El modo de producción P2P

Un manifiesto indiano


Este libro fue escrito originalmente en esperanto y ha sido después traducido al inglés, también está disponible para descarga en formato epub. Descarga todos nuestros libros en el repositorio de la Biblioteca de las Indias.

Indice

  1. Información general sobre este libro
  2. Introducción
  3. La emergencia de las redes distribuidas de comunicación
  4. El drama de las escalas y la crisis mundial
  5. El nuevo modelo del software libre y la ética hacker del trabajo
  6. La nueva revolución industrial
  7. El sistema de aprendizaje P2P y la producción de conocimiento teórico
  8. El reflejo político: comunal, confederalismo asimétrico y subsidiaridad
  9. Conclusiones
  10. Notas

Información general sobre este libro

Reconocimientos

Este libro fue escrito originalmente en esperanto y traducido luego al español por Natalia Fernández, María Rodríguez y David de Ugarte, miembros del Grupo Cooperativo de las Indias, quienes hacen devolución de él al dominio público.

Sin el debate y la discusión entre los indianos, nuestros lectores e importantes teóricos de todo el mundo como Juan Urrutia, o Kevin Carson, este libro no habría sido posible. A ellos dedicamos este trabajo.

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1. Introducción

La crisis actual, la más profunda y larga en la historia del capitalismo, ha abierto la discusión en todo el mundo sobre aquello que, día tras días, aparece más claramente como la destrucción simultánea de las dos principales instituciones de la vida social y económica: el estado y el mercado. Nunca antes en la memoria de las generaciones presentes, el sistema económico había sido tan universalmente cuestionado.

Por otro lado, nunca antes, las capacidades técnicas habían sido tan potentes y, lo que es más importante, habían sido tan accesibles para las personas y las pequeñas organizaciones. De hecho, nunca antes, un número tan grande de pequeñas empresas había tomado parte en el mercado mundial. Tecnologías de comunicación p2p casi gratuitas les permitieron crear las mayores redes comerciales de la Historia. La emergencia del software libre -que por si mismo representa la mayor transferencia de valor recibida nunca por la periferia económica- les empoderó con inesperada independencia. Millones de pequeñas empresas en todo el mundo, especialmente en Asia, pudieron así coordinarse entre si y sofisticar sus productos en el preciso momento en que se les abrían nuevos mercados. Es la «globalización de los pequeños». No es un fenómeno marginal, nunca antes tantas personas en todo el mundo habían salido de la pobreza.

Si miramos de cerca estas tendencias contrarias, encontraremos interesantes contradicciones: la crisis tiene su origen en las industrias de gran escala y de hecho es la mayor de ellas, la industria financiera, quien le sirve de detonante y empuja el proceso. Sin embargo, las nuevas tecnologías emergentes son de alcance, no de escala: la industria del software libre no se sustenta sobre grandes empresas globales monopolistas con redes mundiales de subsidiarias comerciales, sino sobre un nuevo «comunal de conocimiento libre» que puede ser descargado, modificado y incluso vendido por cualquiera. Las relaciones en la construcción de este nuevo comunal no tienen una jefatura central ni jerarquía sino que se basan en la libre concurrencia de proyectos y en relaciones entre iguales. Las empresas en esta industria no ganan fama e ingresos creando escasez. Su nombre se construye sobre aportes innovadores al comunal y sus beneficios nacen sencillamente de la venta de horas de trabajo.

El software libre fue la primera industria basada sobre un sistema completamente distinto de propiedad y producción: el modo de producción p2p. Más adelante, en medio de la crisis, aparecerían nuevas herramientas, desde las impresoras tridimensionales hasta metodologías de diseño industrial, y nuevos sectores explorarán nuevas ramas del comunal.

El objetivo de este libro es mostrar como la crisis económica es, en realidad, la crisis de las grandes escalas, pero sobre todo, mostrar cómo tenemos todavía la oportunidad de impulsar el paso hacia un nuevo modo de producir que se fundamente sobre una nueva forma cooperativa de competir, una nueva ética del trabajo y, sobre todo, sobre la construcción de un nuevo comunal, un procomún de conocimiento abierto a todos.

2. La emergencia de las redes distribuidas de comunicación

Bajo toda arquitectura de comunicación se esconde una estructura de poder. Por eso la tecnología de comunicación está intimamente ligada a los movimientos sociales, las formas estatales y, por otro lado limita la amplitud de las relaciones sociales de cada época1.

El mundo de la comunicación centralizada, el mundo de los correos de postas, define la monarquía absoluta e incluso a la república jacobina nacida de la revolución francesa: estado centralista, diarios capitalinos, sometimiento al centro y a su identidad en todas las relaciones sociales. De hecho, no fue la revolución francesa sino la extensión del telégrafo creado por Morse, el que hará posible las estructuras descentralizadas que caracterizan la democracia representativa y las relaciones internacionales: desde el sistema mediático basado en la relación entre agencias internacionales y periódicos nacionales hasta la organización piramidal basada en grupos locales con una estructura de coordinación regional, nacional e internacional por encima. No exageramos si afirmamos que el sufragio universal, el pluralismo -y también la empresa multinacional y el imperialismo- no habrían sido posibles sin la universalización de la comunicación descentralizada.

