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Lo que Internet debería aprender de la gripe

El fenómeno mediático alrededor de la gripe A con el ambiente de miedo y alarma social que se vive en paises como Argentina, nos enseña más sobre ecología de la información que sobre virología

Un vídeo comenzó a sacudir la blogsfera rioplatense la semana pasada. Sus argumentos eran claros: cifras y datos sobre el contraste entre la incidencia real de la gripe A comparada con otras enfermedades y su tratamiento mediático. Mientras, en Europa, una reflexión similar emergía en blogs describiendo el miedo global a la pandemia como un verdadero nuevo modelo de negocio de las farmaceúticas.

No es un debate menor. Pero tampoco tiene cabida en los grandes medios. No está en la agenda pública mediática. ¿Por qué?

Inmediatez y espectacularidad: La peligrosa dinámica mediática

La comunicación mediática se parece, cada vez más, a un cuentacuentos callejero que necesitara del asombro permanente para no perder a su público. Jaleo permanente, noticia espectáculo, titular que obligue a mirar, emociones fuertes: miedo, entusiasmo, maravilla o angustia. Un modelo donde como dijo Bruce Scheneier, la definición más aproximada de “noticia” es “algo que no sucede casi nunca” y en el que la percepción del riesgo se exagera hasta histeria.

El resultado global es primario: líneas de entusiasmo, líneas de miedo. No hay lugar para la reflexión, no hay lugar para el matiz. El enfoque se ajusta a lo que toque en cada momento buscando la menor resistencia posible, se abusa de los titulares en cadena hasta que subitamente, de un día para otro, el tema que parecía central simplemente desaparece sustituido por el siguiente. Todo es inmediato, lo que no es espectacular muere.

Pero los medios no dejan de jugar un papel político, configuran una parte central de la agenda pública. Por eso a la agenda de la espectacularidad se superpone otra que nos cuenta cotidiana y machaconamente el culebrón de las disputas financieras de la administración del estado. Por eso no falta quién perciba que gestionan esa agenda social como si fuera propia, en un juego privado con sectores de la clase política y empresarial:

La agenda que tratan y el discurso que tienen obedece a sus intereses y no a nuestras inquietudes ni preocupaciones. El interés de los medios pasa por apuntalar en lo posible una estructura piramidal, no distribuida sino jerarquizada, de la información. Una estructura que genere escasez y les permita revalorizarse afianzándose al lado de un poder fuerte y central

El contrapeso ciudadano

No se trata de ninguna novedad ni de ningún enfoque radical. El influyente filósofo Jürgen Habermas pasó décadas denunciando como la fusión entre los grandes grupos multimedia y la élite relativamente estable de los grandes partidos políticos, oligarquizaba el acceso a la determinación de la agenda pública, vaciando la esfera pública e impulsando por tanto la feudalización el estado.

La aparición de la blogsfera, materialización de la esfera deliberativa ciudadana anhelada por el filósofo, parecía romper el ciclo de desconfianza y manipulación. Su expansión social alimentó una ola de ciberturbas, verdaderas revueltas éticas en palabras del sociólogo Manuel Castells, que cuestionaban tanto al poder político como al mediático…

Contracampaña: blogs are so 2004…

Pero no hay nada que no pueda combatirse si se dispone de la frivolidad y la capacidad de fuego suficientes. Hace un año Wired abrió hostilidades:

Thinking about launching your own blog? Here’s some friendly advice: Don’t. And if you’ve already got one, pull the plug.

Con la presunta alternativa se construye una nueva cantinela y un nuevo jaleo (hype): las redes sociales, y entre los servicios que se pretende lo sean, twitter, un sistema de microblogging centralizado.

Los blogs y la blogsfera desaparecen de los media. Poco importa que la desproporción de datos no alimente racionalmente el entusiasmo. Poco importa que en Moldavia o Irán todo niegue el discurso de la revolución twitter y sin embargo apunte a una blogsfera masiva y resilente. Una mentira repetida 100 veces es una verdad, pensaba Goebbels.

Qué significa la twittermanía mediática

La apuesta mediática es clara: ignorar la blogsfera, apostar y alimentar a los nuevos referentes de la comunicación centralizada, sin importar que sea contraproducente para quienes se baten el cobre contra las dictaduras o que su misma topología convierta la red en un corralito y la comunicación en una carrera rankista por acaparar cromos:

de los poco más de 750.000 usuarios activos (twitdir llega hasta los tres millones de usuarios pero incluye usuarios no activos e incluso dados de baja hace más de un año y medio), el más seguido lo es por más de 125.000 usuarios… el grado de centralización de las redes generadas en servicios como twitter o Facebook es más que relevante. En ellos, a diferencia de la blogsfera, el rankismo no es un programa, es una descripción de la realidad.

El resultado ni siquiera aumenta la alfabetización digital. El 70% de los usuarios abandonan en la primera semana y de los que quedan, sólo un 5% genera realmente contenido.

Pero twitter tiene un gran atractivo para los medios: sus propios creadores lo ven y promocionan como un derivado, un complemento más, del show mediático basado en la lógica de la adhesión, una lógica que enlaza al mismo tiempo con el discurso adolescente y anglo de la popularidad y con los intereses de los viejos aparatos políticos.

Una lección de la gripe A

Miren en twitter #gripeA, #gripeporcina o (casi todo en inglés) #H1N1. Busquen argumentos. Busquen críticas. No las hay. Tan sólo un bombardeo de flashes que se apoyan y refuerzan el marco mediático del miedo y la histeria.

Pero una y otra vez, el viejo lema ciberpunk demuestra su verdad: tras toda arquitectura de información se esconde una estructura de poder. Inevitablemente la comunicación fragmentada, centralizada y rankeada de twitter o facebook erosiona la deliberación que convierte a la blogsfera en contrapeso de la agenda pública de los medios.

Antoni Gutiérrez Rubí reflexionaba en su blog:

Hablamos con fragmentos, con citas que podemos recordar y repetir. Nuestra capacidad de reflexión, contraste, debate… puede verse cuestionada por la apología de lo breve (el síndrome de los 140 caracteres tan habitual en la mensajería corta o en Twitter, por ejemplo). Daniel Innerarity habla de que “prima el presente, y las líneas del tiempo apenas contemplan el pasado inmediato, pero casi nada el futuro. Vivimos una época de imperialismo temporal“.

Lo que importa es lo que no cabe en un twit

Interactuar vs participar, deliberar vs adherir, esa es la elección de fondo. Participar del ruido mediático como de una fiesta caleidoscópia sin otro sentido ni final que el que interese al DJ en cada momento, o discutir rumbos, aprender y hackear información y agenda.

Alfabetizar digitalmennte con twitter no es incluir, sino excluir del lugar donde se construyen los discursos. La adhesión, alimentada de súbitos subidones de miedo o entusiamo, es el motor del populismo. La democracia vive en la deliberación. Lo que importa es precisamente lo que no cabe en un twit.

«Lo que Internet debería aprender de la gripe» recibió 0 y desde que se publicó el 3 de agosto de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte

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