El Correo de las Indias

Una vida interesante

Grupo Cooperativo de las Indias

Al Qaeda, Megauploads y el síndrome de Sarah Connor

Lejos de derrotada, Al Qaeda crece y tiene más poder y militantes que nunca. La élite mexicana reconoce su fracaso y se apresta a una «conferencia de paz» con el narco. ¿Qué tiene esto que ver con la «operación Megaupload», la ley Sinde o SOPA? Todo.

2011 será recordado, entre otras cosas, como el año en que murió Bin Laden. Mayo fue el mes de la gran fiesta de la inteligencia estadounidense. Los medios se llenaron de mensajes triunfalistas con origen en Langley destinados a preparar a la opinión pública norteamericana ante el nuevo mensaje de la administración Obama: la muerte del jeque saudí permitía dar por cumplida la misión en Iraq y Afganistán. Con Bin Laden Al Qaeda habría muerto y la «guerra al terrorismo» podría darse por acabada con éxito abriendo el camino a un segundo mandato de Obama «centrado en casa».

Tal argumento exigía retomar, siquiera por unos meses, el discurso «neocon» de una Al Qaeda altamente jerarquizada y dependiente de su líder. No importaba que desde 2004 la evidencia apuntara abrumadoramente a la idea de que Bin Laden representaba a una netocracia, no a un consejo de administración. El relato que convenía a los intereses electorales de Obama se hizo doctrina oficial argumentándose que quedaría probada por la documentación, nunca publicada, supuestamente encontrada junto al líder árabe en el momento de su muerte. Y la máquina de creación de campo de la inteligencia norteamericana se puso en marcha, animando en cada país a los «analistas amigos» a repetir los viejos argumentos de una década antes… aún a sabiendas de que la retirada de Iraq abriría el paso a una nueva oleada de atentados con fuerte repercusión política que les obligaría a «matizar» desde posiciones cada vez más forzadas.

Porque de hecho, a finales de 2011, un día normal en la prensa global contiene titulares de movimientos y acciones de AlQaeda no sólo en Pakistán, sino también en Nigeria, Irak, Libia, Mali, el Sahel, Indonesia e incluso China, por no hablar de Yemen y Somalia, donde Al Shebah -el socio local de la red ahora representada por Al Zawahiri- domina la mayor parte del país a pesar de la larguísima intervención coordinada de los ejércitos de los países vecinos en tierra y de la escuadra «antipiratería» occidental en el mar.

Es más, como adelantamos en 2009, la retirada de Iraq sólo fue posible sobre una estrategia de reconocimiento de los grupos locales armados que, como se ha visto, reanimó a los grupos de la Al Qaeda local. Una estrategia que se está repitiendo en Afganistán, porque tanto el ejército norteamericano como sus aliados está convencidos de que sólo los talibanes, resilientes y empoderados por una industria del opio que ha crecido hasta el paroxismo bajo la ocupación, pueden cubrir su retirada.

La verdad es que el jihadismo es hoy más fuerte y la red Al Qaeda tiene más operativos en más lugares que nunca y si está encontrando un freno -temporal- es el de las revoluciones árabes y su consecuencia, el acceso al gobierno del estado del islamismo clásido y «nacionalista» al modo de los Hermanos Musulmanes. Eso es lo que estamos viendo en Marruecos, Túnez, Libia, proximamente en Egipto, probablemente en la ANP y tal vez, en Siria.

Antagonistas a medida

Pero no nos engañemos. Lo que la triste historia de la «Guerra contra el Terror» nos ha demostrado en primer lugar es que la intervención coordinada de los grandes estados contra las manifestaciones de la descomposición en otros lugares del mundo sólo produce más descomposición. Una lección que también vale para las potencias regionales, como hemos visto en Somalia. Pero la gran moraleja es que enfrentarse a una organización reticular y netocrática como Al Qaeda con herramientas de la lógica del viejo mundo, como la ocupación de países enteros, puede producir éxitos temporales muy localizados, pero a medio plazo sólo ayuda a expandir la epidemia.

