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Decrecionismo

Teoría socioeconómica que defiende la necesidad de decrecer económicamente puesto que el desarrollo estaría destruyendo de forma definitiva los recursos naturales del planeta. Radicalmente antiglobalista postula no esperar al desastre y adoptar ya modos de vida y políticas tendentes al decrecimiento económico, la reducción de los niveles de consumo personal y el localismo.

Ver también: «Cinco falacias argumentativas y una falacia metodológica sin las que el decrecionismo no es argumentable»

Teniendo en cuenta que casi 4000 millones de personas viven en un nivel crítico de escasez, que de ellos 2500 millones consumen por debajo de sus necesidades alimenticias básicas y que 1200 millones no tienen siquiera acceso al agua, las distintas corrientes decrecionistas -conscientes de que no hay redistribución que baste- asumen distintos niveles de reducción poblacional, convergiendo la mayoría de ellas en torno a una cifra ideal maxima de 1000 millones de habitantes para todo el planeta.

Ver también: «¿Decrecimiento o abundancia?»

En general los movimientos «pobristas» y «decrecionistas» son característicos de periodos de descomposición en los que el sistema establecido destruye riqueza social excluyendo a cada vez más personas de la producción y el consumo. En cambio, la vindicación de la lógica de la abundancia es una constante del pensamiento utópico y alternativo.

Orígenes y referencias

El decrecionismo tiene su origen en el famoso informe «Los Límites del Crecimiento» presentado en 1968 por el Club de Roma. Alimenta entonces un nuevo enfoque neomalthusiano que ya emergía en argumentos como la «Tragedy of the Commons» (que bien traducida sería la «Tragedia de los bienes comunales»), un modelo teórico creado en 1968 por Garrett Hardin, obsesionado por lo que él creía un «exceso de población» y la idea de la «entropía de la economía» de Nicholas Georgescu-Roemen (1971).

ASPO

Pero se convierte en fuerza militante con el Ecologísmo profundo y otras corrientes new agers de raíz eugenista y depopulacionista, se ha expandido utilizando el discurso sobre el fin del petróleo (peak oil) y enraizado con las corrientes antiglobilización europeas.

ASPO es la organización internacional de propangandistas del Peak Oil a la que pertenece como brazo español AEREN~ Crisis Energética. El peak oil o pico de Hubbert es una proyección originalmente hecha por el geólogo M. King Hubbert en 1956 que predecía que entre 1965 y 1970, la producción de crudo de EEUU alcanzaría su pico, es decir, que la oferta de petroleo caería bruscamente en relación a la demanda. En su momento no gozó de mucho crédito ni por parte de la comunidad científica ni por parte de las empresas petroleras. En 2000 esta teoría reaparece de la mano de Colin J. Campbell con la formación de ASPO como lista de correo del entorno de seguidores de su famoso artículo de dos años atrás: El fin del petróleo barato.

En él auguraba el peak oil. Aunque el artículo había abierto un debate bastante amplio, Campbell no contó ni mucho menos con un apoyo unánime, sino más bien al contrario. Bajo la crítica, recuerda la Wikipedia, el grupo de Campbell evolucionó en su discurso sobre el cenit del petróleo pronosticando una y otra vez distintas fechas que posteriormente eran corregidas:

They point to the date of the coming peak, which was initially projected to occur by the year 1997, but the date was pushed back to 2000, then 2010, moved up to 2007 (in 2004) and later (2005) back to 2010. However, Campbell and his supporters insist that when the peak occurs is not as important as the realization that the peak is coming.

Cosa que sin embargo importa, porque prácticamente todos los escenarios menos el de Campbell/ASPO/AEREN implican unos plazos que no convertirían el cénit del petróleo en una catástrofe.

ASPO se constituyó como asociación formal en Uppsala en 2002 en unas jornadas impulsadas por… el propio Colin J. Campbell. Hoy ASPO se articula en torno al llamado Protocolo de Uppsala/Rimini. Este protocolo fue redactado y firmado por un profesor y dos alumnos de la Universidad de Uppsala, impulsados por un profesor visitante: el propio Colin J. Campbell. Firmaban con el nombre de Uppsala Hydrocarbon Depletion Group, en colaboración con ASPO.

El link New Age

El principal propagandista del protocolo de Rimini es Richard Heinberg, que no es un científico ni un geólogo, sino periodista, teórico de la espiritualidad New Age y después líder del Postcarbon Institute de donde nacería después el hoy famoso movimiento de los «Transition towns» -originalmente como una campaña.

Heinberg defendía ya antes de unirse a los peak-oilers en multitud de artículos y unos cuantos libros que la civilización, la separación de nuestra verdadera Edad de Oro neolítica, fue el verdadero pecado original. Comparte con Blavatsky la idea de una religión originaria común y piensa que la pérdida de nuestra propia naturaleza debida a la civilización puede desandarse al menos en gran parte, tanto espiritual como económica y socialmente. El primitivismo de Heinberg dibuja, como horizonte, una sociedad New Age completamente desindustrializada a la que se habría de llegar mediante una toma de consciencia masiva o mediante una catástrofe que nos obligara a reconciliarnos con mamá Naturaleza y por tanto con nosotros mismos. No es de extrañar que Heinberg abrazara el discurso peak-oiler como ariete decrecionista. Todo el esquema ideológico del relato de la crisis del petróleo ya estaba ahí antes de que el redactor de la propuesta/solución reparase en que el petroleo se iba a acabar. Heinberg fue el asesor principal de una de las principales iniciativas a través de la cual los peak-oilers y los decrecionistas se proyectaron a la opinión pública: el Citizens Committee on Oil Peak and Decline que acabó integrándose en el Postcarbon Institute del cual es ahora uno de los principales líderes y propagandistas.

