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Consumismo, minimalismo y diversidad

Algunas reflexiones al vuelo sobre conversaciones con las que uno se encuentra por la calle…

mitra_et_lirumHay quien dice que a veces parecemos recién aterrizados desde unas montañas recónditas. Es una exageración, pero tiene su punto de verdad. Para empezar, la tele. La que yo tenía en casa, que en realidad era un monitor reciclado de las primeras oficinas de Piensa en Red, fue convirtiéndose poco a poco en un trasto sin uso, yendo de mano en mano como la botella de Stevenson. Hace diez años de eso. Y claro, en diez años ya no hay un nombre que te suene en las revistas del corazón de las consultas médicas ni en una conversación banal en la calle. Son cosas de las que no te das cuenta normalmente. Pero cuando lo haces descubres hasta qué punto nuestra agenda ha ganado autonomía.

Tres cuartos de lo mismo con eso que llaman «consumismo». Cuando escuchamos el término, normalmente acompañado de admoniciones sobre la maldad del mercado, nos suena a marcianada. Pero no hay más remedio que tomárselo un poco en serio, porque, aun en mitad de la crisis, con la clase media reduciendo su capacidad de consumo, sigue en la boca de muchas, pero muchas personas con las que hablamos. ¿Qué es? En realidad el término se usa para describir todo un conjunto de conductas que irían desde la compra compulsiva o innecesaria a una excesiva importancia a ciertos símbolos de status pasando por fijarse más en las marcas que en la calidad de los productos.

Resumiendo: consumo compensatorio. Compensar los sinsabores de un trabajo que no te llena más que horas del día, comprando cosas que representan, pero no hacen, una vida mejor. Puede ser cualquier cosa: desde el último gadget de Apple a restaurantes caros pasando por zapatillas dignas de atleta olímpico. El consumo compensatorio funciona como un icono estropeado: te abre por un segundo la ilusión de un contexto diferente. Pero termina pronto.

Frente a eso hay una sensación de malestar de fondo en las conversaciones que no solo no desaparece con la crisis, sino que, al parecer, se agrava. Un deseo de «volver a lo importante», de «encontrar sentido»… que ofrece un verdadero y bollante mercado a todo tipo de extravagancias: consumos «ecológicos» y «naturales» carísimos, turismo «solidario», «experiencias comunitarias» de esas con bailes circulares que tanta grima nos dan… Es decir, la alternativa más común al «consumismo» es un consumismo alternativo.

Simplemente el sentido de la vida no se encontrará nunca en lo que uno consume, sino en lo que uno hace. Una cosa es apoyar ciertas formas de hacer poniendo en valor el «cómo se hizo», otra pretender que uno está construyendo significados simplemente porque elige una determinada cesta de productos y no otra. Y ni que decir tiene que más despistados todavía andarán los que por solución a la falta de sentido pretendan para todo el mundo una cesta menor sin caer que la mayoría de las personas que viven en el mundo no alcanzan a tener un bienestar mínimo… y que no mejorarían, más bien lo contrario, porque el mundo desarrollado pasara a la vida ascética.

Por eso nos ha llamado la atención tanto el minimalismo existencial. Como escribía Alan:

El minimalista ve el consumismo como síntoma de una vida carente de significado, por lo que propone enfocar radicalmente la atención, el tiempo y la energía en unas pocas personas y proyectos con los que podamos construir una vida llena de significado. Si descartamos de nuestras vidas todo lo carente de sentido, no necesitaremos un nivel de vida demasiado alto para realizarnos.

Es difícil no identificar nuestra inapetencia respecto a cosas comunes como una tele, un automóvil o determinadas marcas con este párrafo. La cuestión está en otro lado, en la constitución de cada cual en sujeto ético, en el desarrollo de una verdadera autonomía personal y comunitaria. Y por supuesto en reconocer que ni siquiera se trata de un debate porque el «resultado correcto» no existe cuando de lo que se trata es de generar significado. Lo que interesa, es decir, lo que ayuda a desarrollar una vida interesante es una conversación, no un patrón de consumo ni un abanico de «gestos».

«Consumismo, minimalismo y diversidad» recibió 4 y desde que se publicó el 21 de abril de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte

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