Topologías de red

Pero descentralizado no es distribuido. Las estructuras descentralizadas definen jerarquías: cuanto más arriba estemos en la pirámide informacional, tanto más independientes seremos para acceder a la información y más facilmente podremos difundirla después. La comunicación entre los nodos básicos -a los que pertenecen la mayoría de las personas en estados, partidos o empresas- depende de sus representantes y coordinadores territoriales, que tienen poder para filtrar y decidir qué difundir hacia abajo y qué enviar arriba. El mundo descentralizado es, en cada subred local, centralizado. Solamente cuando aparezca la comunicación distribuida, una nueva lógica de las relaciones sociales se hará posible.

Si extraemos el nodo central de una red centralizada, la red misma desaparece. Si extraemos uno de los nodos localmente centralizadores en una red descentralizada, la red se romperá en diversas subredes no comunicadas entre si. Lo que define a una red distribuida es poder extraer cualquier nodo sin incomunicar a ningún otro y por tanto ningún nodo puede filtrar en solitario. Si cualquier grupo de nodos centralizador produce necesariamente escasez -democrática o autoritariamente- las redes distribuidas convierten el pluralismo descentralizado en diversidad distribuida. La comunicación entre iguales tienen su propia lógica.

La primera muestra de las consecuencias sociales de Internet sería el nacimiento y ascenso de la blogsfera, el primer medio de comunicación distribuido. No es ningún secreto que los movimientos espontáneos de Manila (2000), Madrid (2004), Francia (2005), Atenas (2007) o la «primavera árabe» tuvieron su origen en la capacidad de la blogsfera para promover nuevos consensos sociales. Además, los activistas de grandes movimientos democráticos como «las revoluciones de colores» en los estados excomunistas, supieron aprovechar la comunicación distribuida para construir nuevas mayorías sociales incluso sin libertad de prensa ni de reunión.

Pero aunque las consecuencias políticas de la comunicación distribuida eran las más visibles, no eran las únicas.

Tras la caída del muro de Berlín y el derrumbe de la URSS, las empresas de gran escala de Occidente presionaron a los gobiernos para conseguir la apertura de mercados exteriores. Pronto encontraron oportunidades dividiendo internacionalmente sus cadenas productivas entre muchas empresas autónomas y más pequeñas. El fenómeno se llamó «globalización» y generó globalmente preocupación. Pero tuvo lugar una evolución no calculada de los emprendedores de la periferia que cambiaría el horizonte del «nuevo orden mundial». En 1.999, el mismo año en que los medios cuentan al mundo las masivas manifestaciones del «movimiento antiglobalización» en Seattle, aparece el primer gran bazar chino online: Alibaba.com. Es sólo la primera manifestación de un gran movimiento subterráneo. Pronto en todos los sectores, redes globales de comerciantes e industriales se dan cuenta de la posibilidad de coordinarse por si mismos y competir con las grandes empresas que acumulaban la mayor parte del valor de la división internacional del trabajo. Arranca la «globalización de los pequeños».

Al mismo tiempo, durante la segunda mitad de los noventa, el «movimiento hacker» explota con el crecimiento del uso de Internet. Cambia profundamente y pronto nace su primer gran aporte, Linux, y con él el mundo del software libre se convierte en la base de la primera industria p2p.

3. El drama de las escalas y la crisis mundial

La Teoría Económica nos dice que la empresa alcanza su dimensión óptima cuando los costes de producción a largo plazo llegan a su mínimo. Pasado este punto, si aumentamos todos los factores en el mismo porcentaje, los costes medios de producción crecerán. Tendremos entonces «deseconomías de escala».

La escala óptima de producción se fundamenta en la productividad de los factores, que depende a su vez de cuál sea la mejor tecnología disponible en ese sector y en ese momento. Nuevas tecnologías necesitarán menos cantidad de factores para producir la misma cantidad de producto final y lo que es más importante, alcanzarán antes el coste mínimo de producción y por tanto «rendimientos negativos de escala». De este modo, tecnologías más productivas reducen el tamaño medio de las organizaciones.

Sin embargo, el crecimiento constante de la productividad desde el fin de la segunda guerra mundial, aunque redujo la dimensión media de las empresas no pareció influir en el tamaño de las grandes empresas. Por el contrario, crecieron constantemente hasta hoy. En los años noventa, cuando tuvo lugar la mayor ola de fusiones y adquisiciones de la Historia, los nuevos gigantes invocaron por lo general «rendimientos positivos de escala» tecnicamente difíciles de creer pues, paralelamente las mismas empresas dividían sus procesos de producción y presionaban a los reguladores para firmar acuerdos de libre comercio que les permitieran «romper las cadenas de valor» entre subcontratistas de todo el mundo. Si la concencentración empresarial era necesaria para alcanzar nuevos y mayores escalas óptimas, ¿por qué vaciar las estructuras propias y convertirse de hecho en el coordinador jefe de muchas empresitas autónomas de pequeña escala de todo el mundo?

