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Cómo tu supermercado, tu agencia de viajes, tu librería y tu tienda de muebles pasaron a ser parte del sistema financiero

El modelo de negocio de las grandes cadenas de distribución las redujo hace tiempo a meras «captadoras de fondos» del capital financiero, el exceso de escala bajó los precios sí, pero destruyendo el tejido comercial, drenando de recursos al sector productivo y haciendo al tejido económico dependiente del capital financiero. ¿De verdad mejoraron nuestra calidad de vida?

Cuando en «El modo de producción P2P» hablamos de crisis de las escalas y del papel en ella del sistema financiero enunciamos el problema general, el cáncer. Pero entender el cáncer no es entender la metástasis. La metástasis es muy anterior a la crisis, se cultivó durante más de tres décadas y llegó a hacérsenos invisible por su omnipresencia. Paradójicamente muchos confunden esa metástasis financista con las «consecuencias del mercado». No es así, de hecho es consecuencia y agente de la destrucción del mercado por las grandes masas de capital financiero. Veamos.

¿Nunca te resulto sospechoso que tu agencia, si comprabas con anticipación un viaje, te lo vendiera clarisimamente por debajo de coste? ¿De verdad pensabas que el combustible del avión a la Riviera Maya más el hotel y el «all inclusive» podían costar 100€? ¿Y qué hablar de los productos de tu supermercado? ¿Por qué salen mucho más baratos que en el mercado o en el pueblo? ¿Y los anuncios de trabajo y la educación? ¿Cómo es que de repente el «Director financiero» era más importante que el gestor, el jefe de administración o los creadores de producto? ¿Has mirado bien tu sofá «low cost»?

Todos los anteriores son síntomas de la financiarización del comercio. Los beneficios, a partir de cierto momento ya no estaban fundamentalmente en la diferencia entre el coste de compra y el coste de venta. Eran beneficios financieros. El sistema es sencillo: se basa en la diferencia de tiempo entre el momento en el que te cobraban a ti en la caja y el momento en el que tu supermercado, tu tienda de muebles o tu agencia pagaban a los proveedores.

Durante ese periodo disponen de un dinero flotante. En conjunto, cuanto más rápida es la rotación en el supermercado o el negocio que sea, más jugosa es la bolsa de dinero para invertir. Ese es el corazón de la «dimensión financiera de la empresa» que nos enseñaron en la facultad.

Lo interesante es que a partir de determinado momento, el mismo en que dejó de ser rentable al capital financiero invertir en producción, el negocio principal de las cadenas de distribución pasó a ser, pura y simplemente, captar fondos para el sistema financiero. Si el motor del proceso al principio era que los márgenes financieros eran mejores que los comerciales que daba el mercado, los estrategas de la gran distribución pronto verían la oportunidad de expulsar a los pequeños del mercado vendiendo a coste o por debajo de él. El negocio está en librarse de la competencia de los pequeños, ganar aún más escala y aumentar la bolsa de capital flotante para introducirlo en los mercados financieros bien remunerados.

Por eso desde los ochenta se extienden por todo el mundo los grandes almacenes, los hipermercados, las cadenas de comida rápida, muebles, libros, agencias de viajes… Las grandes cadenas de distribución parecen ser claramente más productivas ¿por qué si no iban a vender más barato? Pero es sólo un espejismo: tan sólo son captadores de fondos. Su crecimiento no es el producto del mercado, sino el botín por su destrucción.

Pero miremos atrás y veamos las consecuencias de esta carrera por la escala nacida de la financiarización de la distribución: durante unos años los consumidores han podido comprar mas barato, sin embargo el tejido comercial se ha visto irreparablemente dañado y las propias empresas de distribución (incluidas algunas cooperativas) se han hecho terriblemente dependientes de un mercado financiero que hoy, simplemente, no les va a cubrir. No pocas han quebrado. Otras lo están pasando mal.

Porque no lo olvidemos: esos fondos que recogía el sistema financiero no se reinvertían en la producción sino en la especulación, el exceso de escala iba de hecho drenando de capital al sector productivo entre invectivas contra el «minifundismo de la pequeña empresa industrial». Y cuando invertían en empresas era solo en clones del mismo modelo de «captadora de fondos».

Por eso, cuando llega el boom de las .com, muchos empiezan a apostar por las tiendas online en la idea de que sólo comprarán contra pedido y a gran escala, osea que maximizarán el flujo de dinero compensando margenes comerciales nulos o negativos. La apuesta sale mal en la mayoría de los casos, el negocio tarda en crecer y cuando tu negocio es el financiero el tiempo es muy valioso. Pero ante la perspectiva de la escala algunos invertirán en sucesivas rondas entre los mejor colocados. Se había abierto el circo de los capitales riesgo.

El exceso de escala, alimentado por las rentas y un sistema financiero desligado de la producción es el origen de la crisis actual. Se realimenta cada vez que compramos en una gran cadena de distribución o pagamos a un proveedor del oligopolio energético, de telecomunicaciones o de productos básicos. Tal vez, a día de hoy, siga resultando un poco más barato comprarles, pero ¿de verdad han aumentado nuestra calidad de vida?

«Cómo tu supermercado, tu agencia de viajes, tu librería y tu tienda de muebles pasaron a ser parte del sistema financiero» recibió 0 y , desde que se publicó el 29 de agosto de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte

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