Los últimos meses han sido duros para Google. Las dos últimas actualizaciones de la
base de datos han sido harto dificultosas. Hemos observado asincronías de más de
una semana, páginas inexistentes entre los primeros cinco resultados,
regresiones contínuas...
Los porqués nos los cuenta David de Ugarte
El 7 de octubre la alarma saltó a la red gracias a un ya famoso artículo de Paul Boutin en Wired en el que se preguntaba si ¿Google se degrada?
Por mucho que diga Nate Tyler, portavoz oficial de la casa, el oráculo de la red ha perdido calidad en los últimos meses, aunque siga ganando de largo a cualquier aspirante a competidor real
Dos han sido las causas a nuestro juicio:
La fuerza de Google reside precisamente en que no discrimina: todas las páginas de su base de datos son medidas por el mismo rasero. El algoritmo es una ley universal, sin excepciones. El problema, como en toda ley social, es que cada vez que se mejora, se abre también la puerta al posible abuso de ley.
Así, cuando Google incorporó a la parte del algoritmo que realiza la asociación con los términos de búsqueda los términos que usaban en sus enlaces aquellos que nos apuntaban, nació también la posibilidad del googlebombing: si un grupo lo suficientemente grande de webmasters se ponen de acuerdo en enlazar una página con un término, aunque éste no aparezca en la propia página, y no tenga nada que ver tampoco con los contenidos de las webs que dan el enlace, la base de datos le asociará con ella.
Así buena parte de la comunidad blogger anglosajona (que representa decenas de miles de páginas de la base de datos de Google) se puso de acuerdo en poner al final de sus páginas un enlace de texto como este: ¡Vete al infierno!. Resultado: cuando alguien buscaba vete al infierno (eso si, en inglés) el primer resultado era la página principal del gigante de Redmond.
Una semana más tarde de suceder ésto -un síntoma quizás de que se estaba sobreevaluando el texto de los enlaces externos- el algoritmo cambió de nuevo. Ahora el algoritmo no sólo cuenta el número de enlaces, sino desde dónde vienen y qué relación tienen entre si y sobre todo con el término de búsqueda, los que enlazan...
El problema de los algoritmos cuando crecen en complejidad es que el resultado de la interacción de los distintos objetivos no siempre son fácilmente predecibles o concordantes al 100% con lo que se pretendía de ellos. Pero aunque obviamente no está aún tan depurado como le gustaría a sus creadores, las mejoras del algoritmo se dejan sentir: Google mide cada vez mejor el papel de una web en la comunidad de webmasters de su entorno, aproximando cada vez más elementos cualitativos y no sólo cuantitativos como hasta ahora.
Es ésto lo que no le ha gustado a los bloggers, quienes hasta ahora gozaban de un poder colectivo tremendo sobre el buscador (como demuestra el caso go to hell)... y lo han perdido.