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Cuando la industria se convierte en commodity

¿Qué pasa cuando es la industria entera y no un mero producto lo que se «comoditiza»? ¿Qué forma toman las empresas, el desarrollo y lo público?

En «Cómo salir de la crisis» se nos relata un mundo, nuestro mundo, en el que la emergencia de la industria asiática, especialmente china, simplemente está convirtiendo en commodity el hecho de fabricar. No un producto o una gama de productos, sino la actividad industrial misma. Josu Ugarte, el autor, Presidente de Mondragón Internacional, traza la única alternativa posible: migrar la producción dónde la estructura de costes es favorable y apostar por la inteligencia corporativa y los proyectos integrales como camino para reposicionarse en sectores de mayor valor añadido y volver a crear puestos de trabajo.

Pero la pregunta no puede quedar sólo en cómo reconvertir la industria existente en los países ricos. La cuestión es qué actividad industrial tiene sentido ahora en los mercados maduros y qué impacto en el empleo y en los modos de trabajo puede llegar a tener a medio y corto plazo. Y ahí la palabra clave es: escala.

Globalización y escala

En navidades del año pasado todos los medios tecnológicos españoles hablaron del GeeksPhone One, el primer teléfono hecho en España. El secreto: diseño propio, Android (es decir, software libre de licencia blanda), producción en una factoría china y venta directa a través de Internet. Resultado: 100.000€ de capitalización que fueron asumidos entre tan sólo seis socios. Y sí, salía más barato que ningún otro smartphone liberado y fue un éxito comercial: en un mes el número de pedidos ya superaba el plan de producción.

Constantemente se hacen públicas ofertas similares en todos los campos, pequeñísimas empresas de dos o tres socios que crean un producto de nicho, lo producen en Asia y lo venden a precios más que competitivos por Internet obteniendo buenos beneficios. Puro capitalismo que viene produciendo y consumiendo sucesivas olas de innovación.

Una dinámica acelerada cada vez más conforme el principal elemento creativo -el diseño del hardware- se va liberando también. Es lo que John Robb llama «the maker revolution». Una perspectiva que según Matthew Aslett dará lugar a una cuarta, nueva etapa, en la comercialización del software libre. En esta nueva etapa, que será su verdadera Edad de Oro, la comunidad de desarrollo y la de consumo se fortalecerán y mezclarán de nuevo reempoderadas por la nueva escala alcanzada.

Mercados identitarios, redes globales

De nuevo conectamos aquí con el pensamiento comunitarista emergente que se describía en «Los futuros que vienen». El mismo Robb hablaba recientemente de redes de bajo compromiso uniendo comunidades reales en una suerte de economía como servicio, mercados globales virtuales como los que estamos construyendo en el proyecto Bazar de la fundación Garum.

Estamos muy lejos del ideal ecologista de empresa hiperlocal con escasa capitalización… y ningún alcance. Puro viejo mundo: servicios de proximidad para un mercado al que se atiende puerta a puerta.

Estamos en un modelo de empresa pequeña que produce deslocalizadamente para un mercado amplio, rara vez nacional o regional, normalmente global, a través de Internet. Es una nueva escala que queda lejos de la lógica industrial tradicional precisamente porque refleja el increíble desarrollo de la productividad del último medio siglo. En esta cadena, hasta las empresas chinas que manufacturan son realmente pequeñas para los viejos parámetros.

El resultado de la «comoditización» de la industria es la «decomoditización» de los productos: más productos de nicho, porque al final todo lo que no sea nicho es un nicho mal atendido por un producto masivo.

El cambio de reglas de juego en el desarrollo local

En consecuencia, el panorama global y las reglas de juego cambian a su vez. Como comentaba Natalia:

Antes la administración podía esperar «recuperar» el territorio trayendo una fábrica que creaba cientos de puestos de trabajo, «tirando un penalti». Ahora no quedan ya muchos penaltis que lanzar que recuperen el tejido económico y la cohesión social de un territorio. Sin embargo, sí es posible crear las condiciones para la generación de un tejido empresarial globalizado, promover la globalización de los pequeños.

Los nuevos bienes públicos

En ese sentido, los mercados y entornos virtuales de los que hablábamos antes podrían redefinirse como un nuevo tipo de bienes públicos. Un nuevo tipo de procomún que se ha hecho visible en las últimas dos décadas y que hoy la misma clase empresarial entiende imprescindible.

No es un fenómeno ideológico, sino material. De hecho, como dice James Bernard Quilligan en un texto recogido recientemente por Michel Bawens, es que:

These evolving dynamics — the decommodification of common goods through co-governance and the deterritorialization of value through co-production — are shattering the liberal assumptions which underlie state capitalism.

Este «descoloque» de lo nacional-estatal ha llevado al cambio en una forma jurídica tradicional: la fundación. Como muestra Peter Barnes en «Capitalism 3.0», está emergiendo una estructura diversa de nuevas fundaciones, mutualidades y cooperativas de consumo que aglutinan los esfuerzos por desarrollar las nuevas infraestructuras de la sociedad red: desde el software libre a la no-propiedad intelectual de libros, música o diseños industriales básicos.

Y he aquí pues, otra dimensión donde la escala se invierte: lo que antes era tradicionalmente local, como las cooperativas o las fundaciones, ahora se torna global, respondiendo a la globalización de los nuevos bienes públicos que ya no son estatales sino transnacionales, como el software libre o los mercados virtuales (que a su vez también se están creando desde software libre).

Conclusiones

El contexto que acompaña a «Los futuros que vienen», a la reemergencia de lo comunitario y transnacional, es el de un cambio general de escalas del que sólo algunos servicios parecen quedar al margen. En el nuevo mundo, las empresas son pequeñas pero su cadena de producción y comercialización se extiende por medio mundo; las infraestructuras que lo permiten no son ya locales ni nacionales, sino globales y son mantenidas por fundaciones y redes de colaboración de sus desarrolladores y beneficiarios; y el desarrollo local no consiste -en los países del segundo y primer mundo- en otra cosa que crear contexto y ambiente para atraer a muchos pequeños emprendedores.

En pocas palabras la globalización de los mercados virtuales y la comoditización de la industria, permiten, a quién da un paso adelante, que lo pequeño y lo local se diversifiquen y prosperen globalmente.

«Cuando la industria se convierte en commodity» recibió 0 y desde que se publicó el 8 de noviembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte

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