Dos fuerzas están en el origen de esta contradicción: las «rentas» -beneficios extramercado- producidas por la posibilidad de condicionar estados y mercados, y la necesidad de los grandes capitales financieros.

Las tres principales políticas «neoliberales» impulsadas a partir de los años ochenta -financiarización y securización, apertura de mercados periféricos y endurecimiento de la legislación sobre la «propiedad intelectual»- son herramientas para dar sentido a escalas de capital mayores, la escala que el sistema financiero necesitaba para «dar lugar» a las crecientes bolsas de capitales inactivos. Ironicamente, los capitales no se ponían en activo para escalas de negocio menores porque el propio sector financiero era la principal industria sobredimensionada… y también la principal beneficiaria de las rentas originadas por el poder político ganado con la dimensión.

Simbolicamente, la presión de la industria financiera consiguió en 1996 la abolición de la «Glass-Stegall Act», aprobada en EEUU tras el crack del año 29 para evitar la infección del sistema financiero con los cracks especulativos. Esta ley prohibía a los bancos de inversión comprar bancos comerciales. Pero las escalas demasiado grandes llaman a escalas aún mayores. Los nuevos monstruos fueron pronto «demasiado grandes para dejarles caer», permitiendo a los capitales financieros poseer la más valiosa de las rentas: asegurarse gratis su supervivencia futura a través del estado mismo.

Pero la mayor ironía llegó al final de la década, cuando uno de los más claros resultados de la caída de las escalas óptimas, el naciente sector de Internet, se convirtió en una burbuja financiera. Era inevitable. El número de proyectos rentables y las necesidades de capital del primer sector p2p no eran suficientes para la dimensión de las bolsas de capitales buscando lugar en el que entrar. Los planes de negocio se inflaron, el capital fluyó… y la primera gran crisis sectorial del siglo XXI llegó.

Ciertamente no muchos años después el sector de Internet volvió a ser atractivo de nuevo para los grandes inversores. Nuevas empresas se hicieron gigantescas: Google, Facebook, Twitter… parecían diseñadas para dar la razón a la utilidad de poseer grandes infraestructuras… construidas sobre tecnologías cuyo mayor aporte era, precisamente, hacer innecesarias grandes inversiones gracias a la comunicación entre pares. Desgraciadamente, para hacer eso debían recentralizar la red, o al menos intentarlo. Pero grandes infraestructras precisan grandes capitales y además, los grandes grupos de comunicación -ellos mismos negocios de gran escala- conocen bien como capturar rentas en estructuras centralizadas. Las nuevas empresas globales, aunque verdaderas aberraciones tecnológicas e históricas, serán saludadas esperanzadamente tanto por los grandes diarios como por los mercados financieros.

Pero, ¿nadie necesitaba cabalmente grandes capitales? De hecho, si. En Africa, América, Asia y en general en grandes partes del mundo subdesarrollado, estaban por construir grandes infraestructuras y eran necesarias inversiones masivas. Pero, como escribía el economista Juan Urrutia en 2005, nunca recibieron capitales pues la burbuja inmobiliaria junto a complejas herramientas financieras restaban atractivo a invertir en grandes cantidades fuera de los mergados financieros de gran escala.

La gran máquina de hacer burbujas finalmente, aunque también parcialmente, quebró en 2007. Grandes olas de capitales especulativos fluyeron de golpe, otras destruyeron mercados de materias primas, otras se colgaron de los estados convirtiendo la crisis especulativa en crisis soberana… La inadaptación del capital financiero a la nueva y menor escala óptima, no sólo es el origen de la crisis, está presente en todos y cada uno de los aspectos de su desarrollo.

Cuando la tecnología redujo drásticamente la escala de producción óptima, el capital, en vez de adaptarse, huyó hacia la opacidad de la financiarización y los movimientos a corto plazo. Mientras las preferencias de riesgo no sean modificadas permitiendo reintegrar el capital en la producción real (cada vez de menor escala), la causa de fondo de la crisis seguirá operando. Por desgracia estas gigantescas bolsas de capital tienen una mejor salida a corto: apoyarse sobre la captura del estado por las macrocorporaciones y la deuda… azuzando la descomposición y la destrucción de capacidades productivas.

4. El nuevo modelo del software libre y la ética hacker

La ética hacker no es una verdadera novedad en la Historia, podemos reconocerla en los momentos originales de la ciencia, en los primeros ingenieros de la revolución industrial, en los grandes personajes de la Física, la Economía, la Medicina… pero los nuevos hackers aparecieron no mucho antes del preciso momento en el que la información, la tecnología y la creatividad se convertían en la parte mayoritaria del valor producido. El momento en el que la gran escala comienza a revelar «rendimientos negativos de escala» en la gestión del capital intelectual.

