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11-M: el futuro fue ayer

Al margen e independientemente de la autoría definitiva del 11-M, el análisis tecnológico del atentado de ayer marca una frontera. España y con ella Europa entran en un nuevo tipo de guerra con un nuevo tipo de enemigo. El campo de batalla son las redes, la información clave es pública, las armas de destrucción masiva están al alcance de los asesinos en todo momento y a bajo coste. Y esto ya no es la virtualidad: los muertos son reales. Hemos entrado en la Sociedad Red por la puerta más terrible. Toca replantearse todo.

“ETA ha vuelto a matar en Madrid… porque tiene que ser ETA“, decía la presentadora del Telenoticias de Telemadrid, confesando la necesidad de que el enemigo tuviera una cara familiar. El horror del 11-M es tal que todos en España, desde los servicios de Inteligencia a la presidencia del Gobierno necesitaban un punto de arranque desde el que entender qué estaba pasando. ETA es un enemigo conocido frente al que se sabe que hay que hacer. Es nuestro cancer. Doce horas después todos los discursos de los líderes políticos quedaban irremediablemente viejos. La hipótesis de que la autoría perteneciera a un grupo miembro de la red Al-Qaida se abría y con ella una nueva luz empezaba a calar en las conversaciones. Tanto si se trata de una nueva estrategia de la banda terrorista vasca como si se trata del primer ataque de la red fundada por Ben Laden, estamos frente a un nuevo enemigo. Este es el siglo XXI. Toca abrir los ojos y entenderlo de una vez.

Un nuevo horror: netwar contra redes civiles

El atentado de ayer es radicalmente diferente comparado con todo lo que hemos sufrido hasta ahora. Ha sido el más mortal de nuestra historia porque ha usado una tecnología desconocida en nuestro suelo, la misma del 11-S en Estados Unidos. El 11-M ha sido un acto de netwar, terrorismo de red, el horror del siglo XXI en forma estricta.

Estructuralmente el atentado ha sido, como el 11S, un hacking al sistema público de transportes. Los terroristas han entrado en la red ferroviaria usando su propia estructura para colapsar el sistema maximizando el número de bajas. Sólo un error de nuestra propia red, el retraso de dos minutos de un tren, evitó que la matanza fuera aún mayor y culminará con la demolición de la estación de Atocha.

La base tecnológica del atentado de ayer no estuvo en el tipo de arma sino en la forma de organización: fue un atentado de red, netwar en estado puro: las redes son el campo de batalla y nuestros sistemas civiles el arma que los asesinos usan contra nosotros. Pero hay mucho más, la info clave es pública, el seguimiento de los terroristas no se basa en células de información que persiguen los movimientos de las futuras víctimas, sino en datos que eran públicos y accesibles en cualquier guía turística de Madrid: el horario de trenes de cercanías y la estructura arquitectónica de la estación de Atocha.

En el mundo red cualquiera con voluntad de hacerlo y una mínima estructura puede hackear el sistema. Eso, que nos hace libres como nunca fuimos, tiene una vertiente maravillosa: el software libre, la libre distribución de música, las redes sociales de solidaridad, la prensa electrónica… Pero también tiene una vertiente terrible: nunca el sistema había sido tan débil, tan fragil como es ahora, la posibilidad de hackear el sistema también está abierta para los asesinos. Las nuevas armas de destrucción masiva son el producto de la unión de información abierta y armas convencionales fácilmente asequibles por cualquier red criminal.

Red contra netwar

Pero ayer también fue el día en que emergieron las redes civiles y en las que las tecnologías de la información se revelaron como lo que han de ser: el arma con que defendamos la sociedad civil. Desde el primer momento, la red de telefonía móvil y sobre todo el SMS (los servicios de voz se colapsaron en el centro de Madrid) permitieron la emergencia de una red “espontánea” de voluntarios que donaron sangre, socorrieron a las víctimas y enfrentaron las consecuencias del atentado con una masividad y agilidad impensables desde los medios del Estado, escuetos ante tanto horror. Internet multiplicó por ocho su uso y el listado de heridos del Ministerio del Interior sirvió para que desde toda España las familias buscaran a amigos, hijos y familiares. Pero en general, la debilidad en la implantación de las herramientas de la Sociedad Red entre la Sociedad Civil y el Estado en España, mermaron nuestra capacidad de respuesta.

¿Somos un gran país?

“Somos un gran país“, decía en su discurso su Majestad el Rey. Lo que nos demuestra el 11-M es que si no llegamos a ser una gran nación red, desde luego dejaremos de ser. Para serlo hay antes que replantearse nuestra perspectiva y nuestra mirada como país. Y el caso es que fuimos uno de los países donde menos entendimos las consecuencias del 11S y lo que significaba. Junto con Italia, somos el país más “antiglobi” de Occidente. Nuestra opinión pública es capaz de creer cualquier tipo de leyenda urbana con tal de que su rechazo al progreso, su antiamericanismo y su antisemitismo sigan inconmovibles. La verdad es que somos un país cuya opinión pública ha sido capaz de disculpar el horror del 11S… Puede que ETA haya mutado y se acabe de unir a esta lista terrible. En cualquier caso, sea ETA o Al-Qaida el organizador de la masacre de ayer, lo que es evidente es que nuestros enemigos ya han llegado al Siglo XXI y nosotros no, nuestra organización civil en red sufre enanismo y nuestra comprensión del mundo se niega a admitir lo que representan la unión de globalización y Sociedad Red, es más se niega a admitir que esa y no otra es la realidad y que toca no pronunciarse, sino asumirlo y luchar con nuevas armas propias de los nuevos tiempos.

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