El decrecionismo tiene mucho del depopulacionismo de Heinberg que tanto gusta a la extrema derecha survivalista americana. Son muchos los debates entre ambos mundos, entre otras cosas porque hay mucho de malthusianismo en el discurso peak-oiler

Post-carbon, ideología de la transición y «Transition towns»

La materialización más influyente del movimiento decrecionista en EEUU es posiblemente el Post Carbon Institute. Nacido como una consecuencia directa del discurso de ASPO, la emergencia social del discurso del cambio climático le dió una relevancia y una audiencia social inesperada.

Su estrategia ha venido dada por la formación de redes de activistas locales que bajo el lema Reduce el consumo, produce localmente creaban grupos de presión ante los gobiernos locales. De esta estrategia surgió de forma natural, de modo especialmente claro en la versión británica de la red postcarbon la ideología de la Transición. Transición, obviamente a un mundo sin combustibles fósiles con mucho menor consumo, población y actividad económica. Transición al mundo deseado por el decrecionismo, definido por su antimercatismo y anticonsumismo

El decrecionismo en España

En España, AEREN, la sección local de ASPO, desarrolló a partir de 2004 un fuerte activismo, articulando una comunidad muy activa a través del sitio Crisis Energética. Uno de sus portavoces y dirigentes más relevantes y pioneros, Marcel Coderch, quien profesionalmente ha estado vinculado al grupo Mediapro, fue elegido por el Gobierno durante la primera administración del presidente Zapatero como miembro de la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones.

AEREN realizó una agresiva campaña desde su lanzamiento pronosticando que el peak-oil llevaría a una crisis energética tal que en algún momento entre 2010 y 2015 los precios del combustible llegarían a tal nivel que harían imposible un consumo per capita mayor de 500W en los países desarrollados.

Con la llegada de la crisis, los precios del petróleo bajaron de forma sostenida y el «peak oil» dejó de servir de enganche. Toma entonces el relevo un nuevo enfoque. Enric Durán es capaz de entender lo que pocos activistas captan con rapidez: el impacto del 15M va más allá de las plazas y los medios no van a tener reparo en dar difusión a ideas que reduzcan el conflicto social o lo orienten hacia otros lugares. Nace entonces la CIC, a día de hoy la principal organización decrecionista.

¿Por qué se expande el decrecionismo?

Desde luego no por su capacidad profética. Durante diez años el decrecionismo nos dijo que debíamos reducir drásticamente la producción para consumir menos recursos naturales y evitar una catástrofe global inminente. Nos habló durante diez años (cosa que se retiró del discurso público luego) de la necesidad de reducir la población mundial a una séptima parte. Y nos aseguró que es imposible aumentar la productividad energética y que las renovables eran una mentira. Pero la catástrofe no se produjo.

Y sin embargo, siguió creciendo, postergando la fecha de la catástrofe una y otra vez e incorporando confusamente argumentos razonables de otras tendencias, especialmente la crítica de los sistemas de contabilidad nacional.

Pero su crecimiento tampoco se debió a eso. Obviamente los sistemas de contabilidad nacional no miden el valor como los defensores del comunal pensamos que deberían: puntúan cero por ej el valor del software libre -en realidad una forma de capital de acceso gratuito- y puntúan positivamente la destrucción de recursos no reemplazables. Pero esas «sutilezas» no cambian en nada el mensaje del decrecionismo. El decrecionismo no es una crítica a los sistemas de contabilidad nacional (aunque se apunten confusionistamente a ellas). Reducir la producción hasta el punto en que solo puede mantener a 1000 millones de personas sobre el planeta nada tiene que ver con que tengamos medidas alternativas del PIB y a su crecimiento. Ahí estamos hablando en realidad de distintos modelos de crecimiento que tienen algo en común: mayor productividad y mayor valor creado, aunque el valor sea diferente para nosotros de lo que es para Draghi. Con los decrecionistas es pura y simplemente menos productividad y menos valor producido para consumir menos recursos… hasta reducir la población.

¿Cómo puede ser atractivo?

El decrecionismo se dirige a todos aquellos que entienden que hay una crisis de las escalas pero que, separados del aparato productivo, solo se les ocurre una forma de imaginar un mundo a otra escala: la catástrofe. De hecho necesitan creer en ella para poder pensarse en una sociedad de una escala que puedan manejar, en el que puedan sentirse autónomos. Es sobre la inminencia de la catástrofe que justifican también sus propuestas, es decir, es como si aceptaran de salida que mientras el sistema no se derrumbe, el modo de vida que desean -el de la ecoaldea decrecionista- estaría fuera de lugar.

En lógica comunitaria, desde luego no es necesario: la economía directa y el modo de producción p2p apuntan en sentido contrario. Pero lo que es más grave, universalizarlo, pretender la reducción de producción y productividad a nivel global, supone excluir a miles de millones de personas de las condiciones mínimas vitales.

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