Nacido originalmente en medios cercanos a la universidad y ligados al activismo por la privacidad electrónica, el movimiento hacker evolucionó rapidamente hacia un sistema alternativo de organización para investigadores autoorganizados en diversos campos.

Hackear es utilizar el conocimiento que tenemos sobre un sistema de cualquier tipo para desarrollar funcionalidades para las que no había sido diseñado originalmente o hacerle funcionar de acuerdo con nuevos objetivos. En la prensa aparecerán nombrados como «genios informáticos» o incluso como «piratas», pero los nuevos hackers son, de hecho, mucho más. El sociólogo Pekka Himanen mostró en un famoso libro2 como los hackers, para crear valor, necesitan libre acceso al conocimiento y a sus pares.

Para los hackers el conocimiento es un motivo en si mismo para la producción y en general para la vida y el trabajo en comunidad. No aprenden para producir más o mejor, producen para saber más. Como aprender es su móvil, su vida no puede ser dividida entre tiempo de trabajo y tiempo «libre». Todo el tiempo es libre y por tanto productivo, ya que el hacker defiende el pluriespecialismo como modo de vida. La libertad es el valor principal, materialización de la autonomía personal y comunitaria. El hacker no reclama a otros -gobiernos o instituciones- que hagan lo que considera debe hacerse, lo hace por si mismo directamente. Si reclama algo es que sean retiradas las trabas de cualquier tipo (monopolios, propiedad intelectual, etc.) que le impiden a él o su comunidad hacerlo.

En este marco de valores nació la primera gran victoria del software libre: construir un sistema operativo libre completo, Linux. Nunca más el movimiento hacker sería ya parte del undergruound. Un nuevo comunal electrónico aparecía ante los ojos de millones de personas. Pronto, profunda pero rapidamente, esto cambiaría para siempre a la industria estrella de la década anterior. Pasaría de unas pocas empresas de gran escala a un sistema de gran alcance con muchos pequeños grupos, proyectos y empresas que reposaban sobre un único, pero multiforme, diverso y dinámico procomún.

No mucho después el ciclo y la estructura de producción del software libre, aparecería en otro campos. No por casualidad, la producción de objetos culturales inmateriales -música, literatura y creación audiovisual- había aprovechado la tecnología p2p antes que otros. Pero por lo mismo había sufrido también el ataque de las nuevas legislaciones sobre propiedad intelectual azuzadas por la industria cultural de gran escala.

Y tras no muchos años, cuando la crisis del sistema de gran escala ya se hacía demasiado pesada, el mismo ciclo, la misma estructura para la producción p2p, dió sus primeros pasos en la fabricación de objetos físicos. Hoy podemos construir coches más eficientes, baratos y bellos, libres de propiedad intelectual, en cualquier pequeño taller gracias a proyectos como Wikispeed.

En los últimos tres años se multiplicaron los proyectos de fabricación industrial basados en la posibilidad de alta productividad a pequeña escala basados en el comunal de conocimientos técnicos. Sólo el proyecto «Open Source Ecology» trabaja ya en el diseño de cuarenta máquinas industriales básicas: desde un generador eólico a un tractor pasando por una máquina de hacer ladrillos.

Pero, ¿qué es el modo de producción p2p? ¿qué es el ciclo de producción p2p?

Ciclo de producción p2p

El centro del ciclo es el comunal de conocimiento: inmaterial, gratuito y de libre uso por todos. Es la forma característica del capital en la producción entre pares. De este punto de partida nacen nuevos proyectos. Como no hay autoridad central, pueden ser evoluciones de anteriores proyectos del comunal -incluso personalizaciones para necesidades concretas- o pretender distintos, verdaderamente nuevos, objetivos. De esta manera se produce nuevo conocimiento en el proceso de su materialización y desarrollo.

Cada nuevo saber se incorpora directamente al comunal, centro de la acumulación p2p, pero también salen al mercado donde posiblemente aparezca incorporado a servicios de personalización, producción y mantenimiento vendidos por empresas de pequeña escala.

Es importante señalar de qué modo mercado y capital se definen en el modo de producción p2p de modo fundamentalmente distinto al sistema actual. La clave para comprenderlo es el concepto de «renta». Renta es todo beneficio extraordinario, generado fuera del mercado, a causa del lugar ocupado por la empresa. Monopolios «naturales» -normalmente generados por la «sobre-escala»-, monopolios legales (como la propiedad intelectual) y favores estatales son los orígenes más comunes de rentas empresariales. Y también, como vimos antes, el principal motivo para el sobre-escalado de las organizaciones y el argumento más común sobre la «necesidad» de gigantescos capitales para las nuevas industrias.

Todas estas rentas desaparecen en el sistema de producción p2p. Sólo una renta permanece: la producida temporalmente por la innovación. Quien crea nuevas tecnologías o productos tiene un breve tiempo para aprovecharse de su soledad en el mercado antes de que el paso de los nuevos conocimientos al procomún permitan a otros ofrecerlo, «disipando» las rentas de innovación para sus creadores… comenzando de nuevo el ciclo.

