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La economía de la piratería y el terrorismo

La economía de la piratería y el crimen transnacional nos enseña más de lo que parece sobre el mundo que viene.

No suele recordarse que la eclosión de piratería de los siglos XVII y XVIII comenzó con la guerra de Sucesión española. Los estados dinásticos dieron entonces patentes de corso con inusual generosidad. La misma bandera pirata, la jolly roger, proviene posiblemente de una deformación de la expresión francesa jolie rouge, la linda roja, porque roja era la bandera que el Almirantazgo británico había dado a sus corsarios.

El tratado de Utrech dejó pues sin cobertura legal a muchos corsarios que cambiaron de mares, del Mediterráneo a la costa africana y el Caribe. De contratistas públicos tuvieron que readaptarse y privatizarse, abriendo un verdadero mercado global de la rapiña y el asalto.

Algo muy parecido cuenta en la conferencia que en estos días publicará en video TED, Loreta Napoleoni sobre la evolución de los grupos terroristas e insurgentes de la guerra fría. John Robb lo resume y contrasta con otros autores.

En una línea mucho más interesante y seguramente menos sensacionalista, Wired ofrece hoy un reportaje en 4 partes (introducción, ataque, negociación y resolución) sobre el modelo de negocio de la piratería somalí. Un análisis que hará las delicias de los que llevan estudiando el tema desde 2005 el el marco de un modelo teórico más amplio.

Un panorama transnacional oscuro

Los viejos estados nacionales estaban acostumbrados a enfrentarse a sujetos claramente identificables, pero no a una netocracia como al Qaeda. Y aunque la inteligencia estatal ha evolucionado mucho en estos años, el problema de base es que ya no hay un enemigo o un conjunto territorialmente claro de ellos. Existe un verdadero swarming, una netwar que lo que pone es el jaque al mismísimo sistema internacional de orden estatal.

En el último año hemos visto cómo las redes transnacionales de la droga capturaban un estado como plataforma logística y pasaban a dirigir una ofensiva terrorista clásica contra el estado mexicano. Una ofensiva que ha desestabilizado a la muy tocada Centroamérica, donde de la privatización de la violencia tras las guerras civiles se ha pasado a la transnacionalización de las maras.

¿Qué podemos aprender de la transnacionalización de la piratería y el crimen?

Por mucho que se remarque la potencia económica de estas redes y sus organizaciones, el elemento común principal en todas ellas, de AlQaeda al Primeiro Comando da Capital es su caracter de sujeto político.

No porque interactúen con el estado o en el estado como un cuerpo ajeno, sino porque internamente se definen como desde una identidad y un proyecto colectivo, como un paraestado formado por un cuerpo central más o menos autoritario de iguales militarizados y un entorno cercano al que fidelizan proveyéndoles de servicios sociales, ascenso social y seguridad.

Por otro lado la desnacionalización y desterritorialización de la organización tiene un límite: todos ellos requieren y usan pequeñas bases de referencia, bien para funciones específicas, bien como referencia política y santuario para la formación de cuadros. Sean barrios de favelas, la carcel misma o el Afganistán talibán, las islas costeras de Guinea Bissau o poblados en la costa de Belice, una y otra vez la necesidad de establecer bases se materializa.

En una palabra, su comportamiento y su evolución es una versión negra y criminal del modelo de la filé, demostrando que es precisamente ese modelo el que responde a las características de un mundo globalizado sobre redes distribuidas de comunicación y transportes de larga distancia baratos.

Es obvio que las filés civiles, al generar en su entorno elementos de cohesión social, identidad y desarrollo en zonas que el estado ha dejado en sombra, serían la vacuna natural contra las filés negras. Sin embargo no acaban de cuajar, al menos al nivel de sus primas criminales.

Las filés civiles no buscan un espacio en confrontación con el estado, sino desarrollarse cumpliendo las leyes de los estados en las que operan… pero las leyes, desde la fiscalidad al movimiento internacional de personas, las erosionan en vez de fortalecerlas. En países como Portugal las cooperativas siguen teniendo restringido el comercio internacional a un nivel tan básico como la posibilidad de abrir una agencia de viajes y la UE está cuestionando abiertamente la fiscalidad cooperativa en España, uno de los países más avanzados al respecto.

Todas estas limitaciones desde luego no operan para las redes criminales. Y es seguramente esto lo que deberíamos plantearnos a la hora de estudiar la economía del crimen global. Cuando tras casi dos décadas de desarrollo parece claro que la cirugía, por costosa que sea, no acaba con la enfermedad, tal vez sea hora de pensar en fortalecer a la sociedad civil no poniéndole tan difícil crear anticuerpos.

«La economía de la piratería y el terrorismo» recibió 0 y desde que se publicó el 27 de julio de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte

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