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La abundancia, el mercado e Internet, a quienes queremos tanto

Marx vía Ciberunions.orgSe hace incluso gracioso recordar hoy lo difícil que era explicar la lógica de la abundancia en los 90. Lo difícil que resultaba a casi todos nuestros interlocutores imaginar un mundo con amplios espacios desmercantilizados. La dificultad para entender la atrocidad que supone generar escasez artificialmente.

El ejemplo en la época era la primera telefonía móvil digital, el GSM. En América la llaman celular y la lógica de lo celular es la interconexión. Lo estudiábamos y no entendíamos por qué eran necesarias nuevas telefónicas. Bastaba que las células se conectaran entre si y que cada cual cuidara su antena reconociendo los números de los demás. Unas minimísimas infraestructuras comunes podrían permitir telefonía gratis para todos en todos lados y para siempre. ¿Por qué hacían falta licencias? ¿Para qué las operadoras? Hoy despuntan las redes Mesh y ya se entiende mejor.

Pero nadie lo entendía. Igual cuando hablabas del entonces en pañales software libre. Nunca -nos decían- un sistema así generará algo capaz de hacer lo mismo que un Windows… bueno… la verdad es que hoy hace lo mismo, algunas cosas más y casi todas mejor.

¿Y de la literatura libre y gratis para todos? Esbozábamos lo que luego sería el devolucionismo pero hace tan sólo diez años incluso hablar de música libre y de libros libres parecía una idea demasiado rompedora y absurda a gente tan poco sospechosa como Richard Stallman.

Imaginad cuando hablábamos del pluriespecialismo y de lo que sería la vida en una sociedad de la abundancia, en la que es cotidiana la visión de Marx de un mundo en el que

cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos

Hoy Internet ha barrido eso. Hoy el software libre y los contenidos originales libres, masivos gracias a la blogsfera, expresan de forma cotidiana que la idea de un mundo desmercantilizado es el futuro, el comienzo de «la verdadera Historia de la Humanidad»…

Pero curiosamente, de un modo que resulta igual de inexplicable para nosotros que las incomprensiones de entonces, a la mayoría de las personas que nos encontramos les resulta difícil concebir que el camino para eso es el mercado, que cuando los mercados se completan, cuando las rentas se disipan, el coste marginal -que por definición en un mercado de competencia perfecta es igual al precio- se hace cero. Gratuidad general. Abundancia. Como pasó en los contenidos en Internet. Como pasará con los objetos de diseño en el mundo del fabbing generalizado.

Y obviamente, seguirá habiendo mercados mucho tiempo claro, pero restringidos a los campos donde la abundancia se retrase un poco más. Y que obviamente se resistirán los rentistas e intentarán capturar el estado y la batalla por la abundancia será, como es desde siempre, la batalla por las libertades de las personas. Y más allá de ahí, habrá la inevitable resistencia que, decía Keynes, hace sus trincheras en las circunvoluciones cerebrales de las viejas generaciones apegadas y hechas a la escasez.

Pero que al final, y qué cosas volver a Marx tanto, la clave de todo es que la productividad, el valor generado por persona y unidad de tiempo, crecerá aún más. Más abundancia, más libres y más libres, más abundancia.

Pero no, cuánto más cerca, cuánto más posible es llegar a la sociedad de la abundancia, cuanto más nos muestra la lógica de las redes distribuidas y el p2p que el camino del mercado acaba en el procomún generalizado y el de las escalas inhumanas en la escasez y la desigualdad crecientes, con más fuerza resurge la voluntad de flagelo del decrecionismo, la culpa del deicida que vuelve una y otra vez al milenarismo medieval y el franciscanismo.

Internet es la llaga en la que el Tomás de hoy puede hundir sus dedos. ¿Seguirá sin creer lo que la experiencia le dice?

«La abundancia, el mercado e Internet, a quienes queremos tanto» recibió 0 y 13, de los cuales desde que se publicó el 08/03/2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte

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