Como en el límite el mercado solo paga el valor del trabajo contenido en los servicios, las empresas necesitan innovar constantemente para ganar las cortas rentas temporales de las sucesivas innovaciones. Por eso el modo de producción p2p es una verdadera máquina de producir abundancia, que acumula bajo la forma de un siempre creciente y universalmente utilizable comunal de conocimiento. Todo ello sin necesitar un control central, una jerarquía ni organizaciones de gran escala.

5. La nueva revolución industrial

Si representamos las distintas escalas posibles sobre un eje, en el origen pondríamos el todavía utópico- horizonte de la producción individual. Un mundo en el que cualquier persona puede, por si misma, producir cualquier cosa. En el punto contrario encontraremos a la difunta URSS: donde una única empresa -el estado- planifica y produce para todo el mercado. La escala óptima actual está en un punto intermedio, dependiendo de la productividad y de la tecnología.

Escalas

Así, la creciente incompetencia de la economía soviética desde los años cincuenta a los noventa, sería, al menos en parte, consecuencia de la ampliación de la distancia entre la escala estatal y la óptima, que estaba cada año más a la izquierda en nuestro eje.

La crisis de hoy, que fuera primero occidental y luego global, muestra claramente la no adaptación del capital financiero a las menores escalas óptimas de producción creadas por la evolución tecnológicas. La economía occidental está sobre un punto a la izquierda de la escala media de las grandes empresas de Europa y Norteamérica.

No es la primera vez. En los años setenta Europa sufrió una inadaptación similar y las grandes industrias europeas se rediseñaron. Pero ahora, se está en un punto crítico. Un momento en el que cambios cuantitativos en la productividad producen cambios cualitativos en la organización industrial, que por otro lado requieren transformar a las estructuras financieras, comerciales e institucionales.

En este punto, gran parte de las viejas posibilidades no funcionaran y las nuevas llevarán a la economía y a la estructura de poder a un lugar muy diferente.

La tradicional economía de grandes escalas no puede ni superar, ni siquiera resistir, la crisis actual. La gran escala no permite innovar, gestionar el conocimiento creado en su interior ni contribuir con valor social. Su propia naturaleza se lo impide. La parálisis de los grandes monstruos empresariales les impide innovar cuando sería más necesario. Y ya quedó atrás el momento en el que la estandarización de servicios les tornó incapaces de satisfacer a sus clientes. Las macroempresas occidentales no están lejos de la erosión de la calidad que vimos en las empresas soviéticas durante los años setenta.

Por el contrario, nunca como hoy el conocimiento fue tan importante, de hecho más importante que el capital monetario, y nunca la producción personal estuvo tan cerca. Las impresoras 3D progresaron increiblemente sin recibir ni una millonésima parte de las ayudas estatales que recibieron las grandes empresas, las «incubadoras de emprendedores» y las asociaciones de organizaciones de gran escala para crecer, internacionalizarse y sobrevivir.

La ampliación del comunal al mundo de la maquinaria industrial de bajo coste y el diseño de casas o automóviles para su producción local esboza nuevos límites de posibilidad pero también muestra ya un sistema alternativo funcionando sin rentistas, sin la vieja y nociva lógica de las escalas. Como asegura la nada sospechosa revista «The Economist», vivimos, en paralelo a la crisis, una verdadera «nueva revolución industrial». Estas tecnologías, incluso un poco inmaduras, pueden ser una base válida para enfrentar las consecuencias de la crisis financiera en el tejido productivo local, en los de la microempresa industrial y en el de la PYME, del taller de barrio a la fábrica de componentes.

Y es que según todo lo que hemos estudiado en las páginas anteriores, la fórmula de la nueva revolución industrial estaría clara:

Procomún de conocimiento + redes distribuidas + alta productividad a pequeña escala = macroespacios virtuales de abundancia + micromercados de producción y servicios = reindustrialización local

6. El sistema de aprendizaje P2P y la producción de conocimientos teóricos

Mientras tanto, en paralelo al crecimiento del comunal, otra evolución importante en el modo de producción P2P es la aparición de un verdadero «sistema de aprendizaje P2P» y un «sistema P2P de investigación teórica».

Cuando, alrededor de 2008, las más reconocidas universidades americanas comenzaron a publicar gratuitamente sus cursos en vídeo en Internet, los otros centros americanos y el modelo universitario europeo se vieron cuestionados. Si el aprendizaje con los medios más modernos en los más famosos centros se volvía gratuito, ¿qué estaban comprando sus estudiantes? ¿Solo la certificación que pronto podrían comprar en el MIT o en otras grandes universidades?

Los hackers, tradicionalmente autodidactas, mantenían otra reflexión: estaba naciendo un nuevo conjunto libre de herramientas de aprendizaje y ya se podía aspirar a un sistema de aprendizaje P2P. Pronto los proyectos se multiplican.