La cuestión es que el atentado de las Torres Gemelas definió muy bien el campo… a favor de Al Qaeda. Elegir antagonista fue la gran genialidad estratégica de Bin Laden. Porque la elección tuvo trampa: no sólo les realzaba por polarización -una red de pequeños grupos radicales sustituía el papel de «potencia del mal» que ocupaba la vieja URSS en el discurso épico de las democracias occidentales- sino que proponía a su vez a los grandes estados y sus lógicas militares como protagonistas de un nuevo tipo de conflicto para el que no estaban preparados.

En otras palabras: Al Qaeda supo ser reconocido como el principal antagonista del viejo paradigma descentralizado de organización social. Era, en términos de teoría de juegos, un equilibrio predecible: a diferencia del comunismo en la postguerra, el jihadismo y su discurso anarquizante -que no libertario- y ultrareligioso no tenían ninguna posibilidad de contagio fuera de las minorías religiosas producto de las migraciones globales. El miedo global a Al Qaeda sirvió para reforzar el control del estado, aprobar leyes represivas, controlar las «peligrosas» comunicaciones distribuidas (como, por sus propios motivos reclamaban los lobbies de la propiedad intelectual) y dar un nuevo empujón al nacionalismo estatal y su principio de nacionalidad, poniendo en cuestión -como no había sido puesto en cuestión desde los años 30- el nunca desarrollado principio de ciudadanía.

La consecuencia es que -salvo destellos durante la revolución árabe- Al Qaeda ha podido hasta ahora librarse de aquello que realmente le pondría en cuestión: un antagonista nacido bajo su mismo paradigma distribuido, reticular y transnacional… y paralelamente, los estados nacionales han conseguido reforzarse reduciendo el antagonismo entre su lógica clientelar y los cambios sociales abiertos por Internet y la globalización a la lucha contra los «ladrones de la propiedad intelectual» y el «terrorismo internacional».

Consecuencias

La dialéctica entre los grandes estados occidentales y Al Qaeda es una faceta más de esa encrucijada histórica que resumimos en «Los futuros que vienen». Como apuntábamos entonces:

Cada sujeto, discurso o comunidad que surge en un periodo de cambio de las estructuras de comunicación, representando nuevas formas de poder, tiene un doble antagonismo latente: con su pasado (o mejor dicho, con los sujetos del viejo mundo que les dieron origen) y con su futuro (los antagonistas que están definidos en un «lenguaje de poder» similar).

Lo que hemos vivido -y seguiremos viendo- ha sido un enfrentamiento entre paradigmas -el descentralizado de los estados frente el distribuido del mundo emergente- donde el protagonismo de lo nuevo ha sido capturado por la fuerza más reaccionaria del porvenir (Al Qaeda, la familia Michoacana, etc.), una raza de «terminators» que parecen llegados del futuro para reforzar a los viejos poderes y evitar que las cosas cambien en nuestro presente. Pero no olvidemos que en un antagonismo así, como vemos cada día en la prensa global, es el representante de lo nuevo quien lleva las de ganar. El estado lo sabe, por eso pacta EEUU con los talibanes y la élite mexicana se apresta a ir a una «conferencia de paz» con el narco, adelantándonos un mundo en el que el reforzamiento clientelar y represivo del estado no será contradictorio con la entrega de zonas crecientes de poder y espacio a los representantes más descompuestos, violentos y reaccionarios del mundo distribuido.

Faltan en la escena nuevos sujetos. Aquellos que han de representar verdaderamente todo lo que el paradigma distribuido puede ofrecer a las libertades y el bienestar de las personas. Y no cabe pedir que nadie los construya por nosotros. Sarah Connor ha de hacer su parte de la historia. Ya.

«Al Qaeda, Megauploads y el síndrome de Sarah Connor» recibió 1 y desde que se publicó el 23 de enero de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte

1 Trackback/Pingback

  1. Cómo el EIIL está cambiando tu forma de ver el mundo

    […] Aunque la presión de la propaganda norteamericana tras la muerte de Bin Laden hizo lo posible por borrar lo aprendido en diez años de netwar y algunos analistas volvieron a retratar a Al Qaeda como una organización […]

Deja tu comentario

El Correo de las Indias es el blog colectivo de los socios del
Grupo Cooperativo de las Indias
Gran Vía 48 - 48011 - Bilbao
F-83409656 (SIE) ~ F-85220861 (EAC) ~ F-95712659 (E) ~ G-84082569 (BIE)