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La ilustrativa historia de la vuvuzela china y el futuro de las PYMEs

La transformación de China está llegando a un momento de cambio cualitativo. El cambio social y económico transforma ya las reglas de juego global… y las estrategias de pequeñas y grandes empresas de todo el mundo.

La huelga masiva en dos factorías de Honda el pasado junio era en si misma un hecho significativo. Que la noticia fuera transmitida por los medios oficiales en términos de normalidad y que la huelga acabara con un acuerdo modelo significaba un cambio de reglas.

Pronto vendrían nuevas huelgas: desde Mitsumi a Kentucky Fried Chicken (KFC), donde los propios sindicatos oficiales firmaron una subida de salario mínimo de 700 a 900 yuanes mensuales.

Los medios chinos nos relatarían las condiciones de trabajo en el gigante manufacturero Foxconn no con la habitual fanfarria triunfalista, sino como explicación de una ola de suicidios que cullminó en reforma y subidas salariales. Mientras, en el liberal Hong Kong las autoridades no sólo autorizarán una manifestación por los derechos laborales sino que anunciarán escuchar las demandas humildemente.

Por si no quedaba claro el mensaje, el Partido Comunista será el primero en reclamar una mejora de las condiciones de los millones de migrantes sin hogar que forman las capas más bajas del proletariado manufacturero, iniciando nuevas políticas de vivienda para ellos. Incluso las protestas medioambientales serán aireadas por la prensa en una especie de glasnost inesperada.

El mundo entero quedó en shock ante la novedad. ¿Qué está pasando? ¿Qué hay debajo? La ilustrativa historia de la vuvuzela china servida por los medios oficiales, puede ser un buen comienzo para repensar China.

Microeconomía de la vuvuzela

El fabricante de plásticos chino Wu Yijun supo por primera vez lo que era una vuvuzela en el año 2001, luego de toparse con una caricatura en Internet que mostraba a un grupo de africanos tocando trompetas de bambú para espantar a los babuinos.

Tres años más tarde, Wu, gerente general de la Corporación de Productos Plásticos Jiying, ubicada en el distrito de Ninghai, un complejo industrial de la provincia oriental de Zhejiang, vio llegar lo que creyó era su gran oportunidad cuando Sudáfrica fue escogida por la FIFA como sede del Mundial 2010.

En agosto del año pasado, el empresario vendío 1.000 trompetas de plástico a un precio de 3 yuanes (44 centavos de dólar) cada una a un comerciante africano a través de la página web Alibaba.com, la mayor plataforma de comercio electrónico de China.

“Ésa fue la primera venta de vuvuzelas de plástico para la Copa Mundial”, afirma Wu. Pero a renglón seguido aclara: “y también fue el único pedido con el que logré ganancias relativamente altas”.

Wu descubría con dolor el significado de lo que Juan Urrutia ha llamado disipación de rentas

Los precios de exportación de las coloridas bocinas han caído a tan sólo 30 centavos de dólar por unidad, según Wu, quien asegura que “la ganancia por cada trompeta es de apenas 0,1 yuanes”.

El empresario pone la situación en perspectiva: “Después de medio año de trabajar horas extras, los beneficios fueron de sólo 100.000 yuanes (14.720 dólares), y los reembolsos fiscales para los exportadores tampoco se tradujeron en ganancias”.

Generalmente, los fabricantes chinos tienen un margen de ganancias de apenas un 5 por ciento, incluyendo el 11 por ciento del reembolso fiscal para la exportación de plásticos, en este caso.

“Al hacer pedidos, los comerciantes extranjeros tienen en cuenta el reembolso”, señala.

Las vuvuzelas se venden a 60 rands sudafricanos (unos 7,8 dólares) la unidad, 26 veces el precio de exportación, con lo que los negociantes y vendedores minoristas son los que realmente logran grandes beneficios, señala.

Pero la clave está en que las industrias de bajo aporte tecnológico y bajos salarios ya no consiguen atraer masas de mano de obra barata precaria:

Cuando terminó la producción de los pedidos iniciales, en abril, los 80 obreros con los que contaba se fueron a engrosar las filas del desempleo o a trabajar en otras factorías. No obstante, el inesperado éxito de las vuvzelas en el Mundial desató una oleada de pedidos, la que nuevamente tiene a Wu corriendo contrarreloj, pero esta vez con la mitad de la mano de obra. Ahora, Wu tiene unos 40 trabajadores y está tratando de reclutar más para cubrir la creciente demanda. “Les he subido el pago de 0,08 a 0,1 yuanes por cada vuvuzela”, revela

Debido a la carencia de mano de obra, Wu no ha tenido más alternativa que transferir algunos clientes potenciales a fabricantes de juguetes de la localidad meridional de Shantou, en la provincia de Guangdong, lo que ha exacerbado la competencia.

En un momento en que cada vez más trabajadores chinos reclaman aumentos salariales, Wu se está viendo en dificultades para contratar a nuevos empleados para un puesto de trabajo que muchos ven como demaisado duro y mal pagado. Cada uno de los obreros tiene que trabajar turnos de 12 horas en un taller donde la temperatura es tal alta que casi cuesta respirar. Dos ventiladores apenas logran dispersar el abrasador calor producido por las máquinas de inyección de plástico para hacer las cornetas, las cuales llegan con frecuencia a los 100 grados centígrados.