Desde la perspectiva de la ética hacker, la universidad, fundamentalmente la europea continental, es parte de un sistema de enseñanza. Para todo sistema de enseñanza el resultado más importante es la certificación de los estudiantes para el estado y la señalización de sus conocimientos para las empresas de gran escala. El sistema de enseñanza es parte del sistema de rentas. Los hackers no quieren que se les enseñe, quieren aprender. Señalización y certificación es inutil para ellos. Como la ética hacker es una ética de la acción, ĺa única señalización útil del conocimiento en el modo de producción P2P son los aportes que se hacen al comunal.

Sin embargo, la universidad mantiene otra función tradicionalmente ligada a los propios hackers: es el lugar para la producción de teoría y conocimiento científico básico. Pero la atmósfera de la investigación en la universidad ya no es hacker. De hecho es casi feudal y cada vez más cerrada y dependiente de la orientación dada por las instituciones y las grandes empresas que controlan las rentas. Por consiguiente, el modo de producción P2P necesita su propia estructura para ello.

Instituciones como la «Free Software Foundation»3 que apareció alrededor de la primera década del siglo, crecieron y ganaron peso en el nuevo contexto, volviéndose verdaderas «escuelas de estudio del comunal». La discusión sobre la necesidad de una institución que sirva de lugar de encuentro en el debate entre las distintas escuelas y proyectos, finalmente clarifica el mapa de todo el sistema de aprendizaje e investigación P2P.

sistema de producción intelectual p2p

El modo de producción P2P supera la división entre la acción y el conocimiento. Las comunidades de desarrollo de los diversos proyectos (OSE, WikiSpeed, Mozilla, etc.) generan productos pero también la investigación e innovación ligadas a ellos. El desarrollo del conocimiento aplicado ya tiene su lugar ahí. Pero el lugar de la investigación teórica está en las «escuelas del comunal», que animan la investigación libre sobre teoría social y ciéncia básica. No ofrecen enseñanza ni títulos, pero producen materiales pedagógicos mediante grupos de trabajo especializados. Grupos de aprendizaje local usan esos materiales junto con los materiales generados por las comunidades de desarrollo para convertirse en los activadores de la cultura P2P local. En este momento, mientras escribimos este capítulo, se están creando decenas de grupos de aprendizaje local bajo distintos nombres y estructuras legales: asociaciones, cooperativas, talleres locales…

7. El reflejo político: comunales, confederalismo asimétrico y principio de subsidiaridad

La progresiva reducción de la escala óptima de producción es el origen de la crisis, pero también de la posibilidad de que el modo de producción P2P sea una realidad. Pero si la escala se reduce en la producción, ¿no sería lógico pensar que la administración pública también se ha de reducir? Los grandes estados descentralizados tienen muchos de los problemas de las grandes empresas y además son el gran objetivo de los captores de rentas. Como el pensamiento libertario y anarquista defiende de Proudhon a Hayek, administraciones de pequeña escala con lazos confederales entre si serían una defensa contra la captura de rentas del poder público.

Por otro lado se generan inevitables tensiones entre la naturaleza universal del comunal y la naturaleza local de una parte creciente de la producción y su distribución física. La tentación autárquica, incluso insularista, aparece rapidamente, dejando de lado uno de los elementos más esperanzadores de la emergencia de las redes distribuidas: la erosión de las viejas identidades del estado nacional y la aparición de nuevas identidades transnacionales y anacionales. Pero realmente, la evolución de la transición hacia el modo de producción P2P, ha ido mano a mano con la emergencia de nuevas comunidades transnacionales, muchas de ellas, de China a Senegal, han exprimentado diversas formas de autonomía económica4. Su papel en el futuro no es pequeño. La sociedad P2P conocerá el comercio y la movilidad de larga distancia. No podría no conocerlos sin poner en peligro su capacidad para crear bienestar y cohesión social.

Ciertamente escalas más pequeñas significan más producción local, pero los transportes mercantes intercontinentales de bajo coste -posiblemente basados en energías renovables- continuarán. La revalorización de la producción local, liberada del sometimiento a las escalas gigantescas, no significa en absoluto un nuevo autarquismo localista.

No es lógico pensar el fenómeno transnacional limitado a los procesos deliberativos que generan el comunal de conocimiento. Si el nacimiento de identidades transnacionales continúa y confluye con el desarrollo general del modo de producción P2P, lo transnacional empoderará lo local a través de comunidades identitarias que bien podrían dar lugar a un «continuo de libertades y bienestar» por encima de las herencias de los diferentes niveles de desarrollo y los estados nacionales en descomposición. Las filés seguramente sean vectores de comunicación, comercio y transnacionalización de la ciudadanía. El modo de producción P2P no rechaza la globalización, la redefine desde lo local y lo comuninario.

