió perspectivas rompedoras.

No ha muerto solo el mejor jugador de Go del siglo XX -y quizá de los 4000 años de historia del juego- ha muerto el último de los grandes maestros formados en la tradición medieval budista, en el Go monacal y precapitalista anterior a la profesionalización deportiva.

Sus partidas podrían contarnos los anhelos y contradicciones de tres siglos. Quedarán como un hermoso monumento intelectual a la capacidad de cuestionar y abordar de forma nueva todo lo que se da por hecho, empezando por uno mismo.

David de Ugarte2841 ~ ~ 30/11/2014 ~ 2 8

¿Epicureísmo steampunk?

EpicuroDiógenes Laercio, cinco siglos después de la muerte de Epicuro, cuenta que aun en vida, «el número de sus amigos es tan grande que se los podría contar por ciudades enteras». Aunque es cierto que los miembros de los «jardines epicúreos» se llamaban «amigos», siempre interpreté que se trataba de una hipérbole, pero viendo el vídeo sobre el epicureísmo de «The School of Life», descubro que cifran en 400.000 el número de personas que llegó a vivir simultáneamente en aquellas primeras comunidades durante el momento álgido del movimiento. Estoy buscando otras fuentes, pero de no ser un error, cuadruplicaría la población máxima alcanzada durante el siglo XX por los kibbutz israelíes, considerados el mayor movimiento comunal de la época contemporánea. Es más, dado que la población del territorio romano en los dos primeros siglos parece que pudo rondar los cinco millones, el comunitarismo epicúreo habría agrupado en una economía alternativa, sin esclavitud, a un 8% de la población del entonces naciente imperio. El dato resulta sorprendente y me obliga a mirar esa época desde un punto de vista completamente nuevo.

Por cierto, que las investigaciones sobre el mecanismo de Antikythera apuntan a que el nivel de desarrollo tecnológico en ciertos campos durante la Antigüedad grecolatina era sensiblemente mayor del que hasta ahora pensábamos: el sofisticado mecanismo no era una pieza única y utilizaba piezas de precisión que parece que no habían sido fabricadas ex profeso para construirlo sino que eran producto de una industria más amplia.

Si estiramos literariamente estos dos datos, el resultado podría ser, un tanto al modo steampunk, un relato ambientado en una cotidianidad paralela a la de los «grandes hombres» del fin de la república y el comienzo del imperio. Imagino como marco una comuna en la que intentan desarrollar un mecanismo que, acorde con la Física de la escuela, tratara de calcular las órbitas planetarias con tecnologías mecánicas que serían hoy envidiadas por los relojeros suizos. Me cuesta imaginarlo, la verdad, pero me encantaría leer una novela ambientada entre comunidades epicúreas de la Tingitania o la Bética del siglo I…

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