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Globalización

Llamamos globalización al proceso de inserción de unos mercados en otros en zonas tan amplias que tiene sentido empezar a dejar de pensar en la división entre mercados locales nacionales y regionales, pues los procesos productivos determinantes y los flujos financieros cruzan todas esas esferas y las hacen interdependientes.

Vectores de desarrollo y posiciones ante la globalización

El proceso de globalización es acompañado de la extensión y profundización transnacional de las tres libertades que determinan el grado de apertura de los mercados:

  • libertad de movimiento de personas
  • libertad de movimiento de mercancías y
  • libertad de movimiento de capitales

Las políticas de reforma de la globalización pretenden equilibrar el proceso en su conjunto no haciendo hincapié en las dos primeras libertades y dándoles tanto peso como a la tercera sino conservando las trabas a la segunda (proteccionismo) e incorporando nuevas a la tercera (la llamada «tasa Tobin» por ejemplo). Es lo que los indianos han llamado la política del estrabólogo, siguiendo la analogía con las operaciones de estrabismo. En estas intervenciones quirúrgicas en vez de arreglar el nervio vago de un ojo, el cirujano estropea el nervio sano del ojo normal para equilibrar ambos… por abajo.

Sus defensores se llamaban a si mismos altermundistas frente a los globalistas que defenderían el desarrollo en mayor grado de las dos primeras libertades y los antiglobalistas cuyas posiciones son en principio antimercatistas|antimercatismo y decrecionistas. Sin embargo estos últimos han adoptado también ampliamente el término altermundismo por lo que en la práctica se han convertido ya en sinónimos.

Historia de la globalización

La formación de amplias rutas comerciales interconectadas más allá de los espacios de administración de los grandes estados es un proceso que se inicia en el mundo musulmán en el siglo IX, continúa con la revolución comercial europea de los siglos X al XIII y tiene su punto culminante en la expansión bioceánica de las monarquías peninsulares. El galeón de Manila será la primera ruta comercial tricontinental.

Pero si este largo proceso sentará las bases para una integración de mercados esta no se comenzará a producir hasta la extensión de la libertad de comercio impulsada por Gran Bretaña en el siglo XIX. A partir de ahí podemos hablar de tres fases o tres globalizaciones

  1. Primera globalización (1848-1914). Se produce la consolidación de los mercados nacionales en casi todo el globo y su interconexión creciente por efecto de la libertad de comercio. Desaparecen las aduanas interiores dentro de los estados en casi toda Europa y Asia. Aparecen los primeros bancos y casas aseguradoras internacionales y las primeras industrias integradas globales textil y siderometalúrgica. Tienen lugar las primeras migraciones masivas entre Europa y América despuntando un mercado de trabajo global. Surge la primera potencia no occidental, Japón, que enfrenta al imperio ruso con éxito ya en 1905. La primera globalización tiene en el telégrafo su catalizador y su símbolo cultural en el optimismo del progreso y el librecambio las exposiciones universales el concierto de las naciones y las novelas de Verne. Acaba con la primera guerra mundial que si en buena medida es mundial afectando a las economías de todas las regiones incluida la neutral América del Sur es porque es la primera que se da en el marco de un mercado mundial mínimamente estructurado.
  2. Segunda globalización (1920-1930 y 1945-89). El boom económico de la postguerra, la belle epoque, ve la expansión de la economía del petróleo las primeras multinacionales y el desarrollo de la primera economía financiera global. Se verá cercenada por las políticas proteccionistas y las restricciones a la inmigración que seguirán al crack del 29 en las economías más desarrolladas. Tras la segunda guerra mundial se retomará el impulso en el bloque liderado por EEUU con la interconexión de los bancos nacionales producto de los acuerdos de Breton-Woods. Nacen el FMI y el Banco Mundial, los primeros intentos de desarme aduanero global, las sucesivas rondas que en teoría construían la Organización Mundial del Comercio y los primeros mercados regionales integrados con la Comunidad Económica Europea. Se produce la descolonización de Africa y Asia y la generalización de acuerdos regionales (Mercosur, Asia-Pacífico) dentro del bloque occidental.
  3. Tercera globalización 1989 hasta hoy. Tras el derrumbe del bloque soviético y el desarrollo de las políticas reformistas de Deng Xiao Ping en China, las economías socialistas comienzan su integración en el mercado mundial. Al mismo tiempo el gran capital de los países centrales ha comenzado a responder a la reducción de la escala óptima de producción (ver «crisis de las escalas») generada por las nuevas tecnologías, mediante las nuevas políticas «neoliberales» y la captura del sistema productivo a través de la financiarización y ve en la oportunidad de incrementar e integrar mercados una nueva forma de impulsar la revalorización de la escala.