Distintas propuestas traducen este horizonte, pero posiblemente la más clara sea la redefinición de confederalismo de Juan Urrutia, quien trabaja el concepto de «confederalismo asimétrico»5. Confederalismo en el sentido cantonalista clásico: gobiernos democráticos autónomos locales que voluntariamente comparten partes de su presupuesto con otras administraciones del mismo nivel a través de organizaciones supraterritoriales. Asimetria pues no solo contrata con gobiernos territoriales sino también con organizaciones transterritoriales.

Por otro lado, la definición del cuerpo electoral -quién tiene derecho a voto- aparece cada vez en más lugares en el centro del debate político. Por ejemplo, las elecciones locales en muchas ciudades de Europa se deciden por el «voto emigrante», que es, muchas veces, el de los nietos de los que emigraron… y apenas conservan relaciones «culturales» con el origen de sus abuelos.

El fenómeno es interesante. Por un lado los estados en descomposición tienden a priorizar el principio de nacionalidad sobre el de ciudadanía, liberándose de la idea contractual que sostiene al segundo en favor de la afirmación identitaria que define a la primera. Pero por otro lado, la definición misma de la comunidad nacional imaginada, basada en los orígenes, pone en cuestión la posibilidad misma del caracter nacional del estado por la creciente transnacionalización de los grupos lingüísticos y culturales: por muy nacional que se quiera el aparato administrativo, ni son todos los que están ni están todos los que son. De hecho podemos también recordar el debate isralí entre los defensores de un estado étnico como el actual -que da ciudadanía a cualquier judío étnico del mundo- y los defensores de una reforma hacia el estado nacional.

La salida nacionalista autoritaria pasa por la homogeneización y la xenofobia hacia dentro y el expansionismo del censo hacia fuera. Es decir, a una parte de los vecinos no se les quiere dejar votar y sin embargo se le otorga el derecho al voto a personas que nunca vivieron en el lugar. El resultado inevitable es que son muchos los que en Galicia, Asturias o Israel no entienden por qué el alcalde de su pueblo acaba siendo decidido por un grupo de personas a las que sólo vieron un par de veces durante unas vacaciones, por cierto generalmente pagadas con dineros en teoría dedicados a la cooperación al desarrollo.

La idea del confederalismo asimétrico se presenta aquí como algo sensato y aplicable a corto plazo sin mayores dramas. La idea es que si existe un procomún cultural a ser mantenido debería desarrollar sus propias estructuras transnacionales. Estas serían algo diferentes del W3C o la Mozilla Foundation: sus miembros tendrían una cierta autonomía cultural reconocida globalmente para definir sus propias políticas culturales y lingüísticas entre sus miembros, entre los que podrían desarrollar también políticas de cohesión y solidaridad económicas propias. Pero la administración de lo que es local se decidiría por un censo basado exclusivamente en la vecindad, atendiendo tan sólo al principio de ciudadanía.

Actualmente algunos estados como el austriaco o el español, incluyen en sus formularios de impuestos campos que permiten al contribuyente decidir si entrega un porcentaje de lo que paga a la confesión religiosa a la que se adscribre o a «otros fines de interes social» definidos por el estado mismo. Podemos imaginar una manera semejante de incluir la dimensión transnacional y comunal en un sistema confederal con soberanía fiscal como el suizo: votan en cada lugar los vecinos pero cuando van a pagar sus impuestos, pueden elegir que una parte se destine a una organización transnacional que le represente en la identidad a la que se adscriban, sea cultural basada en un procomún identificado con un «orígen» (gibraltareña, brasileña, vasca o judía por ejemplo) o una comunidad transnacional sintética (indiana, muridí, focolara, esperantista, etc.) u otras comunidades productivas del comunal (Linux, cuidado de los océanos, etc.), todas ellas organizadas sobre distintas fundaciones u organizaciones internacionales.

Es de destacar que todo esto sólo es realmente aplicable si existe una soberanía fiscal cantonal que, por cierto y no por casualidad, es la base de la democracia directa. Y todavía, es necesaria una aclaración más: la coherencia de todo el sistema lleva a redefinir el principio de subsidiearidad para incluir también la relación entre la propiedad pública y la comunal. De hecho, todo confederalismo asimétrico necesariamente defiende la supremacía de la administración en comunal: los gobiernos no deberían administrar nada que pudiera ser gestionado como procomún.

8. Conclusiones

Desde la segunda guerra mundial la productividad se multiplicó, lo que redujo drásticamente la escala óptima de producción, dejando fuera de juego en primer lugar al capitalismo de estado de los países orientales, pero también poniendo bajo amenaza a las grandes empresas de EEUU y Europa.

Durante ese tiempo también se transformó la estructura de comunicación: estamos en la transición de un mundo descentralizado, el mundo del telégrafo y las naciones, al modelo de comunicación distribuida, el mundo de la comunicación P2P.

La unión de ambos cambios con la apertura de las barreras comerciales de los noventa dio como resultado un crecimiento constante del comercio basado principalmente sobre la emergencia de nuevos agentes de la periferia con menor escala y menos intensivos en capital. La consecuencia directa fue la mayor reducción de la pobreza de la Historia humana, pero también un remarcable aumento de la desigualdad y de la inestabilidad económica.