He Zongjun, un obrero migrante de la provincia suroccidental de Yunnan, produce alrededor de 1.000 vuvuzelas en cada turno de noche; sin embargo, no ha tenido la oportunidad de ver sus “obras de arte” en acción. “Yo no puedo ver los partidos del Mundial. Después de trabajar toda una noche, lo único que quiero hacer es dormir”, explica.

Es decir, mientras la mayoría de la mano de obra estuvo empleada en empresas como las del sr. Wu que son las que habitualmente relacionamos con China, se realizó una notable acumulación de capital y recursos, pero no existía una masa de consumidores capaz de hacer viable la industria masiva de consumo que el estado dibujaba, a través de los medios, al final de la gran epopeya de la industrialización china. Pero las cosas están cambiando, un sector cada vez más importante de las empresas han comprado, copiado y desarrollado nuevas tecnologías menos intensivas en trabajo. Al ser más productivas pueden subir salarios sin reducir demasiado las ganancias, por lo que están atrayendo ya a los mejores trabajadores, los de las generaciones mejor formadas:

Chen Shida, director de la Academia de Seguridad Laboral de Zhejiang, dice: “Las industrias de labor intensiva cada vez son menos atractivas para los trabajadores nacidos en las décadas de 1980 y 1990, pues consideran que sus ganancias no se corresponden con el trabajo que ejecutan”.

La era de las industrias exportadoras competitivas exclusivamente sobre los bajos salarios se está cerrando:

La escasez de mano de obra y el aumento de los costos laborales constituyen dos nuevos desafíos para los fabricantes en China. La revaluación de la moneda nacional, el yuan RMB, unida a la eliminación de la devolución de impuestos a las exportaciones, reduce cada vez más sus márgenes de beneficios.

Macroeconomía de la vuvuzela

Efectivamente, aunque la posición oficial es no ceder a las presiones de EEUU y Europa y someter el ritmo de ajuste a las necesidades chinas, el yuan está alcanzando nuevos máximos frente al dolar, lo que daña el potencial exportador de manufactureros de productos de poco valor añadido, como el sr. Wu.

Hasta ahora China ha exportado al mundo cada vez más pero ha importado muy poco. Lo que los occidentales quieren es que su crecimiento demográfico se convierta cuanto antes en el motor de la economía global a base de convertir al mercado interno en el gran importador mundial.

Pero para eso, antes tiene que basar su crecimiento en lo endógeno. China ha de pasar a producir fundamentalmente para China. Eso quiere decir consolidar la clase media, reducir el superavit comercial y aceptar la subida de precios liderada por los salarios. Todo ello esquivando el riesgo de estanflación, lo que no resultará fácil.

En otras palabras: se trata de pasar del un país dos sistemas a un desarrollo integral del mercado y el capitalismo privado en la mayor parte posible del territorio.

No hay mucho futuro para empresarios como el sr. Wu en los próximos años. Una política de este tipo necesita de la reestructuración y consolidación empresarial. Y por mucho que la recien estrenada política antimonopolio haga su labor, lo que producirá no serán pequeñísimos exportadores basados en bajos salarios y mala tecnología, sino campeones nacionales orientados al mercado nacional y la exportación de valor añadido.

De la vuvuzela a los productos de calidad

China, que ha tenido un largo momento basado en la exportación de productos propios de bajo coste y escasa calidad, comienza a ser importadora ella misma de ese tipo de productos (lo que le será útil, entre otras cosas para controlar la inflación).

Según las expectativas de los planificadores chinos, los próximos cinco años serán de verdadera revolución: China nacerá como mercado nacional desarrollado. Con una nueva clase media reforzada por una nueva generación supercompetitiva y formada y empoderada por talento traído de todo el mundo.

El fin de la era de la vuvuzela

Hasta ahora China era ese lugar desde donde llegaban imitaciones de mala calidad de las industrias manufactureras de baja capitalización como el textil, la zapatería o el plástico y que importaba materias primas -sobre todo energía- y máquina herramienta.

Discretamente sus propias máquinas herramienta han ido mejorando calidad -y con ellas, todo el sistema productivo eficiencia. En menos de cinco años serán ya equiparables a las de producción europea. Las primeras señales externas de esta recomposición del capital chino son la normalización de los conflictos salariales y el alza del nivel de vida. El horizonte es la capacidad china para competir donde hasta ahora era sólo cliente.

¿Qué deben hacer las PYMEs del mundo latoc?

A pesar de lo que dice el discurso del nacionalismo económico, los estudios demuestran que la apertura de factorías productivas de PYMEs europeas en China orientadas a mercados no chinos han generado empleo y mejora de la calidad de vida tanto en los lugares de origen como en China misma. A partir de ahora esas factorías -las que ya están y las que se abran proximamente- recibirán además la creciente y cada vez más exigente demanda del mercado interno del gigante asiático.

No hay alternativa: o se asume una competencia imbatible a cinco años o se forma parte de ella. Si se quiere mantener el empleo y el desarrollo en el mundo latoc, desde Mondragón a Chile, hay que hacer el petate y abrir líneas de producción en el gran mercado que viene, aproximándose a él no ya como el lugar de los bajos salarios que sólo sirve para bajar costes de producción, sino como el comienzo de un passagium permanente que habrá de ser el modo de vida de las PYMEs del siglo que vivimos.

Ya lo saben, si les preocupa su entorno actual, si quieren seguir impulsando nuevos empleos y cohesión social a su alrededor, si quieren crecer, vayan abriendo fondachi en China.

«La ilustrativa historia de la vuvuzela china y el futuro de las PYMEs» recibió 1 y 0, de los cuales desde que se publicó el 05/07/2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte

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