    El proceso consiguiente reacelerará las tendencias a la integración en el antiguo bloque occidental. La Comunidad Europea alcanza la integración plena de mercado y se convierte en unión europea con el compromiso de mercado único consensuado con el tratado de Maastrich en 1993. En 1994 se firma el acuerdo de libre comercio entre EEUU, México y Canadá. En 1995 se funda finalmente la OMC. Aparecen nuevas potencias de lo que un día fueron países colonizados: Brasil, China, India. Es la época del desarrollo y la primera masificación de Internet.

    Pero por otro lado las fuerzas que ligadas a la globalización, impulsan el cambio social y cultural ligado al nuevo cambio de las estructura económica e informacional encontrarán cada vez más trabas. Las viejas estructuras se resisten al cambio y las más débiles se derrumban. Es el comienzo de la Descomposición.

    En cuanto a los modos de organización industrial y productiva esta nueva globalización se caracterizará por la ruptura de las cadenas de valor: el paso de las grandes empresas de escala que realizan todo el proceso de un producto a redes de pequeñas empresas distribuidas por el mundo que se especializan en distintas partes del proceso. Las escalas entran en crisis y se tornan innecesarias por la combinación de desarrollo tecnológico y redes distribuidas en un entorno con menos trabas aduaneras.



    Pero si el modelo industrial en un principio sigue controlado por las grandes marcas de los países centrales, pareciendo que globalización es igual a deslocalización para bajar costes de los grandes, pronto los pequeños y periféricos empezarán a integrar por si mismos y vender directamente en los mercados globales, es la globalización de los pequeños». Veremos el desarrollo industrial y tecnológico alborear en China… y a las empresas vinculadas a la «propiedad intelectual de los países centrales crear un verdadero lobby para capturar por esta vía rentas y llevarse una parte de un desarrollo que no les debe nada.

    El resultado social global será una drástica reducción de la pobreza en el mundo… acompañada de un aumento de la desigualdad… sobre todo en los países centrales donde los altos directivos y creativos de las empresas integradoras capturarán en buena medida las consecuencias retributivas del las rentas de las macroempresas.

Evolución y balance de la fase actual de globalización

La globalización pone en cuestión la definición nacional de los mercados y la identidad de las mismas empresas al tiempo que, unida al cambio de topologías de red nacido de la universalización de Internet, impulsa un desarrollo competitivo de los mercados que erosiona las posiciones de poder de las élites.

Logicamente aparecen nuevas formas de nacionalismo como forma de armar ideológicamente la resistencia de las viejas estructuras de poder, no sólo del estado sino de las clases que basaban su predominio en rentas otorgadas por aquel: desde industrias no competitivas y subsidiadas a la propiedad intelectual.

Pero más allá de lo ideológico, las resistencias a la globalización por parte de los estados y las clases dominantes locales consigue si no frenar el proceso globalizador y de desarrollo de mercados si al menos equilibrarlo… pero esto sólo consigue efectos contraproducentes cuando se ha comenzado un proceso de integración en el mercado global. Los intereses vinculados al estado cierran filas en torno a él, restringiendo su alcance y capacidad y enquistándolo en un nacionalismo solo útil para evitar la pérdida de poder para las élites locales a corto plazo, pero destructivo para el propio mercado interno a medio, sobre todo en los mercados nacionales más débiles.

La globalización se convierte en un fenómeno ambiguo, es la gran oportunidad para la extensión de la lógica distribuida al mundo económico y bien puede significar la transnacionalización de los pequeños pero también es el terreno en el que una convergencia entre los estados y los viejos monopolios locales que pretenden asegurar mediante juegos de regulación y desregulación una hegemonía de las viejas instituciones en el nuevo mundo que es en si misma generadora artificial de escasez y dependencia.

De esta tensión sostenida entre lo establecido y las formas emergentes en el que los intereses económicos beneficiarios del estado lo esclerotizan y parasitan, surgen cada vez más zonas de sombra, donde el estado no llega por su propia definición nacional o donde es incapaz de mantenerse por su pérdida de centralidad económica. El hueco será llenado por paraestados y redes criminales que a su vez aspirarán a capturar o cuando menos ganar autonomía respecto al aparato político… los cuales a su vez contribuirán a la emergencia de un clima ideológico cada vez más pesimista y oscuro cuyo ejemplo radical vendría representado por Alqaeda en la perifería y el decrecionismo en los países ricos. Son los fenómenos propios de la descomposición, acelerados por la crisis económica. Pero no debemos olvidar que no es la globalización la causante de la crisis y la descomposición, sino las distintas formas de inadecuación del capital financiero a las nuevas escalas óptimas de producción y la resistencia de las élites a un mundo con una estructura de poder mucho mmás distribuida. De hecho la globalización quizá haya sido el fenómeno que más ha puesto en cuestión a las élites y los intereses monopolistas asociados a los países centrales desde principios del siglo XX… así que el balance de estos años de globalización es necesariamente favorable y proglobalista: los problemas de la globalización se resuelven sobre todo con más globalización.

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