El causante principal de esta contratendencia fue el capital financiero, que no se adaptó a la reducción de escala sino que por el contrario aún las aumentó, ayudándose de la «financiarización» y la «securización», apartándose del sistema productivo e instigando regularmente burbujas especulativas. Su estrategia de escala incluyó el endurecimiento de la legislación sobre propiedad intelectual, redefinir innecesariamente Internet mediante estructuras recentralizadoras (Google, Facebook, etc.) y fundamentalmente redoblar las presiones para capturar a los estados.

Esta estrategia sólo puede conducir a la destrucción simultánea del mercado y el estado, el fenómeno que llamamos «descomposición» y que se desarrolla en paralelo a la destrucción de capacidades productivas que traen consigo la crisis y la guerra, a las que la anteceden y acompañan.

Pero en paralelo, con el nacimiento y desarrollo del software libre, aparecía una nueva manera de producir y distribuir cuyo centro no era la acumulación de capital sino la acumulación de un nuevo comunal, el «procomún», es decir, de abundancia, en el que el mercado elimina las rentas -de propiedad intelectual, de posición, etc.- para basarse en el pago del trabajo y premiar la innovación y la adaptación que enriquecen a su vez el comunal.

Es esto lo que llamamos el modo de producción p2p y funciona tanto para producir software como objetos físicos y todo tipo de servicios. Acumula abundancia bajo la forma de comunal de conocimiento y disipa las rentas sin precisar control central, jerarquía u organizaciones de gran escala.

Estas tecnologías, incluso si todavía son un poco inmaduras, pueden ser una base válida para enfrentar las consecuencias de la crisis financiera en el tejido productivo local, tanto en el de las microempresas industriales como entre las PYMEs, del taller de barrio a la fábrica de componentes.

Mientras tanto, en paralelo al crecimiento del comunal, otra importante evolución en el modo de producción p2p es la aparición de un verdadero «sistema de aprendizaje p2p» y un «sistema de investigación teórica» propio. Si el conocimiento aplicado ya tiene su lugar en las comunidades de desarrollo de los diversos proyectos (OSE, WikiSpeed, Mozilla, etc.), la teoría social del modo de producción p2p encuentra sus propias instituciones en fundaciones y escuelas del comunal. Y están creándose decenas de grupos de aprendizaje local bajo distintas denominaciones y estructuras legales.

Finalmente, están apareciendo las primeras propuestas políticas que muestran el reflejo en la estructura de la administración. El centro de estas propuestas es el concepto de «confederalismo asimétrico», que a su vez, necesariamente postula la supremacía del comunal. Para los nuevos confederalistas, los gobiernos no deben gestionar nada que pueda ser administrado como procomún.

Concluyendo, todos estos fenómenos diversos que emergen ante nuestros ojos, desde la crisis financiera hasta los automóviles de producción local, pasando por las impresoras 3D, el movimiento hacker o el software libre, son parte real de una crisis mayor, la crisis del capitalismo como lo hemos conocido: basado en grandes escalas, descentralizado, jerárquico y rentista.

Por contra, investigamos las características fundamentales del nuevo modo de producción, basado sobre pequeñas esclas productivas, relaciones entre iguales, nueva ética hacker del trabajo y, sobre todo, procomunes de conocimiento. Parece una buena base para la necesaria transición hacia un nuevo sistema social y económico. Y, lo que es más importante, está ya aquí, funciona, no es un relato moral, una receta mágica o un activismo bienintencionado.

El modo de producción P2P no es el plan de futuro de ningún ideólogo. No es cosa de partidarios ni el sueño de un grupo de correligionarios. Es una alternativa real, aunque joven, para la organización y la reconstrucción del tejido productivo sobre nuevas bases. No necesita de jefaturas ni gobiernos para desarrollarse, sino del trabajo de todos aquellos que quieran ganar resiliencia para sus comunidades desde la competencia sin rentas y el trabajo colaborativo.

Notas

1. Véase «El poder de las redes», David de Ugarte, 2005, diversas ediciones en español, gallego, portugués e inglés. Descargable en http://lasindias.com/el-poder-de-las-redes/. Volver

2The hacker ethics and the spririt of the information age» («La ética hacker y el espíritu de la era de la información»), Pekka Himanen, 2001, distintas ediciones en inglés, finés, español, etc.. Volver

3. http://www.fsf.org/ Reveni

4. Véase «Files: de las naciones a las redes», David de Ugarte, 2008, distintas ediciones en español y gallego. Descargable en http://lasindias.com/files-de-las-naciones-a-las-redes/. Volver

5. Véase «Nuevos territorios», Juan Urrutia, 2012, Basques 2.0 Fundazioa. Descargable en http://juan.urrutiaelejalde.org/trabajos/nuevos_territorios.pdf Volver

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